Los áticos de Ayuso y el fin de la impunidad
Este no será el primer artículo en el que se recuerde que la frase de Trump, presumiendo de que, si se pusiera a disparar tiros en la Quinta Avenida no perdería ni un solo voto, serviría también para explicar la fidelidad de una parte muy importante del electorado madrileño a Isabel Díaz Ayuso. Probablemente, esa sensación de impunidad es la que le ha llevado a cometer el error que peor justificación tiene a ojos de muchos votantes, también entre los suyos. Y esa es la novedad respecto a episodios anteriores, en los que había y hay como mínimo tantos o más motivos para cuestionar la gestión de la presidenta madrileña.
El ático de 485 metros cuadrados adquirido por el Gobierno regional por 6,3 millones, una operación realizada con toda la opacidad y sobre la que hay sospechas de que en realidad se eligió para ser una vivienda para Ayuso, fue la espita que desató una polémica del todo justificada, por más que ella busque restarle importancia. Primero, por la extraña adquisición del inmueble, pero también por la sucesión de errores posteriores.
Desde ponerlo de nuevo a la venta un día después de que se publicase la noticia en El País (con el inverosímil e improvisado argumento de que se destinará el dinero a la reconstrucción tras los incendios), hasta que su novio, Alberto González Amador, decidiese también vender ahora los dos pisos que comparte con Ayuso. Curiosa coincidencia. Pide el módico precio de 3,3 millones de euros por un piso y un ático que adquirió tras sus presuntos delitos fiscales.
Todavía hoy no se sabe quién y por qué ordenó a la empresa pública Planifica Madrid la compra de un ático que por normativa solo podía utilizarse como vivienda , puesto que ni podía ser una oficina ni tampoco una residencia oficial.
La retahíla de enredos inmobiliarios son aún más lacerantes en un momento en que la vivienda es el principal problema del país. Las imágenes del ático que su Gobierno adquirió a escondidas o el vídeo que la inmobiliaria colgó de uno de los pisos que comparte con Amador, también en el barrio de Chamberí, han circulado más que cualquier declaración de los grupos de la oposición. Si es verdad que una imagen vale más que mil palabras, estas de los pisos han sido una embestida que no hay maniobra de Miguel Ángel Rodríguez que pueda taparla.
La mejor prueba de que no había argumentos para defender el embrollo de los áticos de Ayuso es que ni los medios de comunicación que están siempre a punto para elogiar sus discursos o sus vestidos, esta vez, o bien callaron o le afearon que las explicaciones eran insuficientes. No es mucho, pero es tan poco habitual que sorprendió. Nunca un error propio —y mira que ha cometido— había sido cuestionado por los medios ayusistas, que son mayoría en Madrid.
La cadena de equivocaciones que ha cometido con los áticos solo se explica por creerse intocable. Es casi lógico que lo pensase. Su irresponsable gestión durante la pandemia, lejos de recibir el castigo que merecía en las urnas, fue premiada por unos votantes no menos irresponsables. Es solo un ejemplo. Tampoco el sospechoso enriquecimiento de su pareja en esa etapa ha merecido el escrutinio que sería esperable por parte de muchos medios, a no ser que seas de los que creen que nuestra labor es fiscalizar solo a las administraciones menos afines ideológicamente.
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