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Viviendo por encima de nuestras posibilidades por Octavio Hernández

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Como consecuencia de que algunos jugadores decidieron romper la baraja, pecando de prudentes en medio de la locura del capital financiero descarriado, y gritaron que el rey va desnudo, que dónde está el traje, es decir, el valor de unos productos y las garantías de devolución de sus consumidores, toda la pirámide se ha venido abajo. Y ahora nos dicen que los Estados tienen que endosarnos el resultado de esa bancarrota? para que no vaya a peor, lamentan. A peor, la mejoría.

Afirmar que todos debemos pagar los platos rotos es algo más que un puro eufemismo, si pensamos que en aquellos tiempos en que el Secretario de Estado de Economía (con el Partido Popular), era a la vez representante de Lehman Brothers en España, los beneficios obtenidos en las transacciones con estructurados sólo cotizaban un 1 por ciento al Impuesto de Sociedades. Uno puede preguntarse, con razón, por qué a quienes sí pagábamos religiosamente nuestros impuestos se nos apalea con desempleo y rebajas salariales, y se recortan los servicios públicos que nosotros pagamos al fisco, por una crisis financiera producida por la avaricia de unos caraduras y sinvergüenzas que estaban exentos de impuestos por las enormes ganancias de ensueño que obtenían en la ruleta. La indignación está más que justificada.

Pero yo sitúo el debate en otro nivel. En Canarias, un ejercicio básico de análisis económico es pedir al alumno que mire a su alrededor, que salga a pasear si quiere, y que de lo que ve apunte en una columna qué se produce en Canarias, y en otra aquello que no. Hagan la prueba. El resultado necesita pocos comentarios. La situación no es nueva, en los años 30 recuerdo un artículo de la revista Mercatura de Madrid en el que se clamaba al cielo porque en las islas importábamos ¡hasta la paja!, de Italia, creo. Nuestra economía ha sido construida sobre la circulación libre de mercancías, que a su paso por las islas financian mediante tasas con diferencial favorable las administraciones públicas locales, favorecen el comercio y nivel de vida interno, y no crean problemas a las metrópolis que producen y comercian el género que se vende o pasa por aquí, a la vez que desincentivan que nosotros tengamos una economía productiva y se nos ocurra pedir la independencia. Por eso somos una colonia y estamos como estamos. No me cuento entre quienes intentan elogiar el REF como una peculiaridad de la identidad canaria. Más bien, creo que es propio de la identidad española, porque está diseñado y aprobado a la medida de su soberanía, no de la autonomía económica y productiva de los canarios. Y si hablo de trabajos y salarios de contenido ficticio es a esto a lo que me refiero. La mayoría de los canarios somos ajenos al movimiento económico de Canarias. Se nos paga para "mantener nuestras constantes vitales", para que nos mantengamos fuera del negocio externalizado y sostengamos el consumo que mueve el comercio interno. Poco más. No somos dueños de nuestro destino, cosa que antes de 2008 era bastante soportable, incluso deseable para muchos, pero que, con lo que nos aguarda por delante, nadie va a poder ocultar esa desapoderada sensación de estar viviendo en las nubes, pendiendo de un hilo que no movemos nosotros, y sin paracaídas.

Pero no es esto lo fundamental de mi respuesta a Viéitez. El problema yo lo veo en que en el mundo está pasando algo parecido a eso con Estados Unidos y Europa, que han convertido en metrópoli productiva a China, Japón y la India. Hace dos años, Fareed Zacharia, redactor de Newsweek, se convirtió en "gurú" de un nuevo optimismo norteamericano, precediendo al triunfo de Obama, con su libro The post-American World. En síntesis, él decía que la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en el mundo solamente es real en un plano simbólico: los mayores exponentes del simbolismo norteamericano de la sociedad opulenta ya no están en Norteamérica, la mayor industria cinematográfica está en la India, el mayor edificio en Taipei y Dubai, el mayor casino en Macao, la mayor empresa en Pekín, etc. Sin embargo, lejos del desánimo, Zacharia oponía poderosos argumentos para el optimismo: en biotecnología, nanotecnología, nuevos materiales, astronáutica, y una decena más de campos punteros, los norteamericanos, argumentaba, tienen el liderazgo mundial y es difícil que lo pierdan en el futuro. Ocho de las diez mejores universidades del mundo son norteamericanas. Sin embargo, al mismo tiempo admitía que ese liderazgo no se debe a la inversión en educación, sino a la política de inmigración: en 2010, señalaba, el 75 por cien de todas las licenciaturas universitarias en Estados Unidos se concederán a estudiantes extranjeros. La mitad de los investigadores son venidos de fuera. Ofrecer oportunidades y facilidades atractivas para que expertos extranjeros se establezcan en Estados Unidos se ha convertido en la principal política de I+D+I en Norteamérica. Y por eso, Zacharia subestimaba el hecho de que en un año se gradúen en China e India 750.000 ingenieros, por 70.000 en Estados Unidos.

