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Todos los domingos, en el boletín ‘Política para supervivientes’, algunas de las historias de política nacional que han ocurrido en la semana con las dosis mínimas de autoplagio. Y otros asuntos más de importancia discutible.

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Jóvenes marroquíes regresan a su país en el paso fronterizo de Bab Sebta el viernes.

Iñigo Sáenz de Ugarte

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¿Cuántas invasiones han durado 24 horas a lo largo de la historia? Desde luego, no muchas. La de Napoleón en España duró más tiempo. Pero ese es el lenguaje que han utilizado periódicos y políticos para definir lo ocurrido esta semana en Ceuta. Un acontecimiento de la máxima gravedad –eso no lo puede dudar nadie–, pero que ha sido utilizado por gobiernos europeos de derecha y extrema derecha para lanzarse contra España por la regularización de los inmigrantes sin papeles. Ese es el origen de la crisis diplomática y no las imágenes que han circulado por todo el continente. El cerco a Pedro Sánchez se ha estrechado y el Gobierno español deberá tenerlo en cuenta. De momento, Sánchez les ha respondido con una carta para dejarles claro que no se va a rendir.

En la tarde del viernes, el número de marroquíes que habían cruzado de vuelta a su país se acercaba a la cifra de las 50.000 llegadas estimadas por el Ministerio de Interior. Algunos decían que se sentían engañados. Creían que una reciente sentencia del Tribunal Supremo impedía al Gobierno repatriar a todos aquellos que llegaran nadando por el agua. No tenían nada que comer ni un sitio del que guarecerse del sol. Para muchos, terminó siendo un viaje sin retorno. La verdadera tragedia no se produjo en Ceuta, sino en el mar. 67 de ellos murieron ahogados.

Un italiano decía en Twitter: “Sánchez ha repatriado más gente en un día que el Gobierno italiano en cuatro años”. Tampoco es del todo correcto en la medida en que no hubo que expulsarlos, aunque la policía se ocupó de presionarles para indicarles el camino de salida. Lo que sí es un hecho es que el número de llegadas por mar a Italia sigue estando por encima de los que llegan a España por la misma vía, como lo ha estado en los últimos años. Pedro Sánchez se lo recordó a Giorgia Meloni con las cifras de Frontex de llegadas por mar entre 2021 y 2026. Por Italia: 478.600. Por los Balcanes: 340.600. Por Grecia: 259.800. Por España: 234.760.

Existen otras paradojas. Hace un año, el Gobierno italiano anunció que concedería 500.000 nuevos visados de trabajo para el periodo 2026-2028 para atender las necesidades de la economía del país. No fue la primera medida de este tipo. Al poco de llegar al poder, anunció 450.000 permisos de trabajo para el periodo 2023-2025. A pesar de toda su retórica xenófoba, Meloni y su Gobierno de coalición saben que la industria, la construcción y la agricultura italianas necesitan esa mano de obra.

Como escribí el sábado, Meloni siente ya la presión de un nuevo rival político que compite por los mismos votantes. El general retirado Roberto Vannacci no para de crecer en los sondeos con su nuevo partido, Futuro Nazionale, fundado hace solo cinco meses. Su mensaje xenófobo contra la inmigración, aún más radical que el de Meloni, le ha permitido llegar al 7,6%, según la última encuesta de YouTrend, por encima de la Liga de Salvini, y casi a la altura de Forza Italia.

La histeria provocada en varias capitales europeas es obviamente interesada. Ursula von der Leyen no hizo ningún gesto de apoyo a España. Más bien, al contrario. El Partido Popular Europeo ha visto esta crisis como una oportunidad de debilitar a Sánchez por su regularización de inmigrantes o de acabar con él siguiendo las instrucciones del partido de Feijóo. Su presidente, Manfred Weber, se refirió al efecto llamada en un mensaje idéntico a los que suele ofrecer el PP. 

Periodistas de The New York Times informaron de que habían hablado con varios de los jóvenes que pasaron a Ceuta. Les contaron que policías marroquíes les habían animado a pasar al otro lado. Quizá cumplían órdenes de arriba o se habían visto desbordados y no querían meterse en problemas. Las cámaras de TVE en la frontera mostraron a media mañana del viernes que la policía marroquí estaba impidiendo que grupos numerosos de personas pasaran al otro lado. Fue cuando se movilizaron los efectivos policiales a ambos lados de la frontera y el flujo se redujo a casi cero.

Un grupo de inmigrantes llega a la playa junto al paso fronterizo del Tarajal en Ceuta en la mañana del 31 de julio.

El Gobierno español ha superado esta crisis con gran rapidez, pero hay un hecho que no se puede obviar. La estrategia adoptada por Sánchez desde 2021 con Marruecos ha fracasado. Ese año, se produjeron incidentes similares en Ceuta, aunque con una cifra de personas implicadas mucho menor. A partir de ese momento, el Gobierno adoptó una posición favorable a las reivindicaciones marroquíes sobre el Sahara con el rechazo de sus socios de izquierda. El PSOE se quedó solo en el Congreso cuando Albares defendió que la autonomía dentro de Marruecos era la opción “más seria, creíble y realista” de resolver el conflicto. 

