Situado a 2.910 metros de altura y rodeado de pinos y bloques de granito, es uno de los lagos más visitados de esta zona cercana a Francia
Esta masa de agua de origen glaciar se asienta plácidamente a los pies del imponente macizo del Puigpedrós, cumbre que domina la geografía ceretana y marca la frontera entre España y nuestro país vecino. La belleza de este paraje, donde la roca viva contrasta con el bosque subalpino, atrae anualmente a miles de excursionistas. Se trata del lago de Malniu, situado a 2.910 metros de altura y rodeado de pinos y bloques de granito. De hecho, es considerado como uno de los lagos más visitados de esta zona cercana a Francia, concretamente en la comarca pirenaica de la Cerdanya.
El recorrido de acceso hacia este entorno privilegiado de la madre naturaleza comienza habitualmente en la pintoresca localidad montañosa de Meranges. Desde dicho municipio parte una pista forestal de diez kilómetros que asciende hasta alcanzar el refugio de Malniu, situado a 2.130 metros de altitud. En este punto existe una amplia zona habilitada para el aparcamiento de vehículos mediante el pago de una tasa de estacionamiento destinada a la conservación del espacio protegido del Pla de les Tarteres. Desde el refugio arranca el sendero oficial, perfectamente indicado con marcas de pintura blancas y amarillas.
Durante los primeros 500 metros, el camino comparte su trazado con la célebre ruta de gran recorrido GR 11 antes de desviarse hacia la izquierda. A partir de ese cruce, los senderistas avanzan siguiendo el apacible curso del Rec de Malniu, el arroyo que transporta las aguas procedentes del propio estanque. El trayecto cruza pequeñas pasarelas de madera y prados de pastoreo donde es habitual contemplar ganado vacuno. Progresivamente, la senda se adentra en un frondoso bosque de pino negro rodeado por tupidas alfombras de rododendro, el arbusto predominante que florece espectacularmente a finales de la primavera brindando un colorido paisaje.
A medida que se gana altitud con suavidad, la pendiente llanera anuncia la llegada inminente a la arbolada sierra del Home Mort. Un último tramo casi plano conduce directamente hasta el desagüe del lago de Malniu, situado en la cota de los 2.250 metros de altitud. Al alcanzar la orilla, la perspectiva revela una lámina de agua de aproximadamente seis hectáreas de superficie formada por la erosión helada de antiguos glaciares. La transparencia de sus frías aguas refleja las paredes rocosas circundantes y la masa forestal, creando un juego visual de espejos que cautiva a los visitantes que contemplan este circo de alta montaña.
Este destino de montaña destaca por ser una excursión lineal francamente sencilla y apta para todo tipo de públicos o familias con niños. La ruta completa consta de casi tres kilómetros entre la ida y la vuelta, acumulando un suave desnivel positivo de apenas 140 metros. El tiempo efectivo de marcha ronda una hora y cuarto en total, permitiendo disfrutar del paseo sin exigencias físicas elevadas. Durante la época primaveral de deshielo, el volumen hídrico del lago ofrece una estampa impresionante, mientras que en los meses invernales la presencia de abundante nieve permite realizar el recorrido equipado con raquetas o esquís.
Una vez en la orilla, resulta altamente recomendable recorrer a pie todo el perímetro del estanque para apreciar su belleza desde distintos ángulos. Asimismo, los excursionistas tienen la opción de prolongar la caminata siguiendo las marcas del sendero 121 hacia el pequeño y cercano Estany Mal. Otra alternativa a escasos minutos del refugio principal es el bonito Estany Sec, rodeado de frondosa vegetación acuática. La estratégica ubicación de esta cuenca permite conectar con la estación de esquí nórdico de Guils Fontanera o emprender ascensiones más exigentes hacia la cumbre del Puigpedrós, consolidando un enclave montañoso excepcional.
Un surtido de leyendas
Más allá de sus indudables atractivos geológicos y paisajísticos, el lago de Malniu alberga un fascinante poso de folclore y tradiciones populares. La memoria oral de la Cerdanya vincula ancestralmente este enclave de alta montaña con la celebración de nocturnos aquelarres y míticas reuniones de brujas. Asimismo, las leyendas locales hablan de las goges, seres femeninos mágicos que acudían a la orilla del estanque a lavar sus sábanas al amparo de la noche. Según la creencia popular, quien lograse arrebatarles una pieza de ropa sin ser visto jamás pasaría estrecheces ni moriría de hambre, añadiendo un halo místico al paraje.
El notable renombre y la elevada afluencia turística que experimenta este espacio protegido, especialmente durante el periodo estival, exigen mantener una actitud de máxima responsabilidad ambiental. Para preservar este frágil ecosistema subalpino resulta fundamental respetar la flora nativa, evitar perturbar a la fauna salvaje y mantener perfectamente intactas las orillas del estanque. La combinación única entre accesibilidad sencilla, riqueza biológica, paisajes impresionantes y leyendas centenarias convierte al lago de Malniu en un verdadero tesoro natural de los Pirineos de Girona que merece ser protegido, conservado y admirado respetuosamente.