Qué ver en Leipzig en 48 horas: las visitas imprescindibles en la 'Ciudad de la música' alemana

Edu Molina

27 de mayo de 2026 11:44 h

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Leipzig, en el noroeste de Sajonia (Alemania), es una de esas ciudades que encajan bien en una escapada de dos días sin necesidad de ir corriendo de un sitio a otro. Su centro histórico concentra buena parte de los lugares clave —plazas, edificios institucionales e iglesias muy ligadas tanto a la música como a la historia reciente del país— y permite recorrerlo a pie durante la primera jornada, dejando el segundo día para espacios algo más alejados.

Ese recorrido coincide, además, con un momento de máxima visibilidad para la ciudad. Leipzig ha cobrado un protagonismo extra estos días por la final de la Conference League, que se disputa este miércoles 27 de mayo y enfrenta al Rayo Vallecano contra el Crystal Palace en el Leipzig Stadium, un recinto con más de 70 años de historia. La cita ha atraído a numerosos aficionados y ha vuelto a situarla en el foco internacional, también como un lugar que merece la pena descubrir más allá del partido.

A ese contexto puntual se suma un peso cultural que forma parte de la identidad de Leipzig. Por aquí pasaron figuras como Johann Sebastian Bach, Richard Wagner, Felix Mendelssohn o Robert Schumann, y ese legado sigue muy presente hoy en instituciones como la Orquesta de la Gewandhaus, la Ópera de Leipzig o el Coro de Santo Tomás. Además, su papel en 1989, con las oraciones y manifestaciones pacíficas contra el régimen de la RDA, la sitúa como uno de los escenarios clave en los acontecimientos que precedieron a la caída del Muro de Berlín.

La Plaza del Mercado y el Antiguo Ayuntamiento

La Marktplatz o Plaza del Mercado es un buen punto de partida para una visita de 48 horas. Situada en pleno centro, esta plaza rectangular está rodeada de edificios que ayudan a entender cómo ha evolucionado Leipzig con el tiempo. Entre ellos destaca el Antiguo Ayuntamiento, construido en el siglo XVI y fácilmente reconocible en uno de los lados principales de la plaza.

Durante siglos fue el corazón administrativo de la ciudad, aunque hoy alberga el Museo de Historia de Leipzig. En su interior, una colección bastante completa permite recorrer la evolución local a través de documentos, obras y objetos de distintas épocas. Es una parada útil para situarse antes de seguir hacia las iglesias y otros espacios del casco antiguo.

La plaza también refleja el carácter comercial de Leipzig. Aquí se celebra el tradicional mercado navideño, cuyos orígenes se remontan al siglo XV. Muy cerca está el Alte Waage, un edificio histórico vinculado al pesaje de mercancías y al pago de impuestos. Todo el conjunto ayuda a entender hasta qué punto el comercio fue clave en el desarrollo de la ciudad.

Santo Tomás y la huella de Bach

La iglesia de Santo Tomás es una parada imprescindible. Fundada en el siglo XIII y reformada en varias ocasiones, está estrechamente ligada a Johann Sebastian Bach, que trabajó aquí durante gran parte de su vida. Su tumba se encuentra en el interior, lo que convierte este lugar en un punto central para quienes se interesan por la historia musical.

Pero su importancia no termina ahí. La iglesia sigue siendo la sede del Thomanerchor, uno de los coros infantiles más antiguos de Alemania, fundado en 1212. Esa continuidad hace que Santo Tomás no sea solo un monumento histórico, sino un espacio vivo dentro de la cultura local. Justo enfrente se encuentra la estatua de Bach, una de las imágenes más reconocibles de Leipzig. Desde aquí, merece la pena pasear por las calles cercanas, donde aparecen otros rincones ligados a la tradición musical de la ciudad.

La iglesia de San Nicolás y la memoria de 1989

La Nikolaikirche, o iglesia de San Nicolás, es otro de los lugares que conviene incluir en el recorrido. Se considera la iglesia más antigua de Leipzig y su aspecto actual mezcla distintos estilos fruto de las reformas a lo largo del tiempo. En el interior llaman la atención sus columnas, decoradas con formas que recuerdan a hojas de palmera.

Más allá de lo arquitectónico, San Nicolás tiene una fuerte carga histórica. En 1989 se convirtió en el punto de encuentro de las oraciones por la paz y de las protestas pacíficas que reclamaban cambios políticos en la RDA. Aquellas movilizaciones fueron clave en el clima social que precedió a la caída del Muro de Berlín. Visitarla permite entender una parte de Leipzig que va más allá de la música y conecta el centro histórico con uno de los momentos más importantes de la Alemania contemporánea.

Augustusplatz, Ópera y Gewandhaus

Augustusplatz representa la cara más moderna y cultural del centro. Construida en el siglo XVIII, es una de las plazas principales de Leipzig y muestra bien cómo la ciudad ha ido incorporando edificios de distintas épocas.

Aquí se encuentran la Ópera de Leipzig y la Gewandhaus, dos instituciones fundamentales para entender la continuidad de la tradición musical. La primera mantiene viva la actividad escénica, mientras que la segunda está vinculada a una de las orquestas más prestigiosas del país.

Para una escapada de dos días, este espacio puede ser un buen cierre para la primera jornada, sobre todo si se quiere combinar el paseo con alguna actividad cultural. Además, la plaza refleja bien la relación entre la Leipzig histórica y la ciudad reconstruida en el siglo XX, en un entorno donde conviven arquitectura, universidad y programación cultural.

El Monumento a la Batalla de las Naciones

Para el segundo día, una de las excursiones más habituales es al Monumento a la Batalla de las Naciones, situado a unos cuatro kilómetros del centro. Se levantó para conmemorar la batalla de 1813, en la que una coalición de ejércitos europeos derrotó a Napoleón en las cercanías de Leipzig.

El monumento se inauguró cien años después y alcanza los 91 metros de altura, lo que lo convierte en uno de los grandes símbolos de la ciudad. Desde su parte superior, además, se obtienen buenas vistas del entorno. Incluir esta visita ayuda a equilibrar el viaje. Después de un primer día centrado en iglesias, plazas y música, el itinerario se abre hacia un episodio clave de la historia europea del siglo XIX.