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Cultura plástica de repago

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Triste, muy triste, es la noticia de este desatino. Patético acuerdo que raya lo incomprensible en toda la eficacia de servicio de un organigrama social, para ofrecer cultura ¿gratuita?? por parte de la institución cabildicia. Ya se ha tijeretado o sufrido ladinas restricciones, desde hace varios ejercicios, en la cultura. Se aprovechan las lacerantes circunstancias del momento, para disminuir las partidas presupuestarias que las instituciones obligatoriamente deben destinar a la cultura. Este es otro agravio más a la población y a la cultura de la plástica en particular, a sabiendas que los centros enunciados se sufragan con el dinero del erario público. O lo que es lo mismo, quien desee ver una muestra de arte en dichos centros, que ha sido generada por los impuestos que se pagan, deberá doblar su reembolso. Para contemplar y gozar de las sensaciones que nos pueda transmitir esta cultura que hacen los artistas de la plástica, tanto los de aquí, de allá y acullá, tendremos que repagar. Todo un desatino.

La cultura es y tiene que ser, un derecho más para la población, para la complacencia de los sentidos de todas las personas. Ésta va dirigida al espíritu, para arrobar las sensaciones interiores que produzca. Su deleite visual, en ningún caso debe ser comprado. Es y tiene que ser, de total gratuidad. ¿O acaso no la estamos pagando con los impuestos de todos? Le recordamos a los compontes del Consejo de Administración, que el artículo 44 de la Carta Magna, dice. "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". Así se debe cumplir este precepto constitucional, que a la par, ya se ha sufragado con los impuestos a Hacienda, reitero. ¿Por qué nos hacen sufragar doblemente lo que ya se ha pagado, e igualmente se considera una obligación de las instituciones? Si la plástica y la cultura en general, han sido hasta ahora desafortunadamente, para minoritarias personas en su disfrute, ahora la enclavan aún más, para las elites sociales en exclusiva y prohibitivas para la gran mayoría.

Un prototipo de amor y compartimiento de la cultura lo ejemplariza el poeta García Lorca, cuando fuera invitado a inaugurar una biblioteca pública en Fuente Vaqueros, en su Granada natal, en septiembre de 1931, que dijo en su discurso: "Y yo ataco aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos". El rapsoda enfatizaba: que no tenía biblioteca privada, porque todos los libros que compraba los regalaba, para que los demás gozaran de sus enseñanzas y mística interior, de sus celestiales contenidos escritos.

Opino que es un craso error, que nuestra isla, que cuenta con estos centros como buques insignias del arte de la plástica, reciba esta herida de muerte en la asistencia al mismo de artistas; profesores, colegiales y universitarios (que lo hagan por su cuenta); personas de todas las capas sociales, etc. Si sus desoladas salas estaban casi siempre en un sepulcral vacío de visitantes, ahora lo estarán con mayor solemnidad en este despropósito. Máxime, cuando en la actualidad, el CAAM y los demás centros de arte, no presentan muestras de cualitativo calado plástico, debido a que sus presupuestos se siguen aminorando, hasta llevarlos a una minúscula cantidad dineraria. Lo que hace que sus exhibiciones sean de igual calibre: depauperadas en contenidos de calidad y artistas.

Trágica e insólita medida se hace para la historia en estos jóvenes centro de arte, que para ver las exposiciones debamos ahora repagar, por una avara y muy discutible decisión del Consejo de Administración. Con los tiempos que sufrimos la inmensa mayoría, estos espacios de arte quedarán aún más desertizados. Los que apenas llegan a final de mes; las subidas constantes de precios e impuestos; los parados o las gentes que no desean repagar por un obligado servicio constitucional, no acudirán. Que para lo que ofrecen ahora, preferirán darles el gusto al gaznate con una caña bien fría y un enyesque. Deseo de todo corazón y de buen ánimo, que con este doble pago de los visitantes, puedan recaudar para los gastos de algunos productos de la limpieza de las salas de arte.

Teo Mesa

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