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La gran marina

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La Gran Marina, para los cerebros mínimamente dimensionados, es lo menos que se despacha. Ocupar el puerto pesquero para hacer un puerto deportivo relegando la tráfico interinsular de pasajeros al dique de la Esfinge es una operacion hija de la fragmentación. Estoy por afirmar que si a los arquitectos estrella se le hubiera puesto a disposición el litoral de la ciudad, se hubieran revelado contra el intento de hacer una postal en un sitio tan concreto. Ubicar el muelle deportivo que da nombre al fiasco de forma que las embarcaciones de recreo salgan de la bahía por medio de un tinglado de contenedores y grúas tiene al menos el contraatributo de la falta de sentido común. Hablar de la Gran Marina es hablar de su coste de oportunidad, esto es, de tantas cosas grandiosas que podrían alumbrarse al socaire de esa oportunidad. Las Palmas de Gran Canaria no puede perderse esa oportunidad. Repensar la ciudad como alternativa a colgarse un aderezo reducible a una pulsera. De plástico, como la gran marina. Una gran idea menos.

José Francisco Henríquez

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