¿Puede la restauración del Gigante de Cerne Abbas, famoso por su enorme pene, frenar el daño que causan el clima y la erosión?

Héctor Farrés

4 de junio de 2026 15:11 h

La exageración suele ser la herramienta más usada cuando una cultura imagina seres descomunales. Los gigantes acostumbran a representarse con cuerpos desproporcionados que dominan el paisaje, porque su tamaño sirve para transmitir fuerza, amenaza o poder. Esa imagen aparece en relatos mitológicos, leyendas y obras artísticas donde la diferencia física marca una separación clara respecto a las personas corrientes.

También es frecuente que aparezcan con rasgos físicos exagerados para remarcar su diferencia respecto al resto de la comunidad. Esa forma de representación ha alimentado durante siglos historias que siguen despertando curiosidad sobre figuras colosales grabadas en la memoria de numerosos pueblos.

Una datación situó la creación entre los años 700 y 1100

Un gigante muy distinto sigue ocupando una colina de Dorset. Según informa PA Media, el Cerne Abbas Giant está recibiendo una restauración de gran alcance con 17 toneladas de tiza nueva, un trabajo que normalmente se realiza cada siete o diez años pero que se ha adelantado por el deterioro acelerado de la figura. El National Trust, responsable del lugar desde hace más de un siglo, considera necesario intervenir con mayor rapidez para evitar que el dibujo pierda definición sobre la ladera.

La renovación moviliza a decenas de personas durante varias semanas. AFP recoge que centenares de voluntarios participan en distintas fases del proyecto y llegan desde lugares muy diversos, incluidos otros países. La figura, de 55 metros de altura y un llamativo pene erecto de 10 metros, fue restaurada por última vez en 2019 y vuelve a necesitar atención porque la tiza desaparece con mayor rapidez. El calendario de este año también ha tenido que adaptarse a episodios de calor poco habituales para el mes de mayo y a previsiones de lluvia que pueden retrasar los trabajos.

El origen del gigante continúa siendo uno de los grandes enigmas del sur de Inglaterra. Aunque los registros locales lo sitúan por primera vez en el siglo XVII, una investigación difundida por el National Trust en 2021 concluyó mediante datación por carbono que la figura fue creada entre los años 700 y 1100. Esa cronología la relaciona con el periodo anglosajón tardío, aunque todavía no existe una explicación definitiva sobre quién la construyó ni con qué propósito. Algunas teorías la interpretan como un símbolo de fertilidad, mientras otras la relacionan con Hércules.

Esa incertidumbre histórica también explica la importancia de proteger el entorno. Hace pocos meses, el National Trust consiguió adquirir más de 130 hectáreas alrededor del gigante gracias a una campaña que reunió 330.000 libras y que contó con el apoyo público de Stephen Fry. El terreno posee interés arqueológico y ambiental, por lo que la compra permitirá estudiar mejor la zona y conservar especies presentes en este espacio protegido. Entre ellas figura la mariposa Duke of Burgundy, una de las especies que se pretende preservar mediante esta ampliación.

El mantenimiento sigue varias fases antes del aporte calcáreo

Los trabajos de restauración siguen una secuencia muy precisa. El proceso comienza con el pastoreo de ganado en Giant Hill para reducir la vegetación que rodea el dibujo. Después se retira la capa antigua de tiza y los equipos vuelven a definir los contornos con palas. Solo entonces empieza la aplicación del nuevo material. La ladera presenta una pendiente cercana a una relación de uno a tres, una característica que obliga a compactar la tiza manualmente para reducir daños provocados por el agua, las malas hierbas o las algas.

El cambio climático ha alterado las condiciones que rodean esta tarea. Luke Dawson, guarda responsable del National Trust en West Dorset y Cranborne Chase, explicó que la figura se cubre de vegetación con mayor rapidez y pierde intensidad visual con más frecuencia.

Al hablar de los problemas recientes, añadió que “la erosión se debió en parte a aquella lluvia de septiembre”. Esa referencia apunta a 2019, cuando unas precipitaciones intensas arrastraron la tiza pocos días después de haber sido colocada. La situación se complica por el crecimiento de algas favorecido por veranos más húmedos.

La representante de conservación patrimonial Liz Flight también relacionó el desgaste con las condiciones meteorológicas. Flight señaló que las lluvias invernales más fuertes eliminan parte de la tiza y que las olas de calor favorecen la expansión de algas y maleza.

Para responder a ese problema, el National Trust ha trasladado la restauración a mayo y está probando una técnica nueva. El método consiste en mezclar la tiza con agua hasta obtener una consistencia parecida al yeso, una solución que podría ayudar a que el dibujo resista mejor sobre la colina.