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La memoria histórica de Alemania

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Regreso de Alemania, que creo es un ejemplo democrático tras la Segunda Guerra Mundial, y de nuevo una de las cosas que más me han impresionado y agradado es la memoria histórica que aplican los alemanes a todo el pueblo y especialmente a los niños, y que ya comprobé en Munich.

Berlín es una ciudad muy completa y sugerente en todos sus aspectos, incluso tiene un gran río, el Spree, por donde se puede viajar y hay una enorme cantidad de cruceros turísticos, digo esto porque a mí los trenes y los ríos me encantan por variar de las guaguas y barrancos canarios, y a mucha honra los que tenemos en la Isla querida, pero en Berlín no sólo hay un río, sino que además tiene siete lagos con sus correspondientes playas de arena blanca en donde nos bañamos en el de Mügelsee, disfrutando de un magnífico día de sol, y comimos en uno de sus múltiples chiringuitos. De la Eurocopa vivida en Alemania me han dicho mis amigos alemanes que no escriba mucho, pero presencié en una Bierhaus (enorme cervecería con siete pantallas de TV gigantes) el Francia-Alemania, y no les cuento las caras de tristeza de mis amigos berlineses al perder su selección, y también la mala cara de mi nieto Miguel que quería que ganara Alemania. Dicho de paso que Portugal haya ganado la Eurocopa, clasificándose tercero de su grupo y siendo el rey de los empates en las siguientes eliminatorias, confirma la grandeza y la miseria del fútbol, en este caso lo segundo.

No me gusta hablar de viajes particulares, pero si en esta ocasión lo hago es por el gran ejemplo que he vivido una vez más de cómo los alemanes mantienen en vigor la memoria histórica, y ya en el campo de concentración de Dachau, en Múnich, hace tres años, me sorprendí al ver entrar al mismo tiempo que lo hacía a unos 50 niños de trece o catorce años, creo que eran de dos clases de un colegio, y la amable profesora me explicó en mi inglés de cambullonero que a todos los niños alemanes se les lleva a los campos de concentración nazis para que vean los horrores de Hitler, y que eso no debe ocurrir jamás. “Es obligatorio dos visitas en el curso, y se les explica todo lo que hacían las SS y la Gestapo nazi, las torturas, los asesinatos, la muerte en la cámara de gas, o también se mataban a los prisioneros de hambre o de palizas”, me decía la amable profesora. Ahora en Sachsenhausen, el campo de concentración en las afueras de Berlín, idem de lo mismo incluida la espantosa cámara de gas, con la diferencia que Dachau se construyó en 1933 apenas llegado Hitler al poder, y el de la capital alemana en 1936, que fue construido precisamente por prisioneros políticos, judíos y gitanos de Dachau y otros campos de concentración existentes en toda Alemania.

Cuando en Dachau vi a aquella joven profesora explicándoles a sus discípulos los horrores del nazismo, me acorde de que en España no se les explica a los niños los horrores del franquismo, al contrario, se les ha ocultado hasta hoy mismo. A los niños grancanarios a partir de los trece o catorce años habría que llevarles al campo de concentración de La Isleta, a la Sima de Jinamar, a los pozos de Arucas, a la Mar Fea, y otros lugares de represión y muerte ocasionados por los fascistas/falangistas/franquistas durante la horrorosa represión de la dictadura de Franco, y explicarles todos esos hechos históricos para que no se vuelvan a repetir jamás. Mientras que a mi generación, los maestros franquistas nos llenaban la cabeza de bichos rojos, y cuando en una clase había una algarabía el maestro casi siempre decía “¡esto se parece a una república!”, con lo cual el mensaje subliminal y hasta sublimítico te llenaba el cerebro de burbujas anti rojas. Pues bien, los niños canarios no saben todavía que hicieron los falangistas en la Sima de Jinamar y los pozos de Arucas a partir del 18 de julio de 1936.

Pero en Alemania, aparte de la puntualidad, hay que resaltar varios aspectos, uno de ellos la enorme lucha contra la corrupción, hasta el punto que todo un Presidente de la República, Christian Wulff, Jefe del Estado equivalente al actual en España, Felipe Borbón, tuvo que dimitir del cargo por disfrutar de unas vacaciones pagadas en una isla en el Báltico, por recibir un chalet de un empresario amigo, y por obtención de créditos privados en condiciones ventajosas. Con respecto al gobierno actual, en Alemania ahora mismo hay una “gran coalición” entre la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia, estando en la oposición La Izquierda, Los Verdes y los Liberales, aunque estos últimos están en una profunda crisis. La Izquierda, los antiguos comunistas, gobiernan en el länder (Comunidad Autónoma) de Turingia, en alianza con los socialdemócratas y Verdes. Según las últimas encuestas de cara a las elecciones generales de 2017, Ángela Merkel lo tiene complicado ante una posible alianza de socialdemócratas, la Izquierda y los Verdes, que pondría a la CDU (Democracia Cristiana) en la oposición. Si hablaba de la puntualidad alemana es que me impresionó a nivel de estructuras y personas. En Berlín los transportes públicos están compuestos por metro, tren, tranvía y guaguas, y lo sorprendente es que hasta las guaguas pese al tráfico de las calles, son puntualísimas. Y cuando una persona se cita con otra, si una llega aunque sea unos minutos tarde, la expresión “tut mir leid" (lo siento) no puede faltar. Pero como en Múnich, la memoria histórica en Berlín está presente en monumentos, símbolos, estatuas, etc, y en el Monumento a los soldados soviéticos caídos en la toma de la cancillería de Hitler, más de siete mil, me quedé impresionado. Aquí en España los fascistas sólo han contado que España es una unidad de destino en lo universal, por el Imperio hacia Dios y prietas las filas y firme el ademán. Sus crímenes los han ocultado hasta ahora con el consentimiento y hasta el aplauso del PP y el silencio del PSOE, que especialmente en los años del felipismo pudo hacer alguna cosita para impulsar la memoria histórica.

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