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Opinión - 'Mamdani y Elif Eralp, el triunfo de la esperanza', por Neus Tomàs

Mamdani y Elif Eralp, el triunfo de la esperanza

Zohran Mamdani junto a Donald Trump, durante una rueda de prensa este lunes, en la Mansión Gracie en Nueva York
22 de septiembre de 2026 22:08 h

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De todas las frases que el alcalde de Nueva York, Zorhan Mamdani, pronunció tras ganar las elecciones, hubo una que resumió el espíritu de su campaña y por qué logró obtener más de un millón de votos: “La esperanza sigue viva”.

Menos de un año después, Elif Eralp, una admiradora suya, ha logrado imponerse en Berlín. Ahora debe forjar una coalición con Los Verdes y el SPD para poder gobernar. La ciudad alemana será un bastión frente a la extrema derecha, como otras grandes capitales, desde Roma a París, Londres o Barcelona. La excepción es Madrid, en manos de una derecha con unas formas y un programa intercambiables con el de la extrema derecha.

Ambos, Mamdani y Eralp, cuya personalidad va más allá de las siglas de sus partidos, han sido capaces de transmitir ilusión en las formas, con campañas modernas, y en los mensajes, sin temor a ser tildados de radicales por referirse a “la clase trabajadora” o prometer medidas que sí son ambiciosas para frenar la crisis de vivienda.

En Nueva York se va a congelar, a partir del próximo octubre, el alquiler de un millón de apartamentos. Por su parte, la candidata de Die Linke ha abierto la puerta a la expropiación de más de 200.000 viviendas en manos de fondos privados. El tiempo dirá si las medidas son efectivas, pero al menos intentan romper con la percepción de que hay poco que hacer por falta de competencias o de convicción.

Además, los dos son políticos que han entendido algo que en España parece que ni el PSOE ni los que se sitúan a su izquierda acaban de comprender: una cosa es que la extrema derecha sea un peligro (que lo es) y otra es pensar que solo con el discurso del miedo basta para retener a los votantes. En el pasado funcionó, pero ya no es así.

Tampoco la condescendencia es una fórmula que sirva para retener al electorado y evitar que se vaya a la abstención o cambie de papeleta. Es algo que el propio Mamdani subrayó también en ese primer discurso como ganador. El trato paternalista, la simpleza de que cada vez más electores “votan mal” o minimizar los errores propios también pasan factura.

En la entrevista que concedió recientemente a El País, el alcalde de Nueva York citaba unas prioridades que serían replicables en otras ciudades. Una de sus iniciativas estrella, los supermercados públicos que ahora el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, quiere copiar, es de las más llamativas. No solo el bolsillo explica el avance de la extrema derecha, pero sin atender a las conversaciones diarias de la calle, donde preocupa más la cesta de la compra que las instrucciones judiciales controvertidas, tampoco se entiende por qué las perspectivas electorales en España son las que son.

Otra de las promesas de Mamdani es mejorar el transporte público. Aquí, solo hace falta intentar moverse en Rodalies para que se entienda que el enfado de sus usuarios, que no se resuelve con mensajes del ministro del ramo en X, está más que justificado.

La extrema derecha española no es distinta de la del resto. Se alimenta de propagar el racismo y alimentar una imagen nostálgica de un país que solo existe en su imaginario sepia. A su favor juega una derecha que le copia medidas y que le ha dado entrada en las instituciones.

Hoy en España no ha emergido aún una nueva figura que sea parecida a Mamdani o a Eralp. Alguien que contrarreste con aire fresco el vendaval reaccionario, que hable de manera desacomplejada de seguridad o calidad de vida sin emular las recetas de la derecha, pero sin entregarles esas banderas ni embarrar más el debate público. Un discurso que permita pasar de lo antiguo a lo nuevo, en expresión del alcalde de Nueva York.

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