La ruta senderista de Aragón para recorrer el cañón formado por un río entre pasarelas de madera

Alquézar, uno de los pueblos medievales más bellos de España, es también la puerta de entrada a un itinerario único en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, donde el río Vero ha esculpido durante millones de años un paisaje de roca, agua y vértigo que hoy puede recorrerse a través de un espectacular sendero suspendido sobre el cañón.

La ruta de las Pasarelas del Vero se ha convertido en uno de los recorridos más emblemáticos de Aragón. Basta con dar los primeros pasos desde las calles empedradas de Alquézar para comprobar cómo el paisaje cambia de registro en apenas unos minutos: del silencio de una villa medieval se pasa al rumor constante del agua y al imponente escenario de un cañón que el río Vero lleva millones de años modelando entre las calizas de la Sierra de Guara.

La experiencia comienza incluso antes de alcanzar las pasarelas. Alquézar, asentado sobre un espolón rocoso y dominado por la Colegiata de Santa María la Mayor, parece vigilar desde las alturas el profundo desfiladero.

Declarado uno de los pueblos más bonitos de España y reconocido por ONU Turismo como Best Tourism Village, este enclave oscense resume en unas pocas calles siglos de historia, arquitectura medieval y una estrecha relación con un entorno natural que ha marcado su identidad.

Antes de convertirse en uno de los grandes destinos europeos para el barranquismo y el senderismo, el río Vero ya llevaba millones de años realizando un paciente trabajo de ingeniería natural.

Su curso fue excavando lentamente la roca caliza hasta crear uno de los sistemas de cañones más espectaculares de la península ibérica. El resultado es un paisaje de paredes verticales, cuevas, gargantas y estrechos donde el agua continúa moldeando el territorio estación tras estación.

Todo este escenario forma parte del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, un espacio protegido considerado uno de los grandes santuarios europeos de la geología y la biodiversidad. Sus barrancos, mallos, bosques mediterráneos y cortados calizos albergan una extraordinaria riqueza natural que convive con un importante patrimonio histórico y etnográfico.

Caminar en suspensión sobre el cañón

El gran atractivo del recorrido aparece poco después de abandonar el casco histórico. Una sucesión de pasarelas de madera perfectamente integradas en el paisaje permite avanzar junto a las paredes del cañón mientras el río discurre varios metros más abajo. En algunos tramos el sendero parece quedar suspendido en el vacío; en otros, desciende hasta casi rozar el agua antes de volver a elevarse sobre el desfiladero.

La ruta, de unos tres kilómetros y trazado circular, puede completarse en aproximadamente dos horas. Su desnivel es moderado y está pensada para que cualquier persona con una condición física mínima pueda disfrutar de una experiencia que, sin llegar a ser una actividad de montaña exigente, transmite la emoción de recorrer un barranco desde dentro.

Las pasarelas permiten contemplar rincones que hace apenas unas décadas solo estaban al alcance de barranquistas y montañeros experimentados. El sonido del agua acompaña todo el recorrido mientras las paredes de roca parecen cerrarse sobre el visitante, creando una sensación constante de inmersión en la naturaleza.

Aunque el paisaje parece completamente salvaje, el río también conserva las señales del aprovechamiento que sus aguas tuvieron durante siglos.

A lo largo del itinerario aparecen antiguas presas, molinos, canales y pequeños puentes que recuerdan cómo las comunidades locales utilizaron la fuerza hidráulica para moler cereal o abastecer de agua al municipio. Esa convivencia entre patrimonio industrial y naturaleza añade una dimensión histórica que enriquece el paseo.

No es casualidad que las pasarelas se hayan diseñado respetando al máximo el entorno. La madera, el acero y los sistemas de anclaje buscan integrarse visualmente en el cañón y minimizar el impacto sobre uno de los espacios naturales más valiosos de Aragón.

Alquézar, mucho más que el punto de partida

Antes o después de la caminata merece la pena dedicar varias horas a descubrir una de las villas medievales mejor conservadas del Alto Aragón. Sus calles estrechas, soportales, casas de piedra y balcones repletos de flores conducen inevitablemente hasta la Colegiata de Santa María la Mayor, cuya silueta domina el pueblo desde el siglo IX.

Desde sus miradores se obtiene una de las mejores panorámicas del cañón del Vero, una vista que ayuda a comprender la magnitud del paisaje que después se recorrerá a pie.

El casco histórico también conserva pequeñas plazas, restaurantes donde degustar la gastronomía del Somontano y establecimientos especializados en actividades de naturaleza, reflejo de la estrecha relación que mantiene el municipio con el turismo activo desde hace décadas.

Deportes de aventura y observación de aves

La Sierra de Guara es conocida internacionalmente como uno de los mejores destinos europeos para practicar barranquismo, pero su oferta va mucho más allá.

Senderismo, escalada, observación de aves, rutas BTT o visitas culturales forman parte de una propuesta que permite descubrir un territorio donde naturaleza y patrimonio conviven con absoluta naturalidad.

Muy cerca de Alquézar se encuentra además el Parque Cultural del Río Vero, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO gracias a la extraordinaria concentración de abrigos con arte rupestre prehistórico. Las pinturas levantinas y esquemáticas que se conservan en este territorio convierten la escapada en un auténtico viaje a través de miles de años de historia humana.

Además de las impresionantes gargantas del Vero, muy cerca de Alquézar se encuentra el Parque Cultural del Río Vero, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO gracias a la extraordinaria concentración de arte rupestre prehistórico. Las pinturas levantinas y esquemáticas que se conservan en este territorio convierten la escapada en un auténtico viaje a través de miles de años de historia humana. Creado en 2001, este espacio se extiende por nueve municipios del Somontano y reúne algunos de los conjuntos de arte rupestre más importantes de Europa.

Integrado en el bien Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, el parque es un auténtico museo al aire libre. A ello se suman iglesias, ermitas, puentes, molinos, yacimientos arqueológicos y una amplia red de senderos interpretativos que permiten descubrir un paisaje donde naturaleza y cultura han evolucionado de la mano durante miles de años.

El mejor momento para recorrer las pasarelas

Aunque el itinerario permanece abierto gran parte del año, la primavera y el otoño ofrecen probablemente las condiciones más agradables para visitar las pasarelas. Las temperaturas suaves permiten caminar con comodidad y el caudal del río suele realzar la espectacularidad del paisaje.

Durante el verano conviene iniciar la ruta a primera hora de la mañana o a última de la tarde para evitar las horas de mayor calor, además de llevar agua abundante y calzado específico para montaña, tal y como recomiendan los responsables del recorrido. El acceso está regulado y sujeto a normas de conservación destinadas a proteger tanto la seguridad de los visitantes como el delicado equilibrio del espacio natural.

Cuando el sendero regresa a Alquézar y la silueta de la colegiata vuelve a aparecer entre las casas de piedra, el visitante comprende que el verdadero viaje no termina al abandonar las pasarelas. Continúa en la memoria, asociado para siempre al sonido del río, al olor del bosque mediterráneo y a esa inesperada sensación de caminar, durante unas horas, entre el cielo y el cañón.