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La Iglesia en política

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No creo que fuera intención del obispo incidir en la mala Prensa de la condición de “laico” como equivalente a la de enemigo o perseguidor de la Iglesia Católica. Pero su afirmación sirve de percha al comentario. Se olvida que hay laicos católicos porque el laicismo no es asunto de fe sino de concepción del Estado. Ellos saben que el laico no va contra la religión sino que la quiere en el ámbito de lo privado y que Iglesia y Estado se rijan por aquello de al César lo que es del César, ya saben. Ahí está el caso francés. La Iglesia francesa ya se acostumbró a no gozar de los privilegios que la española todavía disfruta y a los que se aferra. Son privilegios que garantiza, precisamente, el que no seamos un Estado laico. De ahí que les asuste tanto a los obispos el palabro. No hablo, pues, de religión sino de la política que hacen los obispos españoles apoyándose en su autoridad pastoral sobre los fieles. Hay quienes consideran que están en su derecho como ciudadanos; pero a ver a qué ciudadano le tolera un Estado democrático intromisiones como las de la jerarquía eclesiástica en asuntos decididos por los legisladores del Congreso. Se dirá que es legítimo no estar de acuerdo con todas las leyes que salen de las cámaras; pero una cosa es una cosa y dos cosas amenazar con llamadas a la desobediencia civil, como ha ocurrido con la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y la tercera cosa sería que siempre, no casualmente, se alinea la jerarquía eclesiástica con los sectores más conservadores e incluso integristas, a los que alienta y con los que colabora en el hostigamiento al Gobierno hasta desde los púlpitos. No discutiré, para qué, con quienes aprueban la actuación de los obispos. Sólo haré notar que implícitamente están reconociendo que hacen política partidista, que es a lo que iba.

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