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Lucha global

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La Globalización, un concepto hoy cargado de connotaciones negativas, es otro de esos conceptos que desde los pensamientos de izquierda se están abandonando ante el empuje de los nuevos sectores ideológicos de la derecha. Conceptos de los que, con un hambre y un egoísmo nunca visto, se apodera la derecha convirtiéndolos en términos con derechos de autor, tomando para sí no sólo su uso exclusivo, sino armándolos en un esqueleto ideológico que les da una solidez que nos debe preocupar.

Esta apropiación no sólo incumbe a la palabra, sino a todo su significado y definición. Términos como por ejemplo: familia, patria,? incluso reforma laboral, han sido monopolizados y definidos desde una perspectiva conservadora. Es decir, defender a la familia nos suena a todos a una coletilla pseudo-religiosa sin ni siquiera pensar a qué tipo de familia, cuando es la izquierda la que cree más en las familias, pero en todas sus variedades o posibilidades, no solamente las que cumplen unos cánones religiosos; o patria ¿no se puede ser patriota y de izquierdas? ¿Para ser patriota hay que creer en el modelo de país que se plantea desde la derecha?; y ¿la reforma laboral no puede ser para mejorar las condiciones de los trabajadores?, ¿por qué hablar de reforma laboral es hablar siempre de reducir derechos?

En definitiva, la globalización puede ser l a globalización de los derechos, por lo tanto, es una lucha de izquierdas. Hoy día los retos de los trabajadores son más internacionales que nunca, hoy más que nunca las soluciones a los problemas de la clase trabajadora deben pensarse a escala mundial. De nada nos sirven las mejoras laborales propias si en otros países se esclaviza a la mano de obra, dado que, egoístamente, las empresas se trasladarán a dichos países para reducir costes.

Los trabajadores no pueden permitirse dejar solos a los demás trabajadores, solamente buscando soluciones y medidas globales podremos hacer frente a la fuerza globalizadora de los mercados financieros que sí han aprendido y, con un reciclaje asombrosamente práctico, defienden el "capitales del mundo, uníos", mientras mantienen a los trabajadores ocupados en batallas locales.

Mientras que las medidas macroeconómicas neoliberales contemplan un mundo a nivel global, las mejoras laborales parecen sólo mantenerse en algunos países, defendiéndose y enfocándose de manera aislada e independiente.

El gran paso que supuso entender que los problemas de los trabajadores eran internacionales ya ha sido olvidado, fomentando la rivalidad entre los trabajadores de los diferentes países. El internacionalismo obrero es ahora más justificable que nunca, de ser compañeros que luchamos por los mismos derechos, se nos ha inculcado que somos rivales a los que hay que batir en costes y con ello se justifican reducciones salariales, reducciones de derechos laborales o incluso actitudes racistas hacia el trabajador inmigrante olvidando que el verdadero beneficiado de un trabajador irregular no es el trabajador explotado sino el empresario que se aprovecha.

Nos venden a los trabajadores que si no tenemos sueldos competitivos la empresa se marchará, si no hay impuestos bajos al capital, éste invertirá en otro sitio y es cierto, pero la solución no es rendirse ante la globalización sino mirar a los principios y pensarlos globalmente. Lograr que todos los trabajadores tengan un mínimo marco legal digno es asegurar que algunas empresas no utilicen los vacíos legales para explotar o chantajear a los trabajadores y trabajadoras.

Si consideramos que hay que erradicar el racismo o el machismo de todo el planeta, también debemos pedir que los derechos laborales sean aplicados a escala mundial.

Si la globalización ha llevado los principios económicos y culturales del neoliberalismo a todos los países, la izquierda debe utilizarlo para lograr extender los derechos y libertades básicas y para mejorar las condiciones laborales de todos los trabajadores.

Las reivindicaciones deben ser globales porque las amenazas y la crisis son globales, las empresas son globales, las políticas son globales. Las reivindicaciones que se plantean a nivel europeo pueden ser un buen comienzo.

No se puede dejar solos a los trabajadores griegos cuando soportan un duro ajuste, primero porque pronto podría pasar lo mismo en otros países y segundo porque al igual que el capital en conjunto, defiende esas medidas, los movimiento y fuerzas sindicales deben mostrar ser también otra opción, otro referente mundial ideológico y vital.

Tolerar la explotación empresarial de países simplemente por comprar productos baratos es hipocresía del capitalismo más cruel. El internacionalismo de las izquierdas y sobre todo de la lucha sindical no puede ni debe permitirlo, debe enfrentarse y procurar alcanzar el equilibrio que nos demanda la sociedad.

El capital ha definido sus valores y los ha globalizado, los trabajadores definieron sus derechos y trataron de internacionalizarlos y es ahora, cuando entre todos y todas, debemos globalizarlos, desde las pequeñas acciones del día a día hasta los foros más importantes. Comprender que derechos sociales que hemos logrado en algunos países, los que luchamos por mantener y los que luchamos por acceder deben llegar a todos los trabajadores.

Es imposible hacer frente a los futuros retos del movimiento sindical sin contar con una estrategia mundial, sin unos derechos laborales comunes a todos los trabajadores, trabajen donde trabajen, porque si que existe una estrategia global del capital, reducir costes y aumentar beneficios sea como sea.

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