eldiario.es

Menú

La caja registradora

- PUBLICIDAD -

Una vez blindada la construcción de más camas turísticas a través de la moratoria, el Gobierno acudió de nuevo a la trampa: creó las denominadas “excepciones”; para ello el empresario que deseara colocar más camas en el mercado tendría que pasar primero por el filtro del cabildo correspondiente, después por el del Ejecutivo y, por último, por el Parlamento. Es decir, otra vez el cuento de las cajas registradoras. El que no juega no gana; el que no entiende de que va se queda fuera; el que no arriesga no canta el bingo. Así las cosas, ¿de qué se queja el universo conservador si al final todo es la consecuencia de una manera clientelar de gobernar, de un intervencionismo feroz que sólo se puede saltar mediante actuaciones particulares conlindantes con la irregularidad institucionalizada? Resulta que el boomerang da la vuelta y ataca a los inventores del jeroglífico. ¿Y qué esperaban? Se han acomodado tanto a una forma perversa de comprender la política que han mutado lo extraordinario en normal. Y era de prever. Empezó con los asaltos a la Caja de Canarias y a la UD Las Palmas, con los repartos del Istmo y del gas, y siguió con la moratoria, los concursos eólicos, y todas las trapisondas que se hacen bajo el manto del poder. El político llama al empresario, le dice cuál es su papel en la obra, le añade cuánto va a ganar y, por último, le señala el camino de la caja registradora. Los empresarios no seleccionados, o que se manifiesten en contra, sencillamente quedan despedidos de cualquier actuación favorable. No pasarán por la caja registradora, pero tampoco obtendrán del sistema nada a cambio. Las escuchas telefónicas delatan la selva de una situación infernal. Un sistema podrido en que igual se compran votos, que se persigue a policías para extorsionarlos, que se cobran comisiones elevadísimas, que se practica la ley del embudo en los lugares más nobles e insospechados. Los empresarios sienten que la tierra se abre ante sus pies y tienen razón cuando se quejan de una caza indiscriminada. Unos se han aprovechado más que otros de la situación, pero la generalidad sufre un acoso que va contra los intereses del PIB. Varias multinacionales ya comunicaron a sus representantes que paralicen sus obras hasta después de las elecciones, e inversiones cuantificadas por encima de los 200 millones de euros empiezan a cuestionarse al convertirse Canarias en un lugar donde a cada día que pasa se solidifica la inseguridad jurídica. El riesgo a que la locomotora del crecimiento descarrile, frene, y se pierdan abundantes oportunidades de negocios lícitos, está ahí, a la vuelta de la esquina. Miremos hacia un gobierno débil y capcioso. Y miremos hacia los oportunistas que transformaron sus empresas en pesebres del poder. Y también mirémonos dentro de nosotros mismos y reconozcamos que siempre pensamos que esta noria de funcionamiento arbitrario no iba a terminar de dar vueltas jamás. De alguna manera se acostumbraron a pasar por la caja registradora y a no protestar.

Francisco J. Chavanel

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha