Las mujeres de este pequeño pueblo minero han transformado una antigua escombrera en una obra contemporánea tejiéndola a mano

La malla que envuelve el monumento fue trenzada manualmente por las propias vecinas utilizando un material flexible similar a una manguera

Alberto Gómez

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El municipio de Barruelo de Santullán ha vivido durante generaciones bajo la impronta de la extracción del carbón, actividad minera que definió no solo su geografía y su economía local, sino el relato oficial de su historia. Sin embargo, en el terreno de la antigua escombrera de la mina, hoy en pleno proceso de regeneración ambiental, las vecinas de esta pequeña localidad de la provincia de Palencia han logrado dar un giro transformador a esa memoria mediante la creación de “Cuévana”. Y es que se trata de una monumental obra de arte, abierta al público de manera permanente y tejida a mano por las mujeres del pueblo.

Durante décadas, la actividad extractiva en la comarca configuró una identidad social articulada en torno a la figura del minero. Espacios como el Centro de Interpretación de la Minería han custodiado este legado histórico centrándose en el trabajador del subsuelo. No obstante, esta narrativa tradicional dejó en segundo plano las labores invisibles de las mujeres, quienes sostuvieron cotidianamente la comunidad mediante gestos de cuidado y preservación. Para responder a este olvido, las barruelanas han erigido un monumento vivo que devuelve el protagonismo a la mujer.

El punto de partida conceptual fue una antigua fotografía de una vecina portando un cuévano, el cesto tradicional empleado para transportar carbón y enseres domésticos. Al carecer la palabra de género femenino en el vocabulario, el colectivo y las participantes crearon el término cuévana para otorgar una identidad propia a la propuesta. La obra toma como referencia teórica el ensayo de Ursula K. Le Guin sobre la bolsa de ficción, planteando la narrativa como un recipiente capaz de recolectar vivencias de cuidado que habían sido omitidas del relato oficial del pueblo palentino.

La muestra reúne un archivo fotográfico histórico combinado con imágenes contemporáneas

La pieza artística consiste en una gran estructura circular por la que es posible transitar interiormente, levantada sobre un armazón de hierro recubierto por un tejido negro. La malla que envuelve el monumento fue trenzada manualmente por las propias vecinas utilizando un material flexible similar a una manguera, en un laborioso proceso colectivo. La instalación se sitúa sobre la antigua escombrera, un paraje cuya transformación amenazaba con borrar la memoria del lugar. Durante la jornada inaugural, la obra se presentó iluminada desde su interior al caer la tarde.

En el interior habitable de “Cuévana” se despliega un recorrido expositivo estructurado en estratos que aluden a las capas geológicas de las galerías subterráneas. La muestra reúne un archivo fotográfico histórico combinado con imágenes contemporáneas que retratan las manos y los oficios de las mujeres actuales de Barruelo. Cada uno de los estratos aborda una dimensión fundamental de la presencia femenina en la comarca: el trabajo, los cuidados, la memoria cultural y la postura política. De este modo, objetos y fotos ofrecen un relato plural.

El proceso de creación colectiva se extendió durante un año y medio en el marco de Secuelas Energéticas, una iniciativa promovida por la organización Concomitentes. Bajo la mediación de Alfredo Escapa, el grupo de mujeres locales actuó como comitente activo de la obra, participando en cada fase del diseño y de la ejecución junto al equipo de Todo por la Praxis. Algunas vecinas subrayaron la necesidad imperiosa de revalorizar a la mujer en una comarca donde nunca había tenido reconocimiento. La pieza nace con la vocación de ser un espacio comunitario vivo para conversar.

Arte vs secuelas

Esta intervención artística se integra en el proyecto europeo Art Living Lab to Repair the Land, financiado por el programa Europa Creativa de la Unión Europea. La iniciativa se desarrolla simultáneamente en tres territorios marcados por heridas industriales: Barruelo de Santullán frente al cierre minero, Wietstock en Alemania ante el impacto de la agricultura intensiva, y Šibenik en Croacia respecto a la industria química y eléctrica. En todos estos casos, las comunidades colaboran con creadores para reparar desde el arte las secuelas dejadas por los modelos industriales.

La metodología empleada sigue un protocolo creado en 1990 por François Hers y promovido en España por Concomitentes con apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso. Este modelo permite encargar obras de arte contemporáneo adaptadas a las necesidades reales del entorno. La inauguración oficial comenzó con una caminata desde el centro minero hasta la escombrera. Hoy, “Cuévana” permanece en Barruelo como un testimonio tejido a mano que transforma residuos industriales en dignidad.

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