El vestido más polémico de María Antonieta que consiguió escandalizar a la corte francesa
En agosto de 1783, la ciudad de París se preparaba para uno de los acontecimientos artísticos más importantes del año: la apertura del Salón, la gran exposición de la Academia Real de Pintura y Escultura. Entre las obras presentadas en aquella ocasión, había un retrato que no tardó en volverse el centro de todas las miradas.
En él, María Antonieta aparecía con un vestido blanco de muselina, ligero y muy sencillo. La vestimenta de la reina en aquella ocasión nada tenía que ver con los corsés y las estructuras voluminosas propios de la corte francesa de la época, lo que hizo que el cuadro se convirtiera en apenas un momento en un auténtico escándalo.
Para muchos de los que pudieron ver la pintura de cerca, aquella mujer parecía que llevaba un camisón para dormir, una prenda poco adecuada para representar con dignidad a la mismísima reina de Francia. Las críticas fueron tan intensas que el retrato, pintado por Élisabeth Vigée Le Brun, tuvo que retirarse de la exposición de inmediato.
Vigée Le Brun ya había desafiado las convenciones de la moda en 1782, cuando se retrató a sí misma con una prenda de aspecto informal y muy similar a la que un año después llevaría María Antonieta. Pero lo que en una artista burguesa podía resultar aceptable a ojos de la sociedad, para la soberana de Francia era algo inadmisible.
La prenda y el nuevo cuadro
La conocida como “robe en chemise” que llevaba María Antonieta en el retrato original consistía en un vestido suelto de algodón blanco, sin corpiño ni falda estructurada. El atuendo se caracterizaba por tener mangas abullonadas hasta el codo y volantes alrededor de todo el escote, y estar ceñida principalmente en la cintura de la mujer.
Su aspecto, muy similar al de un camisón de dormir, fue precisamente uno de los elementos que más desconcertó y escandalizó a la sociedad de la época. Acostumbrada a ver a la reina con vestidos ostentosos de corte rococó, su imagen con esta prenda rompía por completo con la idea que se tenía de “cómo debía vestir” una mujer de la corte.
Tras el escándalo, la artista Vigée Le Brun sustituyó el retrato por una segunda versión mucho más acorde con las convenciones de la época. En ella, la última reina consorte de Francia antes de la Revolución Francesa también aparecía con una rosa en la mano, pero esta vez vestía un lujoso vestido de seda azul, adornado con encajes y lazos. La presentación de esta segunda versión fue recibida, como era de esperar, con gran éxito entre la corte y el público.