Ruta por los escenarios de esta ciudad barcelonesa donde han rodado Berlanga, Villaronga, Shakira o Liam Neeson
La ciudad de Manresa se ha consolidado como un gran plató de cine, series o publicidad gracias a su impresionante versatilidad para transformarse en cualquier escenario imaginable. Se trata de una localidad que ofrece una riqueza histórica que atrae a las producciones más ambiciosas del panorama audiovisual actual. De hecho, desde el año 2011, la Manresa Film Office trabaja incansablemente para facilitar los rodajes y atraer proyectos que han dejado un impacto económico millonario, para que la capital del Bages luzca sus mejores galas ante las cámaras del mundo. El crecimiento ha sido exponencial, pasando de apenas seis producciones anuales a batir récords constantes de actividad cinematográfica en sus calles.
La autenticidad de sus rincones permite que la ciudad interprete a otras localidades con una facilidad que muy pocos lugares pueden igualar hoy. Así, el patrimonio local se convierte en un activo económico que dinamiza la hostelería, los servicios y el empleo de todos los manresanos. Este viaje por los escenarios de la ciudad nos revela por qué los directores se enamoran de esta joya barcelonesa, un idilio de la ciudad con el cine que comenzó oficialmente en 1961, cuando el genio Luis García Berlanga eligió sus calles para rodar Plácido. Esta obra maestra del cine español, una sátira mordaz sobre la hipocresía social, convirtió a Manresa en una ciudad de provincias de la época. Localizaciones como la plaza de Sant Domènec, la calle del Born y el Casino de Manresa son perfectamente identificables en el metraje.
El rodaje fue un acontecimiento histórico para los vecinos, quienes participaron masivamente como extras y figurantes cobrando apenas unas pesetas. Incluso la banda municipal tuvo su protagonismo en una producción que acabaría siendo nominada al Oscar de la Academia. El famoso motocarro de la película, símbolo de la España del desarrollismo, recorrió las angostas vías del centro histórico bajo la atenta mirada del director. Berlanga buscaba un realismo que solo esta localidad supo ofrecerle, marcando el inicio de una tradición fílmica que aún perdura. La película no solo triunfó en las salas, sino que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de los ciudadanos. Hoy en día, recorrer estos mismos escenarios permite revivir la grisura y la ironía que el genial director plasmó con su cámara.
Décadas después de Berlanga, el recordado Agustí Villaronga regresó al casco antiguo para dotar de alma a su premiada película Pa negre. La arquitectura tradicional de la plaza Major y el entorno de la calle del Born sirvieron para retratar la dura posguerra catalana. El aire medieval de Manresa es un imán para dramas históricos, como demuestra el uso del Carrer del Balç para ambientar la serie La catedral del mar. Este callejón del siglo XIV funciona como un túnel del tiempo que transporta al espectador directamente a la Barcelona de la Edad Media. Incluso producciones internacionales de la talla de El Perfume: Historia de un asesino aprovecharon la majestuosidad de La Seu para sus interiores góticos. La Basílica de Santa María ofrece una atmósfera de introspección que muy pocos platós construidos pueden replicar. No son solo las piedras, sino la luz y la textura de estos espacios lo que atrae a los directores más detallistas.
La proyección internacional alcanzó uno de sus puntos álgidos con la llegada de la estrella de Hollywood Liam Neeson para el rodaje de Marlowe. Bajo las órdenes de Neil Jordan, la ciudad se transformó por unos días en los vibrantes Los Ángeles de principios del siglo XX. El mítico restaurante Miami, situado en la calle Jaume I, fue reconvertido en una licorería clásica rodeada de coches de época y figurantes. La presencia de Neeson, interpretando al detective Philip Marlowe, generó una expectación sin precedentes entre los vecinos que colapsaron las zonas aledañas. Este rodaje no solo trajo prestigio, sino que demostró la capacidad logística de la ciudad para albergar grandes producciones de alto presupuesto. Los cortes de tráfico y las modificaciones en el transporte público fueron aceptados con entusiasmo por una ciudadanía orgullosa de su faceta artística.
No solo de largometrajes vive la ciudad, pues la música también ha encontrado en Manresa un aliado visual inigualable, destacando el fenómeno de Shakira. El videoclip de su tema Monotonía, grabado junto a Ozuna, se ha convertido en la producción de mayor impacto mediático en la historia local. Con más de 352 millones de visualizaciones, las imágenes del rodaje en el centro urbano dieron la vuelta al planeta en apenas unos días. La expectación fue máxima y puso de manifiesto que Manresa es capaz de atraer a las mayores celebridades del pop actual. Pero no es un caso aislado, ya que marcas de lujo han elegido el nuevo Museu del Barroc para sus campañas publicitarias. El sector de la publicidad y los videoclips reporta beneficios constantes y rápidos.
Espacios como el Parc de l’Agulla también han servido para secuencias juveniles en series como Merlí: Sapere Aude o espots de televisión. Esta diversidad de formatos asegura que la ciudad esté siempre en activo, independientemente de los ciclos de las grandes productoras de cine. Cada rincón, desde un embalse hasta un museo, tiene el potencial de convertirse en el próximo éxito viral de las redes sociales. La consolidación definitiva como plató de referencia llegó de la mano de Netflix y su exitosa serie criminal titulada Hache. Durante dos temporadas, la producción transformó diversos puntos de la ciudad en el barrio chino barcelonés de los turbulentos años sesenta. El carrer de Sobrerroca y el Passeig Pere III fueron testigos de persecuciones e intrigas protagonizadas por Adriana Ugarte y Eduardo Noriega. El retorno económico de esta producción se estimó en más de un millón de euros, revitalizando el sector servicios y la ocupación.
Patrimonio fabril
Este éxito atrajo a otros proyectos de la plataforma, como El inocente o ¿Quién es Erin Carter?, rodados en zonas contemporáneas. El “efecto Netflix” ha sido el motor que ha disparado las cifras de rodajes, situando a la ciudad en el mapa global. La arquitectura industrial de la ciudad es otro de sus grandes tesoros, con espacios como L’Anònima actuando como centros neurálgicos de producción. Este edificio del siglo XIX no solo sirve como escenario, sino que funciona como campo base para equipos de cientos de personas. Su estética industrial academicista ha sido clave en cintas como Las leyes de la frontera de Daniel Monzón o videoclips de Gossos. Otro ejemplo destacado es la antigua planta de Pirelli, cuyos doce mil metros cuadrados ofrecen posibilidades infinitas para ambientes underground.
La versatilidad de estos recintos permite recrear desde oficinas portuarias hasta refugios antiaéreos o escenarios post-apocalípticos como en Bird Box Barcelona. Lugares que parecen detenidos en el tiempo cobran vida nueva gracias a la magia del celuloide y el trabajo de los localizadores. El patrimonio fabril de Manresa es un recurso inagotable que dota de una textura única a cada fotograma capturado en su interior. Es esta mezcla de historia y funcionalidad lo que convierte a la ciudad en un destino preferente para los directores de arte.
En total, entre los años 2017 y 2025, los rodajes han dejado en las arcas y negocios de Manresa más de cinco millones de euros. Cerca de 300 producciones han pasado por sus calles, consolidando un modelo de turismo cinematográfico que no para de crecer. Películas como 7 raons per fugir, dirigida por directores locales, incluso han donado sus premios a la ciudad en señal de agradecimiento. La apuesta municipal por habilitar nuevos platós en lugares como el Palau Firal augura un futuro todavía más brillante para el sector. Manresa ya no es solo una ciudad con historia, sino un escenario vivo donde la ficción y la realidad se entrelazan de forma armoniosa.