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Cultura de pactos y parlamentaria

Con las elecciones de Andalucía 2015 ha comenzado una nueva era política en España, con el fin del bipartidismo

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Con las elecciones de Andalucía 2015 ha comenzado una nueva era política en España, con el fin del bipartidismo, y la necesidad que tanto los políticos como el pueblo comiencen a entender y practicar lo que es la cultura de pactos y la mecánica parlamentaria. Después de 40 años de dictadura fascista, durante la cual el único pacto era el palo y tente tieso, la tortura y el asesinato, se pasó a una pseudodemocracia con el régimen de 1978, la falsa transición, y la monarquía franquista/borbónica, que pronto dio paso tras el paréntesis de la UCD, a la mayoría absoluta obtenida por Felipe González, y a renglón seguido a la creación del GAL por parte del Ministerio del Interior socialista comandado por Barrionuevo y Vera, delincuentes terroristas de Estado convictos y confesos, y a los robos de dinero público entre los cuales Roldán fue uno de los máximos exponentes, junto a los Fondos Reservados, Filesa, Malesa y largo etcétera interpretado por el felipismo. Después vino la mayoría absoluta de José María Aznar, en su segunda legislatura, y de nuevo siguieron los desmanes y los atracos a la caja nacional y al pueblo español, que últimamente se viene confirmando que incluso el Partido Popular se ha financiado ilegalmente desde el nacimiento de su génesis, Alianza Popular, y en definitiva ambos partidos, PSOE y PP, configuraron lo que se ha dado en llamar el bipartidismo en España, la alternancia en el Poder, hoy roba tú que mañana me toca a mí.

Pero llegó la gran crisis, y la corrupción con crisis produce cabreo, y el despertar de mucha gente dormida y paralizada políticamente “nosotros los de a pie a votar cada cuatro años y estos cabrones a mamar y robar a manos llenas”, me decía una víctima de Rato y Blesa, un preferentista de Bankia que se quedó en la mar y sin los euros, y entonces nació Podemos, y luego Ciudadanos que se extendió de Cataluña a toda España, y en Andalucía ahora hay cinco partidos políticos con representación parlamentaria en vez de sólo dos grandes, PPSOE, y el pequeñito de Izquierda Unida, y las cosas han cambiado profundamente porque Susana Díaz para ser presidenta tiene que contar con la abstención conjunta de Podemos y Ciudadanos, o del Partido Popular únicamente, para ser refrendada por mayoría simple, que por mayoría absoluta ya eso es historia y pare usted de contar que se quedó el PSOE en 47 diputados y la absoluta son 55. En el caso de que la candidata socialista y presidenta en funciones no alcance la mayoría relativa en dos meses, en septiembre tendría que repetirse las elecciones. Pero al margen que Susana Díaz sea proclamada presidenta en las próximas votaciones, lo que está claro es que en toda la legislatura va a tener que negociar, renegociar y requetenegociar, buscar el consenso y sacar adelante los proyectos con acuerdos puntuales, todas las leyes y las iniciativas que plantee en el Parlamento andaluz contando con la opinión de los otros partidos próximos a la tendencia política del mayoritario en minoría. Eso se llama cultura de pactos, de la cual los políticos españoles no tienen ninguna práctica, y mucha gente incluso con estudios tienen poca información. En cuanto a la propuesta de Susana Díaz de que las elecciones sean a dos vueltas, esa iniciativa no tiene ni el respaldo de la dirección socialista, y además tiene un carácter presidencialista que precisamente le quitaría al parlamentarismo muchas de sus esencias.

De la mecánica parlamentaria igualmente tendrán que hacer un cursillo intensivo muchos políticos en las próximas calendas en donde el cuatripartidismo sustituirá al bipartidismo. Pero en relación al futuro panorama que existirá en Congreso de Diputados, Parlamentos autonómicos, ayuntamiento, cabildos, etc, los dos partidos mayoritarios, el PPSOE, han estado flirteando con la propuesta de que gobierne la lista más votada, un disparate histórico y que acarrearía situaciones histéricas.  Un gobierno en manos de una lista que obtuviese el 40% de los votos, si en la oposición hay tres, cuatro, o cinco partidos que sumen el 60%, a ver como el partido de la lista más votada puede aprobar que se haga tal carretera o se compre tal cantidad de papel higiénico para los baños si la oposición del 60% vota en contra. Una nueva cultura de pactos que se base en programas de gobierno más que en un mero reparto del poder, puede ser perfectamente explicable al pueblo, a los votantes de las diferentes formaciones que participen en esos acuerdos de gobierno, y cuando se justifica con claridad en que cede cada partido negociando con los otros, cuando se hace un ejercicio profundo de transparencia, no tiene que ser contra natura, y los electorados entienden perfectamente las razones de estas negociaciones a dos, tres, o cuatro bandas si se explica con claridad al pueblo. Más que limitar la calidad de la democracia, normalmente los pactos de gobierno, si se hacen bien, generan cultura política de consenso y una pedagogía muy sana.

En cuanto a la mecánica parlamentaria, de aquellas Cortes franquistas en las cuales los procuradores eran designados por el Dictador General Franco, o “elegidos” por las entidades corporativas, familia municipio y sindicato, y en donde no había ni la más mínima democracia ni oposición, se pasó en pocos años a la mayoría absoluta de Felipe González en octubre de 1982, a la que siguió más tarde otra mayoría total de José María Aznar en su segunda legislatura en el año 2000. Entre la absoluta mayoría dictatorial franquista, y las mayorías del PSOE y del PP, y las relativas de ambos partidos hasta ahora, hemos llegado a estas calendas en las cuales con el cuatripartidismo más los partidos nacionalistas los políticos españoles van a tener que hacer mucho ejercicio de consenso y de diálogo para llegar a acuerdos. La labor de las comisiones en el Congreso, en los Parlamentos autonómicos, en los ayuntamientos, la participación de los ciudadanos, las investigaciones parlamentarias, los debates, las mociones de censura, las cuestiones de confianza, y hasta los revocatorios como quiere introducir Podemos en el reglamento parlamentario para poder cesar a un político, todo eso y más harán enriquecer la vida pública en los próximos años. La democracia será más participativa y mucho más transparente, y la corrupción mucho más difícil de practicar por los políticos corruptos y por los empresarios corruptores. Y a que eso ocurra le tienen mucho miedo los partidarios de la corrupción, la mamandurria y las puertas giratorias.

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