En la crisis actual, el Gobierno ha hecho lo posible para no perjudicar más las relaciones con Rabat. Eso suena razonable, pero hay límites que no se pueden sobrepasar. Marlaska dijo el sábado que Marruecos es “un socio absolutamente fiable”, lo que está tan lejos de la realidad que resta credibilidad a todo lo que tenga que decir el ministro. Sánchez no quiso hacer ningún comentario crítico sobre ese Gobierno y se limitó a culpar a “las mafias”, que ya sabemos que sirven como argumento para salir del paso, sea o no cierto.

Las relaciones de España con Marruecos y Argelia son un juego complicado de suma cero. El apoyo a las tesis de Rabat hizo que Argelia pusiera fin a su colaboración con España. Ahora hay motivos para sospechar, aunque se niegue oficialmente, que el viaje de Sánchez a Argel y los acuerdos alcanzados han provocado la respuesta marroquí que hemos visto en Ceuta. 

Sánchez obtuvo cinco años de apoyo marroquí en la gestión de la frontera, pero nada a cuenta del Sahara. Hace cinco años, escribí que Marruecos no es un país amigo de España, contra lo que se ven obligados a afirmar los gobiernos tanto del PSOE como del PP, sino un vecino incómodo y a veces hostil que siempre va a estar ahí. La geografía es un factor inalterable en las relaciones internacionales y crea sus propias realidades. 

De la misma forma que EEUU no puede ignorar desde hace un siglo que tiene a México al sur, a España le ocurre lo mismo con el vecino marroquí. Con una diferencia. La situación de Ceuta y Melilla condiciona por completo la respuesta española a cualquier acontecimiento que se produzca en Marruecos. Ahora hay mucha gente en la derecha y en la izquierda que sostiene que hay que ponerse duros con la monarquía alauita. La realidad, guste o no, es que la obligación de cualquier Gobierno español debe ser defender la integridad territorial del país y los derechos de ceutíes y melillenses. Entrar en un guerra política con Rabat no ayuda nada en el cumplimiento de esos objetivos.

La Virgen de los Áticos busca piso

Anuncio de la venta del piso de Amador y Ayuso en una inmobiliaria.

Ceuta ha sacado de los titulares, no de todos, la última hazaña inmobiliaria de Isabel Díaz Ayuso. Por resumir, su Gobierno compró en secreto hace tres meses un ático de lujo supuestamente para que sirviera de lugar de trabajo durante unas obras en la sede de la Presidencia de Madrid de las que no se ha licitado nada. Fernando Peinado, de El País, lo contó hace unos días. Ayuso respondió haciéndose la víctima una vez más. Todo era una campaña contra ella. Los medios de la derecha no le dieron mucha importancia al principio, pero muy pronto algunos de sus periodistas afirmaron en Twitter que las explicaciones eran inexistentes y que la versión oficial tenía demasiados agujeros. Hasta el ABC le dedicó un editorial muy crítico.

El PP intentó inicialmente no mancharse mucho en una historia que olía mal. Pero Miguel Tellado dio su visto bueno cuando le preguntaron: “Tiene todo el sentido que se habilite ese lugar”. En realidad, era al revés. No tenía sentido, porque el ático, que podría alcanzar un precio en el mercado cercano a los seis millones, está en un edificio residencial que no puede utilizarse como oficina. Tampoco como lugar de trabajo a menos que alguien viva allí. 

Algunas de las explicaciones oficiales son hasta cómicas. Decían que se iba a utilizar solo temporalmente para reuniones. Como si no hubiera salas de reuniones en los edificios oficiales de la Comunidad. Luego que se usaría para que Ayuso recibiera a presidentes o jefes de Gobierno que visitan Madrid. Lo mismo, como si las consejerías no tuvieran salas o despachos para realizar esa función.

La presión aumentó y Ayuso optó por una salida a la desesperada. Anunció que el piso se venderá junto a otros edificios de propiedad pública y que el dinero conseguido se utilizará en las zonas castigadas por los incendios recientes. Eso también puede ser ilegal. El piso lo ha comprado una empresa pública llamada Planifica Madrid (por cierto, su presidente es Miguel Ángel García Martín, consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno) y sus recursos no se pueden enviar a partidas de gasto corriente o extraordinario de las consejerías. 

Parece que la última ola de calor ha reblandecido el cerebro de Miguel Ángel Rodríguez, experto en soluciones de última hora para acallar polémicas o crear otras. Otra idea fue subir a Ayuso a un helicóptero para que examinara los daños de los incendios. Que se le viera muy preocupada cuando todos estaban pensando que lo que le importaba era conseguir un piso y que lo pagaran los contribuyentes. 

De repente, la sorpresa. Se encuentra en un portal inmobiliario la prueba con fotos de que Ayuso y su novio, el comisionista González Amador, han puesto a la venta por 1,7 millones el piso en el que viven, ese que se compró después de hacer una declaración de la renta un poco incompleta. No se vayan que aún hay más. También sale a la venta por 1,6 millones el ático en la planta superior que Amador compró a un amigo. 

Sé que muchos creen que esto es un caso de fuego amigo promovido por alguien en el PP. Como las cremas de Cifuentes. No hay prisa en apuntarse a conspiraciones cuando no hay pruebas. Lo que es indudable es que esta vez le han pillado a Ayuso. Ahora la gracia está en pensar dónde pretende vivir ahora. Lo del ático pagado por todos ha salido mal. Rodríguez se está pensando ahora en si pueden ganar votos enviándola a vivir a la catedral de la Almudena. Seguro que encuentran alguna cripta en buen estado en la que no entre la luz del sol.

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