Desde luego, quien no se consuela es porque no quiere, pero en mi opinión la inflexión asiática del know-how es un camino sin retorno. El gurú no daba los datos de los estudiantes extranjeros que se gradúan en las universidades norteamericanas, pero trabajarán en sus países de origen, detalle que no es nada nimio. Tampoco ofrecía información de la sede ejecutiva real de los fondos que financian ese sistema educativo puntero. En cambio, sí reconocía que el sistema productivo industrial post-fordista en Estados Unidos se ha vuelto poco competitivo y costoso, caso claro de la industria del automóvil.

Esta misma semana, Obama tiene una difícil papeleta en el Congreso con un paquete de 35.000 millones de euros que, es curioso que la prensa española no se haya hecho eco, constituye una imitación pura y dura del plan E de Zapatero. Obama copia a Zapatero para sostener el músculo público local y poder pagar los sueldos de bomberos, policías y? maestros, en los Estados federados y condados. El mes pasado, solicitó otros 17.000 millones de euros para pagar subsidios de paro. ¿Esto no es lo contrario de lo que se está haciendo y exigiendo en la Unión Europea? ¿En manos de quién estamos y está, literalmente, Zapatero? ¿Acaso el porcentaje de PIB del déficit público de Estados Unidos no es disparatadamente más alto que el español? Pero, fíjense, su adjunto Rahm Emmanuel declaró el sábado al Washington Post sobre este Plan E a la americana que: "Mientras unos dicen que tenemos que gastar y otros piden recortar el gasto, el presidente Obama quiere hablar tanto de recortes como de inversiones". Me rasco la coronilla y digo: ¿esto no es lo que estaba haciendo Zapatero y por lo que es atacado en la prensa europea a coro con la bancada pepera? Es raro que nadie haga la comparación.

Pero a lo que vamos: Estados Unidos en 2010 no es ya el que prometía Fareed Zacharia hace solamente dos años. Norteamérica compra un cuarto de las exportaciones chinas, de las que menos de un 10 por ciento son productos de consumo típicos del Made in China. Por el contrario, China apenas importa un 6 por ciento de las norteamericanas. Y esta situación va a seguir así: es un declive continuo. Ante el último Informe del Banco Mundial, El País publicó una noticia desacreditando a los redactores por poner a España entre los PIGS, basándose en datos falseados. Sin embargo, hay que leerse el Informe para entender cosas más interesantes: "China ha sido el primer impulsor de la demanda de metales durante la última década. Su consumo de los principales metales básicos (aluminio, cobre, plomo, níquel, estaño y zinc) se ha elevado aproximadamente un 17 por ciento anual, mientras la demanda en el resto del mundo ha caído un 1,1 por ciento al año". En la relación de la deuda pública con el PIB, tenemos en el extremo negativo a Estados Unidos, Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia, Francia? y en el extremo positivo a China, Indonesia, Venezuela?

Indicadores como estos señalan un declive del polo tradicional occidental y un cambio en la polaridad global a favor de Asia. En este sentido nuestros países, y nosotros en ellos, sí hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. Y esto es lo que se acaba ahora.

Pero hay más. Es curiosa la respuesta de González Viéitez, porque él está dispuesto a reconocer que esta polémica afirmación es cierta en términos de coste medioambiental, pero sorprendentemente olvida el coste humano. Este es el núcleo de mi argumentación, pero él la obvía: parecería que le importan más "los lagartos que las personas", como les gusta decir por aquí a los prebostes del caciquismo, o más correctamente, da la impresión de que el coste ambiental no lo entiende en términos de supervivencia y calidad de vida humana como daño principal a tener en cuenta. Claro, si reconociera esto se le vendrían encima un buen número de estadísticas sobre desigualdad social hemisférica, evidenciando que nuestros Estados de Bienestar no se han edificado solamente sobre nuestro esfuerzo, sobre las luchas sindicales, ecologistas, ciudadanas, etc. sino han dependido más del sufrimiento de tres cuartas partes de la humanidad. Decir esto hace dos años sonaba demagógico, pero ahora no se puede ignorar porque es el polo de poder, y no sólo el de miseria, el que se está trasladando a las chimbambas como corolario de la deslocalización de la base industrial de nuestros Estados del Bienestar. Reconocer esto en el marco de la discusión planteado es incómodo y desagradable. Como cuando los noruegos se cayeron del guindo al descubrier un día que su Estado de Bienestar modélico admirado en toda Europa era sostenido con unos fondos de pensiones invertidos en la especulación de actividades lucrativas que faltaban a todos los principios éticos elementales: fabricantes explotadores de niños, empresas contaminantes, armamentísticas, compañías vinculadas al tráfico de drogas y de personas, a la extracción esquilmadora de recursos naturales?

En mi respuesta a González Viéitez he pretendido poner sobre la mesa de discusión este otro nivel de la realidad. No niega el nivel en que él expresa su crítica, pero eleva el campo de visión para ver también unas injusticias y desarrollos del mundo de los que formamos parte, y la posición de Canarias y de nosotros mismos ante ellos, y se están dejando de lado porque ridiculizarían algunas de nuestras preocupaciones y tomas de posición frente a la patronal, a la banca o a los recortes gubernamentales. Que no se pueden ni deben ignorar si realmente queremos afrontar la verdad de cómo hemos llegado hasta aquí.

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