De estilo medieval, este pequeño y apacible pueblo riojano alberga casas de piedra sillar y bodegas excavadas bajo el suelo

Al noroeste de La Rioja, erigido sobre un cerro que vigila el Ebro, un agradecido y curioso viajero dará con Briones, un rincón donde el tiempo parece haberse detenido entre piedras centenarias. Su nombre evoca a los antiguos berones, tribu celtíbera que pobló estas tierras antes de que las legiones romanas dejaran su huella en los alrededores. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, este enclave ofrece una traza urbana medieval que invita al silencio y la contemplación de un paisaje riojano inigualable. Y es que caminar por sus calles es descubrir un patrimonio y una armonía perfecta entre la robustez de la sillería y la delicadeza de los detalles arquitectónicos que asoman en cada esquina. 

Briones es hoy un remanso de paz que protege celosamente un pasado glorioso, marcado por su estratégica posición geográfica. Desde su altura de 80 metros, el pueblo domina la comarca de Haro, ofreciendo vistas espectaculares de la sierra Cantabria y el Toloño que cierran el horizonte. La historia de Briones está intrínsecamente ligada a su condición de plaza fuerte fronteriza, disputada durante siglos por los reinos de Castilla y Navarra. Tras ser recuperada de manos musulmanas por Alfonso I hacia el año 740, la villa conoció una repoblación cristiana definitiva en el siglo X. Fue Alfonso VI de Castilla quien, en 1076, se apoderó de la zona, convirtiendo a Briones en un baluarte fundamental frente a las aspiraciones navarras. En el año 1256, el monarca Alfonso X el Sabio otorgó a la localidad su fuero para atraer nuevos pobladores y fortalecer la defensa del reino. 

Sin duda un hito diplomático fundamental ocurrió en 1369, cuando se firmó la denominada Paz de Briones entre Enrique II de Castilla y Carlos II de Navarra. Este acuerdo buscaba resolver las diferencias territoriales mediante el matrimonio de sus hijos, sellando un periodo de estabilidad para esta estratégica villa realenga. Los vestigios de aquel pasado nobiliario aún se sienten en las fachadas de los palacios que adornan el casco antiguo, reflejando el poder de la casa de Haro. El epicentro de la vida social y la arquitectura de Briones es su Plaza de España, un espacio de planta trapezoidal rodeado de construcciones monumentales. Entre ellas destaca con luz propia el palacio del Marqués de San Nicolás, que luce una fachada de sillería con una decoración exquisita basada en rocallas y molduras. 

En la actualidad, el palacio no solo alberga la sede del ayuntamiento, sino que también es el hogar del Centro de Exposiciones y el Museo Etnográfico. Conocido popularmente como “La Casa Encantada”, este museo permite al visitante sumergirse en las formas de vida tradicionales de la región riojana. El alero del edificio, decorado con conchas y hojarascas, es un testimonio del refinamiento artístico que alcanzó la villa durante su etapa de mayor esplendor. La plaza sirve como escenario para contemplar el paso de los siglos, donde las casas nobiliarias se entrelazan con la vida cotidiana de los ochocientos habitantes. Es aquí donde se percibe con mayor fuerza la herencia de las grandes familias que moldearon el carácter señorial de este pueblo.

A escasos pasos de la plaza se encuentran tesoros que demuestran la antigüedad y el prestigio de la arquitectura civil de esta villa riojana. La denominada Casona, situada en la esquina con la calle Bergareche, es considerada la construcción civil más antigua de toda la comunidad. Este edificio se conserva magistralmente, mostrando una planta inferior de sillería y una superior de ladrillo volada sobre vigas de madera labrada. Muy cerca uno puede observar el Palacio de los Quincoces, una singular obra del renacimiento norteño edificada a mediados del siglo XVI. La fachada del palacio cuenta con cubos volados que en su día cumplieron funciones defensivas, flanqueando un ingreso principal decorado con medallones clásicos.

