La primera línea de lucha contra el fuego: brigadas y voluntarios sostienen la emergencia en el incendio de Cinco Villas
Tras una noche complicada, con la banda sonora de las naves que sobrevuelan los más de 60 kilómetros de perímetro, el incendio de la comarca de Cinco Villas sigue activo y sin control. El sector 6, en el flanco derecho, es el que más preocupa al equipo de extinción y hacia él se dirigen seis efectivos de Sarga. Llegan de las brigadas 33 'Las Pardinas' y 34 'Río Aragón' de Jaca. “Lo normal es que seamos cinco personas en cada equipo, pero solo estamos tres, por eso nos han tenido que juntar a dos brigadas, aun así no llegamos a las 10 personas”, explica Yasmina, miembro de una de las brigadas. En sus más de dos décadas trabajando en Sarga asegura que “este es el peor momento” en cuando a falta de personal y que “desconocen los motivos”.
Llegan al puesto de mando en Farasdués tras más de dos horas de camino, y se abren paso entre la comitiva política para llegar hasta el puesto de los APN, donde uno de ellos les explicará cuál será su función y a qué sector serán movilizados. En el flanco derecho del fuego trabajaran durante 12 horas desde tierra, en primera línea. Así llevan todo el verano. La falta de efectivos y el gran volumen de trabajo están haciendo que muchos de ellos casi encadenen incendios. Es el caso de Javi, que el lunes participó en las labores de extinción del fuego declarado en Nogués, el martes estuvo en el operativo desplazado a la zona de Tiermas, cerca del Pantano de Yesa, y este viernes llega para movilizarse junto con sus otros dos compañeros de brigada, y los tres nuevos de otra, al incendio declarado en Orés el miércoles.
Ellos son parte de la realidad del incendio que no se ve, los que pasan entre políticos, fuerzas de seguridad y prensa con camisetas naranjas y monos descoloridos que llevan marcas de muchas horas frente a las llamas y otras tantas en las labores preventivas que realizan a lo largo de todo el año.
Hoy se enfrentan a un incendio que ha calcinado ya más de 12.000 hectáreas en el que trabajan más de 440 efectivos, que ha obligado a evacuar a más de un millar de personas de cinco núcleos de población y que por el momento, sigue descontrolado a pesar de los esfuerzos de los equipos de extinción, Luis vivió el incendio de 2015 en la misma comarca. Recuerda cómo participó como brigadista, antes de subir al vehículo que lo traslada al sector 6, asegura que “esta vez es mucho peor”.
Y mientras unos luchan por contener el avance del fuego, otros sostienen a las personas que esperan al otro lado de las llamas. Son voluntarios que organizan camas, reparten comida, acompañan incertidumbres y cuidan de quienes han tenido que abandonar su hogar sin saber cuándo podrán regresar.
Porque en un gran incendio no solo arden montes. También se alteran vidas enteras. Y es precisamente ahí, donde las llamas ya no alcanzan, donde comienza otra forma de combatir la emergencia: la de quienes entre colchones improvisados, mantas, listados de nombres, biberones, conversaciones en voz baja y miradas cómplices, hacen que nadie afronte el desastre en soledad. Es la otra cara de la emergencia.
La otra cara de la emergencia: los voluntarios
Cuando un incendio obliga a evacuar un pueblo entero, apagar el fuego deja de ser la única prioridad. Cuando se desalojan cinco localidades completas, la situación es límite. También hay que encontrar un lugar donde dormir, darse una ducha, atender a quien ha salido de casa sin apenas pertenencias, tranquilizar a los niños, acompañar a las personas no saben cuándo podrán volver y responder, una y otra vez, a la misma pregunta: “¿Y ahora qué va a pasar?”.
Hasta el polideportivo de Ejea de los Caballeros se han desplazado personas voluntarias de Cruz Roja llegadas desde Tarazona, Calatayud, Teruel, Borja y Huesca. Casi un centenar de hombres y mujeres de todas las edades que trabajan codo a codo desde las primeras horas con trabajadores sociales del Colegio de Aragón, Servicios Sociales de la Comarca y vecinos para sostener la vida cotidiana de los desalojados de Asín, Orés, Luesia, Malpica de Arba y Uncastillo.
