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En estos ciento treinta años "de honradez" tiene el PSOE, como es obvio, presencias y actuaciones clave en la Historia de España. Tristemente -por su quietismo en un país atrasado- se dejó comer el terreno por el anarcosindicalismo desde el último tercio del siglo XIX, con todo lo que ello significa de abono disperso radical-revolucionario, que le impidió articular una alternativa social y cívica de país frente al trinomio Iglesia-Banca-Ejército. Se dio cuenta tarde el PSOE del medio siglo que echó por la borda y cuando se puso la gorra de Lenin sobre la cabeza de Largo Caballero, el trinomio ya estaba más que rearmado para derribar a la Segunda República.

Viene esta historia del PSOE en dos párrafos a cuento de lo que vive el PSOE estos días. Al menos, aquí en Canarias. Pero también en el resto del Estado trinómico. Mientras Zapatero intenta aparentar una política distante al entente cordiale del Estado heredado del 18 de Julio, visualizada contra la Iglesia -del Ejército ya se encargó, a dios gracias, Felipe- pero sin meterle mano a la Banca -como sucede en el entorno europeo democrático-, aquí en Canarias le salen moscas cojoneras a Juan Fernando López Aguilar sin más argumento ese que dice que la distancia es el olvido y se me borró tu número de móvil de mi agenda.

Todo es mucho más sencillo. Aquel PSOE que entregó Madrid en 1939 sin disparar un tiro más -contra el PCE, sí-, que se diluyó en la paz de los cementerios, y que sólo renació por impulso alemán cuando Franco agonizaba, nutrió también sus filas de arribistas y camisas azules a los que les había llegado su segunda hora. Ha sido un partido tan heterogéneo, tan diletante entre el neoliberalismo de Boyer y Solchaga y la socialdemocracia de nuevo cuño sin temple ante el trinomio histórico, que sólo con la llegada del republicanismo de Zapatero ha podido salir de las catacumbas de sus miserias de los noventa. Sin meterle mano, todavía, a la Banca. Y levantando, aún así, todos los fantasmas trinómicos.

Y de Canarias, mejor correr un estúpido velo. Vale que JFLA se repite más que el chorizo de Teror, pero la ristra de ídems cuelga del cuello de sus voraces enemigos políticos. Vale que el PSC-PSOE haya sido siempre comparsa desde que Hermoso apuñaló a Saavedra en 1993, que se haya caído del guindo en Lanzarote por pactar con una "asociación ilícita para delinquir", que tenga predios cuasi áticos en Tenerife y La Gomera, que se junte en Gran Canaria con infieles en asuntos clave del manejo de lo público. Vale...

¿Pero qué quiere el PSOE, o para ser más concretos, las huestes de Saavedra a las que este lunes se une Pepe Segura, su seguro servidor? No es cuestión de montar otro Octubre, señores. Pero Canarias necesita algo más revolucionario y edificante que recomponer las tres patas políticas de un sistema podrido desde el mismo instante en que servidores públicos e intereses privados apestan a criollismo decimonónico.

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