Estos edificios son ejemplos perfectos del uso de la piedra sillar, técnica constructiva predominante que otorga a Briones su característico color y solidez. Las calles empedradas guían al paseante hacia otras casas solariegas como las de los Gadea o los Díaz-Lizana, todas con sus escudos blasonados. Cada portalón y cada reja de hierro forjado cuentan una historia de linajes que han perdurado en el tiempo dentro de estos muros. El perfil de Briones está dominado por la majestuosa iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo que guarda un verdadero tesoro artístico. Iniciada en el siglo XVI, su estructura de planta de salón destaca por sus tres naves de igual altura y sus hermosas crucerías estrelladas. El interior alberga el retablo mayor, la obra clasicista más monumental de La Rioja, realizada por Hernando de Murillo y el Taller de Cabredo, aunque no menos impresionante es su torre barroca

Todo el conjunto, levantado íntegramente en sillería, refleja la transición entre los estilos de los Reyes Católicos, el Renacimiento y el Barroco final. Es un edificio que no solo cumple una función religiosa, sino que actúa como el faro cultural y visual de toda la localidad. El coro y la sacristía, decorada con frescos del siglo XVIII, completan esta visita obligada para cualquier amante del arte sacro. Otro punto de interés fundamental es la ermita de San Juan o del Santo Cristo de los Remedios, situada en pleno casco histórico. Este edificio barroco, finalizado en 1755, destaca por su original planta octogonal inscrita en un rectángulo y su gran cúpula central. 

La antigua fortaleza de Briones, situada en el extremo noroeste, es el testimonio mudo de su pasado como frontera inexpugnable. Del imponente castillo que una vez perteneció a los señores de Haro, hoy solo restan algunos lienzos de muralla y la torre del homenaje. Con dos metros de grosor, estos muros de mampostería y sillería asentados sobre la roca imponen respeto por su solidez defensiva. La torre del homenaje sufrió un derrumbe parcial en 1940, pero sus restos fueron restaurados en 2005 para permitir su visita y comprensión. Originalmente, el recinto amurallado contaba con seis puertas, de las cuales se conservan únicamente la Puerta de la Villa y la de la Concepción. 

3.500 sacacorchos

Desde el paseo de las Cercas, la mirada se pierde en uno de los paisajes más espectaculares de toda la geografía riojana. Este mirador natural, situado sobre un cerro a 80 metros de altura, ofrece una vista privilegiada de los meandros del Ebro. La curvatura del río parece abrazar la villa, mientras la sierra de Cantabria se alza majestuosa como telón de fondo escénico. Un tramo de este recorrido es conocido como las Cercas de las Cuarenta, nombre derivado de una antigua tradición religiosa. Se decía que quien rezara mirando a las cuarenta iglesias visibles desde este punto obtenía cuarenta días de indulgencias. El entorno natural está salpicado por los característicos guardaviñas o chozos, pequeñas construcciones de piedra seca de gran valor etnográfico. Estas chozas circulares, rematadas con falsas cúpulas, servían de refugio a los agricultores que cuidaban con esmero los viñedos. 

Finalmente, no se puede entender Briones sin sumergirse en su profunda y milenaria cultura del vino y sus bodegas subterráneas. Bajo el suelo de piedra sillar del pueblo se extienden numerosos calados, bodegas excavadas donde el vino reposa en condiciones ideales. En las cercanías de la ermita de los Mártires aún se pueden observar lagares rupestres excavados directamente en la roca. La modernidad ha traído consigo el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, un centro de referencia internacional inaugurado en 2004. Con más de cuatro mil metros cuadrados, este espacio expositivo recorre la influencia del vino en la historia y las artes. Sus salas albergan obras de artistas como Picasso, Sorolla o Chillida, además de una impresionante colección de 3.500 sacacorchos. El Jardín de Baco, con más de 220 variedades de vides de todo el mundo, completa una experiencia sensorial única.