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Moreno instala la crisis de Ceuta en el Parlamento andaluz para atizar a Sánchez y la izquierda le pide cuentas por el pacto con Vox

Juanma Moreno, en su escaño, junto a su vicepresidente primero y líder de Vox, Manuel Gavira, y su vicepresidente segundo, Antonio Sanz.

Daniel Cela

Sevilla —
16 de septiembre de 2026 20:38 h

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La primera sesión de control al nuevo Gobierno de Juanma Moreno, tras las elecciones andaluzas del 17 de mayo, no vislumbra el comienzo de una legislatura de cuatro años, sino los últimos coletazos de un mandato, el de Pedro Sánchez.

La oposición de izquierdas quiere que el Parlamento andaluz ejerza sus funciones estatutarias, es decir, que fiscalice al Ejecutivo de Moreno y le obligue a rendir cuentas por el pacto suscrito con Vox hace tres meses (firmado diez minutos antes de su investidura). Pero el presidente, despojado ya de su mayoría absoluta, ha regresado de las vacaciones con más ganas de hablar de Ceuta, donde reconoce la tumba del sanchismo, que de Andalucía. “El pacto con Vox es buenísimo”, mascullan en su entorno, vaticinando una legislatura “con muchas reformas legislativas” en este mandato, porque juntos suman una amplísima mayoría.

“Ceuta es una extensión de Andalucía, y como comunidad hermana no vamos a dejar que suceda lo que está sucediendo allí. Vamos a hablar muchas veces de Ceuta aquí, éste va a ser su Parlamento, porque somos hermanos”, ha proclamado el dirigente popular desde la tribuna, aplaudido desde el escaño contiguo por su vicepresidente primero y líder regional de Vox, Manuel Gavira. Pero hablar de Ceuta también es hablar de inmigración, un terreno propicio para la ultraderecha que hoy el PP de Moreno ya no puede eludir.

Sólo han pasado tres meses desde que se constituyó el Parlamento andaluz. Todavía es complicado ver cómo los diputados de PP y Vox (juntos suman dos tercios de la Cámara) trabajan al unísono, se lanzan elogios, se felicitan y se cuidan mucho de no dañar un matrimonio de convivencia que aspiran a perpetuar cuatro años, y a extender al conjunto del país tras las elecciones generales. Su espacio de confort es la crítica descarnada al PSOE y a Pedro Sánchez, a quien llaman “traidor” y “sinvergüenza”.

Moreno ha ofrecido este miércoles el Parlamento andaluz como “una extensión” de la Asamblea de Ceuta, aunque allí el presidente popular, Juan Jesús Vivas, dejó fuera de su gobierno a la ultraderecha, consciente de que el 45% de su población es musulmana, y convive históricamente con cristianos, judíos e hindúes. De modo que es una “extensión” rara, porque el socio del PP en el Parlamento andaluz habla despectivamente de “moros”, desprecia la “fiesta del cordero”, denuncia la “islamización” de sus barrios, y acaba de firmar un acuerdo para suprimir el programa educativo de cultura y lengua árabe, que imparten 1.800 alumnos en Andalucía.

El debate ceutí en el Parlamento andaluz, por tanto, se ha centrado en los errores de gestión del Gobierno de Sánchez ante la entrada irregular de 80.000 inmigrantes a finales de agosto. El PP está convencido, esta vez sí, de que esta crisis se lleva por delante al presidente más vilipendiado por los suyos. “Los ciudadanos no van a tragar con esto. Esta crisis es transversal”, ha subrayado el presidente en su cara a cara con la jefa de la oposición, la exvicepresidenta y líder del PSOE-A, María Jesús Montero. También entre los alcaldes socialistas hay quien piensa de esta manera: “Lo de Ceuta ha atravesado la barrera ideológica, es muy fuerte”, admiten.

El problema de hablar de Ceuta en el Parlamento andaluz es que arrastra consigo un debate sobre inmigración, un marco mental donde Vox se hace fuerte y donde Moreno siempre se ha movido con pies de equilibrista. El dirigente popular viene de una mayoría absoluta que le permitía afear a los de Santiago Abascal la criminalización sistemática que hacían de la población extranjera, incluido niños. “Me quita el sueño el ideario de Vox”, dejó dicho hace apenas tres meses.

El propio pacto de Gobierno suscrito con la ultraderecha reproduce ese malabarismo dialéctico: en la misma frase un rechazo rotundo a la acogida de menores extranjeros no acompañados -“No más MENAS”- y un recordatorio explícito de que Andalucía siempre cumplirá con “la legalidad vigente”.

