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Peperío cutre

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Se trata, claro, de una anécdota sin mayor trascendencia y de la que el PP no debe culpa. Lo que no puede decirse de las vallas publicitarias sin firmar, en las que aparece Ana Oramas con Zapatero, colocadas con la misma intencionalidad que las utilizada en la campaña de las autonómicas con Paulino y el mismo Zapatero. Si en el caso mallorquín bastó a la señora Francisca conocer el manejo del programa de fotomontaje y apretar la tecla correspondiente, en el canario sí hay gastos de realización y de alquiler del soporte, es decir, necesidad de dinero, de apoyo logístico; y de conformidad del mando.

A la vista de ello y con los precedentes de que disponemos, no es temerario sospechar la autoría pepera. Sabiendo, además, cómo las gasta Soria, las sospechas devienen en cuasi certezas. Las sanciones de la Junta Electoral cuando lo de Paulino, en la campaña anterior, no fueron lo bastante disuasorias como para que se desistiera del juego sucio. El cutrerío de estos procedimientos y su insultante ausencia de ingenio denotan un vacío de ideas políticas que se procura sustituir por el navajeo. Dirán que es cosa de menor cuantía pero no por eso deja de indicar el deterioro de nuestra democracia ya que, en realidad, no van contra la ocasional víctima sino que constituye una falta de respeto barriobajera a la ciudadanía, otra más; en lugar de mensajes positivos se le da un nuevo empujoncito por la pendiente del envilecimiento social. Que es uno de los efectos colaterales de la particular soriasis que padecemos. El caso canario es, también y de momento, una anécdota pero no por el hecho de serlo resultan menos indicativo de lo poco que ofrece el PP al que se señala como responsable de la gracia.

El asunto no merece más comentario que el de dejar la debida constancia, así que acabo con la que tienen montada en Italia. La prima de riesgo italiana se ha disparado al máximo y con ella las apuestas españolas a ver quien es el primer mandarín en largar lo de "España no es Italia", lo que corresponde ahora. Dado que con anterioridad se dijo que España no era Grecia (ni Irlanda ni Portugal), casi se han agotado las referencias comparativas de lo que no es España por lo que ya es hora de que digan qué coño es; porque, queridísimos míos, es un fastidio andar por la selva de "mercados" y agencias calificadoras sin conocer la identidad patria y comidos por la impaciencia de cual de las dos velocidades de construcción europea (o de su deconstrucción, que también podría ser) nos toca. Ya no vale el "España es diferente" que acuñó Fraga cuando era ministro franquista de Información, ay, y Turismo.

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