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Podemos 1 - La casta 2

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Las formaciones emergentes comparten la crítica a la política realmente existente, a los partidos y sindicatos que han operado desde la transición y al funcionamiento de las instituciones. Pero, asimismo, tienen en común su transversalidad, su populismo y, con frecuencia, una valoración escasamente crítica de sí mismos que contrasta con la extrema dureza con que se refieren a los demás.

Cada vez estoy más convencido de que, en distinto grado, Podemos y Ciudadanos tienen en común muchos de los rasgos de las formaciones populistas. Que son, como se sabe, de muy distinto estilo en el ámbito europeo, desde el Frente Nacional francés al Movimiento Cinco Estrellas del italiano Beppe Grillo.

Populismo

Como bien señala Eugenio del Río en un extenso e interesante artículo publicado en la revista Página Abierta (¿Es “populista” Podemos?) estos rasgos del populismo serían, entre otros, los siguientes:

“- 1. La presencia de un hiper-liderazgo unipersonal. El objetivo es que sea percibido como encarnación no contaminada de las ansias de cambio y que sea considerado como propio por “el pueblo”, a diferencia de los políticos establecidos que son considerados como distantes y ajenos a “la gente”.

  1. Evitar insertarse en el sistema de representación izquierda-derecha, que ha recogido las grandes identidades socio-políticas en el último siglo. Se entiende que está superado. Hay que actuar transversalmente, uniendo a sectores sociales diversos con intereses sociales diferentes. Hay que atraer a personas de ideologías distintas.
  2. La necesidad de recoger y difundir las ideas máspopulares. Ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivospopulares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar.
  3. La eficacia en política está asociada a la repetición de unos pocos mensajes fundamentales.
  4. Se pone en pie una representación social dicotómica, muy simplificada. De un lado están las élites, el sistema político y el poder financiero; una pequeña minoría. Enfrente, el “pueblo”, la inmensa mayoría. Anti-pueblo y pueblo”.

Una de las expresiones de esa simplista representación social dicotómica es el recurso de Podemos a calificar de casta a poderes económicos y financieros, partidos políticos y sindicatos, así como a los militantes y dirigentes de estos; salvo los suyos, claro.

Cierto es que, poseedores en exclusiva del poder calificador, exoneran a quienes les conviene. Así, Jesús Montero, secretario general municipal en Madrid, asegura que el banquero Emilio Botín, fallecido en septiembre del pasado año, no debería ser considerado casta (“Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”, dijo;manda eggs, que quieren que les diga). Y, asimismo, otro líder, Luis Alegre, secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, otorgó indulgencias plenarias al ex ministro Ángel Gabilondo.

El castámetro lo deben tener averiado. O, a veces, se vuelve extremadamente laxo.

En Canarias, sin embargo, son mucho más exigentes. Casta debe ser todo lo que queda fuera del perímetro de Podemos y sus círculos. Así lo explican, sin sonrojarse, sus flamantes nuevos (¿nuevos?) dirigentes, verdaderas espadas flamígeras contra todos los que piensen distinto a la oficial línea ganadora en las Islas; incluso, a veces, se les va la mano y machacan sin piedad a sus propios compañeros y compañeras, los de corrientes minoritarias o no tanto (probablemente los de más profundas convicciones democráticas, los menos intolerantes, los más unitarios), desde un sectarismo reserva, envejecido en barrica desde los años setenta, tan bien retratado en La vida de Brian.

Sigue leyendo este texto en La Tiradera.

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