El acogimiento de menores en Andalucía

¿Qué hay de la legalidad vigente en la crisis migratoria de Ceuta, donde aún se contabilizan unos 3.000 menores migrantes? El Ministerio de Infancia ha propuesto el traslado provisional de esos niños a la península mientras se tramitan sus expedientes, bien a través de convenios bilaterales entre el Gobierno ceutí de Juan Jesús Vivas (PP) y otras comunidades, bien a través de acuerdos con ONG. El Ejecutivo de Moreno no necesita ningún acuerdo de colaboración con Vivas, porque ya tiene firmado un convenio desde 2021 -renovado en 2024- para ayudar a la descongestión de menores en la ciudad autónoma en caso de “contingencia migratoria”.

Pero ni Vivas ha invocado ese convenio ni Moreno se lo ha ofrecido. Hasta ahora, ninguno de los dos gobiernos populares ha explicado públicamente por qué no han explotado esa fórmula -ya usada en el pasado- como muestra de ese “hermanamiento” entre Andalucía y Ceuta. Fuentes próximas al presidente de la Junta explican que “si Ceuta manda aquí a esos menores, en tres meses tiene a 200.000 allí, porque el efecto llamada es brutal”.

Moreno ya había usado la expresión “efecto llamada” -repetida hasta la saciedad en el Parlamento, pero hasta ahora sólo por Vox- para referirse a la crisis migratoria de Ceuta, pero en referencia a los adultos. “Si los ciudadanos migrantes, esas personas que han cruzado la frontera de manera irregular consiguen su objetivo de pasar a la Europa continental, evidentemente el efecto llamada será enorme. Por tanto, tendremos una nueva sacudida en la frontera de Ceuta y probablemente otra invasión”, dijo el pasado 7 de septiembre en Madrid, durante un desayuno informativo de Vivas.

Algo así ha repetido este miércoles en la Cámara. “La Comisión Europea ha advertido que esos migrantes no pueden pisar suelo continental, porque se activa el espacio Schengen”, ha asegurado, para denunciar la “soledad” de Pedro Sánchez en política migratoria frente a la mayoría de miembros de la Unión Europea.

En realidad, la propia legislación española y comunitaria desglosa el tratamiento de la población inmigrante en suelo europeo, sus derechos y obligaciones, distinguiendo entre adultos y menores. Y entre aquellos que tienen derecho a asilo y los que no. No caben todos en la afirmación del presidente Moreno, como tampoco caben en el anuncio que hicieron los ministros de Interior y de Exteriores -Fernando Grande Marlaska y José Manuel Albares- cuando aseguraron que todos volverían por donde habían entrado. Cosas del Estado de derecho.

Pero en una sesión de control no hay duelos con florete, ahí se matan moscas a cañonazos. La realidad es que el Parlamento andaluz es una representación de bloques -izquierdas contra derechas- donde la mayoría conservadora consigue pronunciar más críticas por minuto contra Pedro Sánchez que contra Juanma Moreno.

PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía le han exigido hoy al presidente de la Junta que rinda cuentas por su gestión, que explique, para empezar, los detalles del acuerdo de Gobierno suscrito con Vox, con 150 medidas que aún no han sido fiscalizadas por este Parlamento. La semana pasada, las izquierdas en bloque rescataron un artículo en desuso del reglamento de la Cámara para vetar un debate propuesto por el PP sobre la crisis de Ceuta, donde los de Moreno colaron una durísima e indisimulada censura a Sánchez.

Pese a todo, la legislatura andaluza ha empezado hablando de Ceuta. “Han dejado colgada a una ciudad española y sus ciudadanos. Una ciudad de 80.000 habitantes le tiene que dar respuesta a una invasión, claramente una invasión”, ha planteado Moreno, desde la indignación. El presidente andaluz se ha cuidado mucho de no cargar las palabras contra los menores ni contra la población inmigrante. Ese papel lo ha representado, como venía haciéndolo antes de las autonómicas, el portavoz de Vox, que ha llegado a hablar de “esas niñas y niños que están siendo violados” por inmigrantes.

La Cámara discurre en dos pistas, las derechas a un lado; las izquierdas al otro. Así será hasta las elecciones municipales y generales de 2027. El equipo de Moreno no cree que Sánchez pase del mes de marzo. El diputado Javier Cortés, nuevo portavoz parlamentario de Vox, le ha dicho al presidente que hoy conforman juntos “un frente común contra el Gobierno traidor”.

El dirigente popular ha hecho como si no le oyera, tampoco le ha bailado el agua al discurso xenófobo que ha soltado para hablar de Ceuta. Moreno está encapsulado hacia adentro, plegado hacia lo institucional, como si el ideario ultra de sus socios fuera un zumbido molesto dentro del Consejo de Gobierno. “El Gobierno de Juanma Moreno tenía un corazón así de grande, pero el Gobierno de Juan Manolo Moreno tiene un corazón francamente pequeño. Rinda cuentas a Andalucía”, le ha espetado Montero, enfrentándole una y otra vez a sus contradicciones, antes y después de pactar con Vox.

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