Más que molinos y cuevas junto al mar: todo lo que esconde este pueblo pesquero de Fuerteventura con apenas 10 habitantes
En la costa occidental de Fuerteventura, dentro del municipio de Puerto del Rosario, se encuentra Puertito de Los Molinos. Es un pequeño núcleo pesquero situado en una ensenada, con las casas blancas frente al océano y protegidas por los acantilados que rodean este tramo de costa. Su reducido tamaño contrasta con la variedad de espacios que reúne alrededor: un caserío junto al agua, una playa cuyo aspecto cambia según la época del año y un barranco que se adentra hacia el interior de la isla.
La localidad aparece descrita como un asentamiento de apenas diez habitantes, una cifra que sirve para hacerse una idea de sus dimensiones, aunque no debe tomarse como un padrón actualizado. Su historia ha estado ligada a las actividades desarrolladas junto al mar, pero también a lo que ocurría tierra adentro. Esa relación entre costa e interior explica que en los alrededores aparezcan referencias a la pesca, al aprovechamiento del viento y a los antiguos caminos que siguen el cauce próximo.
Puertito de los Molinos está en la parte centro-noroccidental de Fuerteventura. Alrededor del caserío se alternan zonas rocosas, tramos de arena que no permanecen siempre al descubierto y paredes en las que se abren varias cavidades marinas. Además de recorrer el pequeño núcleo, se puede seguir parte del barranco o acercarse a la costa. En este último caso, las mareas son determinantes, ya que algunos pasos desaparecen cuando vuelve a subir el agua y no pueden recorrerse de la misma manera durante todo el día.
Un caserío pesquero junto a una playa que cambia con las mareas
Las casas blancas se agrupan alrededor del pequeño puerto y mantienen el aspecto de una aldea vinculada históricamente a la pesca. Frente a ellas se abre la ensenada, con la orilla a muy poca distancia de las viviendas. En el propio núcleo hay también restaurantes, una opción más para quienes se acercan hasta este punto de Fuerteventura. La actividad turística se suma hoy a la tradición marinera del pueblo.
El nombre de la localidad hace referencia a los molinos de viento que forman parte del patrimonio tradicional de Fuerteventura. Estas construcciones aprovechaban la fuerza del aire para moler el grano y producir gofio, un alimento ligado a la historia de Canarias. Su presencia en el paisaje recuerda el peso que tuvieron durante años la agricultura y la ganadería, junto con los trabajos relacionados con el océano. El propio nombre del pueblo conserva así una referencia a esa parte de la vida tradicional de la isla, que durante años estuvo ligada al aprovechamiento del viento.
A pocos pasos de las casas se encuentra la playa de Los Molinos, de unos 200 metros de longitud. Su anchura cambia bastante: dependiendo de la época del año y del estado de la marea, puede reducirse a unos pocos metros o acercarse al centenar. En el acceso predominan los callaos, grandes cantos rodados que cubren buena parte de la superficie. La playa queda encajada entre escarpes basálticos y su aspecto no es siempre el mismo, algo que también cambia la forma de recorrer la orilla.
Con la bajamar puede quedar al descubierto una extensión de arena fina que transforma por completo la imagen de la playa y deja más espacio junto al océano. La zona también figura entre los lugares donde se practica surf en esta parte de Fuerteventura, siempre en función del oleaje. Suele ser un punto poco concurrido, pero eso no implica que el baño sea seguro en cualquier momento. La fuerza de las olas y los cambios de la marea deben valorarse antes de entrar al agua.
Cuevas marinas y una ruta a través del barranco
Al sur de la playa, las paredes rocosas esconden varias cavidades abiertas junto al mar. Algunas están comunicadas por arcos naturales y solo se puede llegar hasta ellas a pie durante determinadas bajamares, cuando queda libre una franja de arena. Entre esas cavidades está la cueva Herminia, que destaca por su bóveda elevada. Desde el interior se ve la abertura hacia el Atlántico y parte del caserío, además de la base de los acantilados que rodean la ensenada.
Llegar hasta las cuevas depende por completo del ciclo de las mareas. Antes de intentarlo hay que comprobar a qué hora se produce la bajamar y, especialmente, cuándo empieza a subir de nuevo, porque el acceso puede quedar cubierto. La presencia de arcos y paredes altas no evita los riesgos del movimiento del océano. Por eso, solo conviene acercarse cuando las condiciones permitan regresar con seguridad por la misma franja de arena.
En el mismo núcleo desemboca el barranco de Los Molinos, donde el paisaje cambia respecto a la costa. El paso del agua ha ido excavando el terreno con el paso del tiempo y ha formado un cauce sinuoso, con paredes elevadas y algunos tramos más estrechos. Por el fondo corre un pequeño curso de agua relacionado con un embalse situado aguas arriba. En ciertos puntos, la vegetación que crece junto al cauce destaca frente a las laderas rocosas y casi desnudas de alrededor.
Por esta zona discurre una ruta de senderismo de unos seis kilómetros. El camino avanza por ambos lados del desfiladero y obliga a cruzar el riachuelo varias veces, de modo que el nivel del agua puede influir en la marcha. Está descrito como un itinerario sencillo, aunque conviene prestar atención al estado del terreno. Durante el trayecto se observan las formas excavadas por el agua en la roca y las zonas con más vegetación junto al curso fluvial, que muestran otra parte del paisaje próximo al pueblo.