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Primeras Personas del Kalahari

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El pasado mes de septiembre, La República de Botsuana celebró el 50 aniversario de la independencia del país; pero los bosquimanos no tienen nada que celebrar. Llevan décadas de persecución por parte del gobierno, como si de una caza de brujas se tratara. En la fértil Reserva de Caza Kalahari Central (RCKC) han vivido toda la vida miles de indígenas sudafricanos hasta que, a finales de siglo, comenzaron las expulsiones por parte del gobierno de Botsuana. Entre los años 1997 y 2005 se produjeron tres grandes desalojos en los que se expulsaron a la mayoría de bosquimanos de la reserva mediante coacción, trasladándolos a campos de reasentamiento gubernamentales donde se convierten en víctimas del alcoholismo, la depresión y enfermedades como la tuberculosis y el SIDA. Esta cultura practica la caza y la recolección; el Kalahari Central representa para ellos su medio de supervivencia ancestral. Han vivido ahí miles de años, siendo sus antepasados los primeros habitantes del país y quizás de la región sudafricana.

El gobierno les ha prohibido la caza en todo el territorio nacional bajo el rótulo del conservacionismo; pero, a la vez, permite la caza de trofeos a las elites que desembolsan numerosas cifras por ello. “Sé cómo cuidar de las presas. Es por eso que nací con ellas, viví con ellas y todavía están ahí. Si vas a mi zona, encontrarás animales, lo que demuestra que sé cómo cuidar de ellos”, decía un cazador bosquimano.

Los indígenas han creado la organización First People of the Kalahari y han contado con la ayuda del movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas y tribales Survival International para enfrentarse a la represión del gobierno. Consiguieron llevarlo a los tribunales y ganar la batalla legal, reconociéndoseles, en 2006, el derecho a regresar a sus tierras; pero el gobierno se ha esmerado en impedir su retorno, llegando a sellarles el único pozo de agua de forma que atesoran dificultades con el acceso para sobrevivir en la reserva. Una vez más en 2011, el Tribunal de Apelaciones de Botsuana pronunció que los bosquimanos podían explotar su antiguo pozo de agua y perforar otros. No obstante, los impedimentos para que los autóctonos vivan libres y en paz siguen reinando. Hace unas semanas un helicóptero militar del gobierno disparaba a un grupo de bosquimanos que cazaba un antílope para sustentar a sus familias. Acusándoles de furtivos por cazar para sobrevivir. Además, el régimen de Botsuana ha vetado al abogado de los indígenas, impidiéndole la entrada al país, lo que supone una violación de la normativa internacional.

Como consecuencia, los aborígenes han padecido más opresión por parte de las autoridades; llegando a tener que presentar, al cumplir 18 años, permisos mensuales para entrar a la reserva a visitar a sus familiares. El Apartheid se repite como en otros muchos lugares del planeta, el comportamiento despreciable de las autoridades hacia una etnia es inhumano; pero el fondo nunca es tan simple: los planes del Ejecutivo en la Reserva del Kalahari Central son muy ambiciosos y es que la zona cuenta con un increíble yacimiento diamantífero valorado en más de 4 mil millones de dólares que están siendo explotados por la compañía británica Gem Diamonds. Asimismo, el gobierno ya ha dado licencia a una empresa de safaris para la ubicación de un alojamiento turístico en las tierras bosquimanas.

Los intereses económicos, bajo el paraguas del progreso y el crecimiento de las naciones, se interponen una vez más en la vida de los pueblos originarios. Los bosquimanos seguirán luchando por la emancipación de su etnia y por recuperar sus tierras atávicas hasta la victoria. El boicot turístico a Botsuana y la denuncia ante la opinión pública es la mayor ayuda que podemos brindarles a estos seres humanos destacados por la resistencia ante una administración despótica y tirana.

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