El pueblo prehistórico de Cantabria que conserva uno de los conjuntos de pinturas rupestres más singulares de España

Puente Viesgo se encuentra en la zona norte del valle de Toranzo, atravesado por el río Pas y con una historia ligada desde sus orígenes al paso sobre este cauce. El núcleo comenzó a tomar forma durante la Baja Edad Media y las primeras referencias documentales están relacionadas con el puente que acabaría dando nombre a la localidad. Más adelante, durante los siglos XVII y XVIII, vivió una etapa de crecimiento en la que se levantaron grandes casonas y empezaron a ganar importancia las aguas termales de la zona.

Sin embargo, una parte esencial de su patrimonio está bajo tierra. En el monte Castillo se abren varias cuevas que conservan restos de presencia humana y muestras de arte paleolítico. El enclave está formado por El Castillo, Las Monedas, La Pasiega y Las Chimeneas, cuatro grutas incluidas desde 2008 en la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Estas cavidades permiten acercarse a diferentes etapas de la Prehistoria a través de pinturas, grabados, signos y figuras de animales. El interior del promontorio fue utilizado por grupos humanos desde hace unos 150.000 años y, aunque las cuatro forman parte del mismo espacio protegido, actualmente solo El Castillo y Las Monedas están abiertas a la visita.

El Monte Castillo, un enclave ocupado durante miles de años

El monte Castillo reúne uno de los principales conjuntos prehistóricos de Cantabria. Las cuatro cuevas no corresponden a una misma etapa ni conservan exactamente el mismo tipo de restos. Cada una aporta información distinta sobre quienes utilizaron este lugar durante la Prehistoria y sobre las formas de expresión que dejaron en sus paredes.

Las diferencias se aprecian tanto en la antigüedad de las obras como en las técnicas utilizadas y en los animales o signos representados. Mientras algunas conservan pinturas realizadas con pigmentos rojos o negros, en otras aparecen grabados sobre la roca o incluso sobre arcilla. Esta variedad permite seguir un periodo muy amplio dentro del Paleolítico sin salir del mismo promontorio.

A ello se suma la importancia arqueológica del lugar. Además de las imágenes, varias de las cuevas conservan restos relacionados con quienes ocuparon la zona durante miles de años. Ese conjunto de evidencias convierte al monte Castillo en un espacio clave para conocer distintos momentos de la Prehistoria en esta parte de Cantabria.

El Castillo y las huellas de sus ocupantes

El Castillo es una de las cavidades más destacadas del conjunto por la importancia de su yacimiento y por la cantidad de arte rupestre conservado. Fue descubierta en 1903 por Hermilio Alcalde del Río y cuenta con un amplio registro arqueológico en el vestíbulo, además de numerosas imágenes repartidas por sus galerías.

En sus paredes aparecen cabras, toros, bisontes y ciervas, junto con manos humanas en negativo realizadas en tonos rojos. También se conservan signos esquemáticos y series de puntos cuyo significado sigue sin conocerse. Las diferentes técnicas y motivos muestran que la cueva no fue utilizada en un único momento, sino durante distintas fases del Paleolítico.

Una de sus características más reconocibles es precisamente la combinación de figuras animales, símbolos y manos. Las siluetas humanas en negativo se realizaron dejando marcada la forma de la mano sobre la pared, mientras que otros motivos fueron pintados o trazados directamente sobre la roca.

El vestíbulo completa esa información con restos arqueológicos asociados a sucesivas ocupaciones. De esta forma, El Castillo permite conocer tanto la vida de quienes pasaron por este lugar como algunas de las formas de expresión que dejaron en su interior durante un periodo muy prolongado.

Las Monedas, la otra cueva abierta al público

Las Monedas es la segunda gruta del enclave que puede visitarse. Sus pinturas corresponden al Magdaleniense superior y se caracterizan por el uso del negro para representar diferentes especies animales. Entre ellas aparecen caballos, bisontes, cabras y renos.

El interés de la visita no se limita al arte prehistórico. En su interior se han formado estalactitas, estalagmitas y columnas que acompañan buena parte del recorrido subterráneo. Estas formaciones permiten observar también la evolución natural de la cueva y diferenciarla de las huellas dejadas posteriormente por sus ocupantes.

El nombre de Las Monedas procede de una etapa muy posterior. Cuando la cavidad fue descubierta en 1952, en su interior apareció un conjunto de monedas de época de los Reyes Católicos. Aquel hallazgo terminó dando nombre a un espacio cuyo arte y utilización son mucho más antiguos que esas piezas.

La Pasiega y Las Chimeneas completan el conjunto

La Pasiega conserva un repertorio diferente al de las dos cuevas visitables. En sus paredes predominan pinturas de trazo ancho y tonos ocres, con figuras de ciervos, bisontes y caballos. A ellas se suman numerosos grabados, dentro de un espacio reconocido como zona arqueológica desde 1924.

Las Chimeneas aporta otras técnicas y cronologías. Sus muestras de arte rupestre se relacionan con el Solutrense y entre ellas aparecen pinturas y grabados realizados sobre arcilla. Los motivos incluyen ciervos y otros animales representados mediante formas más esquemáticas y rígidas.

Aunque La Pasiega y Las Chimeneas no están abiertas a la visita ordinaria, ambas ayudan a completar la historia del monte Castillo. Junto a El Castillo y Las Monedas, muestran cómo un mismo promontorio fue utilizado durante distintas etapas del Paleolítico y conserva todavía hoy algunas de las huellas que dejaron quienes pasaron por él.