El pueblo blanco con encanto marinero donde anticipar el verano: rutas entre calas y gastronomía local en Cabo de Gata

Casitas blancas, playas tranquilas, exquisitos mariscos frescos y una población que ronda los 200 habitantes. Hablamos de la Isleta del Moro, un pintoresco núcleo pesquero que parece estar perdido en el tiempo. Ubicado en el Parque Natural del Cabo de Gata, el pequeño pueblo obtiene su nombre de un islote cercano que domina el paisaje y de su historia como refugio de piratas árabes y berberiscos.

La Isleta del Moro surgió como pueblo en el siglo XIX, ligado a las actividades pesqueras artesanales —y antiguamente también a la agricultura de huertas—, que abastecían a los mineros en Rodalquilar, un importante centro de extracción de oro del siglo hasta la década de los años 60. Incluso a día de hoy, su tradición pesquera sigue siendo el motor económico principal de sus habitantes. El oficio se nota en cada detalle: desde las calas repletas de barcas hasta los pescados frescos que se sirven en las casitas blancas encaladas en la roca.

Esto explica la importancia de su gastronomía local: la fama de su pescado fresco es uno de sus principales reclamos. Los restaurantes basan su oferta en capturas del día como el sargo, la breca, el gallo pedro o la lecha, servidos habitualmente a la plancha o fritos. La cocina de la Isleta se caracteriza por la sencillez, con el objetivo de no enmascarar con el exceso de condimentos el sabor del producto fresco. El pueblo ofrece diversas opciones tradicionales para disfrutar de su gastronomía con vistas directas hacia el Mediterráneo.

Entre relieve volcánico y mar

La naturaleza árida y volcánica de los alrededores del pueblo, en conjunto con el azul intenso del Mediterráneo, ofrecen vistas espectaculares entre playas, formaciones rocosas y vegetación desértica. Al encontrarse dentro del Parque Natural del Cabo de Gata, el entorno circundante incluye elementos geológicos únicos, como los acantilados que los lugareños llamaban 'huevos moros' y la duna fósil en la cercana Playa de los Escullos.

En este sentido, la Isleta del Moro es el destino perfecto para los amantes del senderismo, ya que es el punto de partida de más de una veintena de rutas que se enredan por la costa y el interior volcánico del enclave. Entre las rutas más destacadas, se encuentra la llamada ruta de los Piratas: un sendero a través de fortificaciones defensivas que hace siglos protegían estas tierras de las incursiones berberiscas.

Otra ruta destacada que se puede realizar partiendo desde el pueblo pesquero es la senda costera que se dirige hacia el norte, siguiendo la línea del litoral hacia Rodalquilar. Tras caminar apenas 10 minutos, la ruta pasa por la Cala de los Toros, un aún apacible rincón entre palmeras y pinos que es perfecto para practicar esnórquel por la claridad de sus aguas. El camino continúa y asciende hasta el Mirador de la Amatista, un balcón natural sobre el Mediterráneo donde la panorámica de rocas volcánicas y el azul del mar ofrecen una de las vistas más hipnóticas de Cabo de Gata.

Para quienes buscan explorar la geología del paisaje interior de la zona, hay rutas que se internan en el parque. Los senderistas pueden caminar hacia la Majada Redonda, el cráter de uno de los volcanes cuya actividad definió el relieve de la región. También tierra adentro, los visitantes pueden visitar El Barranquete, un conjunto arqueológico que cuenta con tumbas megalíticas con más de 4.000 años de historia.

Hacia el sur del litoral, la senda costera desciende hacia San José, otro pintoresco pueblo pesquero. En el camino, la ruta pasa por el emblemático Cortijo del Fraile —escenario real que inspiró Bodas de Sangre (1933), obra de teatro de Federico García Lorca— y por numerosas playas vírgenes como Genoveses, Barronal o la secreta Cala Amarilla.

El mundo submarino

Por otra parte, el entorno geológico de la región, así como la claridad de sus aguas, hacen del litoral de Cabo de Gata, un sitio perfecto para la proliferación de la vida submarina, y por lo tanto, un destino ideal para quienes disfrutan de la observación de vida marina.

El buceo es, de hecho, la actividad deportiva por excelencia en este enclave, cuyas playas cristalinas y en algunos casos casi vírgenes invitan a explorar el mundo bajo la superficie. La riqueza biológica de sus fondos es asombrosa, ofreciendo a los buceadores la posibilidad de descubrir más de mil especies de flora y fauna marina, entre los que destacan los meros, sepias, congrios, pulpos y barracudas, que se pueden avistar con facilidad debido a la transparencia de sus aguas. Para aquellos interesados en sumergirse, el pueblo cuenta con facilidades logísticas importantes como cursos de buceo, rutas submarinas o rutas de esnórquel.