Esta noche, en este refugio temporal han dormido 92 personas, ocho personas mayores permanecen atendidas en las residencias Elvira Otal y Villa de Ejea, y una más fue trasladada al hospital, “estaba en cama y consideramos que en el hospital de Ejea era donde mejor atendida iba a estar”, explican desde Cruz Roja.
Entre las personas evacuadas hay ocho menores. El más pequeño tiene apenas 13 meses; otro, 15. Sus necesidades obligan a que cada decisión se tome con un cuidado especial: leche, pañales, espacios tranquilos donde descansar, rutinas que ayuden a reducir el miedo mientras en un escenario sobrevenido y antinatural para ellos. Por eso, servicios sociales ha decidido habilitar para estas familias la vivienda tutelada de ADISCIV, la asociación de personas con capacidades diferentes de la comarca. Ahora, allí, conviven 14 personas desplazadas.
María Luisa Guart, trabajadora social de la Asamblea de Cruz Roja, no es nueva en situaciones límite. Ha participado en tres dispositivos de recepción de personas migrantes en las costas canarias, uno de los escenarios humanitarios más exigentes de los últimos años. Sin embargo, reconoce que lo vivido estos días en las Cinco Villas le ha recordado aquella intensidad. “Se puede equiparar el volumen de trabajo, y también el emocional”, explica, agradecida, y en parte sorprendida, por la respuesta desplegada.
Los voluntarios de la comarca de Ejea están igualmente emocionados, mientras observan a sus homólogos más jóvenes, equipos de Cruz Roja Juventud, entretener a los más jóvenes en el polideportivo, al mismo tiempo que miembros de ERBE, los Equipos de Respuesta Básica en Emergencias, y los ERIE, los Equipos de Respuesta Inmediata en Emergencias, especializados en la atención de situaciones de mayor complejidad, trabajan en este escenario.
Acogiendo animales: “Están como en casa”
Más allá del porche de ladrillo caravista y de las puertas verdes del polideportivo de Ejea, la solidaridad para con los afectados de este incendio se extiende como las raíces de un árbol. “Los animales son los que más sufren en esta situación, dependen de nosotros para poderse mover y salvarse”. Es el pensamiento que tuvo Ana Cristina, vecina de Ejea de los Caballeros amante de los animales. “Siempre he tenido caballos y ver esta situación me hizo pensar a cuántos animales estarían afectados por el fuego y las evacuaciones”. Para aportar su granito de arena, Ana Cristina ha puesto a disposición de los vecinos de las poblaciones evacuadas con animales sus cuadras, a la entrada de Ejea.
En este momento acoge a siete caballos y tres perros, está pendiente de la llegada de dos yeguas y un poni, y todavía tendría espacio para cinco más. Además, también está cuidando de tres perros. “Un vecino nos va a traer paja para los animales, aquí están bien”, explica Cristina que añade: “Sentía que tenía que hacer algo ante esta tragedia”.
La colaboración ciudadana y el boca a boca ha sido crucial. Ana Cristina puso un aviso en WhatsApp ofreciendo su cuadra, además del remolque para caballos por si alguien lo necesita para la evacuación de sus animales. El mensaje ha circulado por grupos de toda la comarca, y así, estos caballos y perros, tienen estos días un espacio seguro y confortable hasta que puedan volver a sus hogares. Los afectados están muy agradecidos a esta vecina que les ha facilitado un espacio a sus animales que son “parte de la familia”.
A unos kilómetros de estas cuadras, los hidroaviones y naves FOCA hacen repostajes en el pantano de San Bartolomé. Cuando el último helicóptero regrese a su base y las cámaras abandonen la comarca, quedarán montes ennegrecidos, pueblos marcados por el humo y cientos de personas tratando de recuperar la normalidad. Pero también el recuerdo de los brigadistas que trabajaron hasta el límite de sus fuerzas, los voluntarios que transformaron un pabellón en un hogar improvisado, y de todas las personas que abrieron las puertas de sus casas y de sus cuadras sin preguntar a quién ayudaban.
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