Ni eran rectas, ni todas llevaban a Roma: el nuevo descubrimiento sobre las calzadas romanas

Durante siglos, las calzadas romanas se han asociado a una imagen muy concreta, vías infinitas y perfectamente rectas que conectaban cada rincón del Imperio con Roma. Sin embargo, un nuevo estudio internacional ofrece una visión mucho más compleja de aquella red de transportes tras analizar cerca de 300.000 kilómetros de antiguas carreteras. 

Una red más compleja de lo que parece 

El trabajo, publicado en Nature Communications, utiliza datos de The Digital Atlas of Ancient Roads, una base de datos digital que reconstruye las vías de la época romana. Investigadores de la Universidad de Aarhus y la Universidad Queen Mary de Londres aplicaron análisis de redes para determinar qué lugares tenían mayor importancia en el sistema y cómo se articulaban las ciudades y rutas del Imperio. 

Una de las principales conclusiones desmonta el mito de las carreteras perfectamente rectas. Si bien los ingenieros buscaban el recorrido más directo cuando era posible, las montañas, ríos, valles y asentamientos obligaban a modificar los trazados. Por lo tanto, para superar estos obstáculos, recurrieron a soluciones avanzadas como la excavación en roca, muros de contención, terrazas y puentes. 

Por otro lado, el estudio cuestiona el famoso dicho de que “todos los caminos llevan a Roma”. El análisis muestra que la capital no era necesariamente el centro de absolutamente todos los desplazamientos terrestres. En su lugar, las capitales de provincia desempeñaban un papel clave para conectar territorios entre sí, mientras que Constantinopla adquirió una relevancia aún mayor que la propia Roma en la movilidad del Imperio. 

Las ciudades que articulaban el territorio 

A su vez, los resultados sugieren que las calzadas no se construían solo para unir dos puntos concretos o favorecer a una ciudad en particular. La alta conectividad de las capitales provinciales refleja una planificación que articulaba regiones enteras, facilitaba la administración y dinamizaba el comercio. 

Además, los investigadores compararon esta infraestructura con las carreteras actuales y descubrieron que, casi dos milenios después, aún existe una coincidencia sorprendente en muchos trazados. 

Una huella que llega hasta nuestros días 

Para llegar a estas conclusiones, el equipo enfrentó el reto de trabajar con un registro incompleto, ya que la información arqueológica varía significativamente según la región.

Aun así, el estudio demuestra que las calzadas fueron determinantes para la circulación de mercancías, personas, conocimientos y culturas a lo largo de miles de kilómetros. 

Esa huella sigue presente en el paisaje europeo. Aunque la red moderna responde a tecnologías y necesidades distintas, muchos corredores actuales continúan utilizando los mismos pasos geográficos que eligieron los romanos.