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Que cada palo aguante su vela

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Viene esto a cuento de la ex alcaldesa Luzardo. Es cierto que Jerónimo Saavedra ha decepcionado a muchos de sus votantes. Aunque no deja de ser verdad que recibió, precisamente de Luzardo, un legado que no hay por donde coger, ya no sirve esto para excusar los errores cometidos; ni siquiera admitiendo que la crisis ha aumentado las dificultades hasta extremos difíciles de gobernar. Estas circunstancias no disculpan pero han de tenerse en cuenta para ponderar lo que hay.

No es de recibo, a eso voy, que Luzardo ande por las esquinas dando lecciones de buen gobierno y de mejor hacer, como si el ejercicio de la oposición no necesitara, en su caso, una dosis considerable de autocrítica.

Creo, qué quieren que les diga, que a Luzardo le faltan unos cuantos hervores. Es la primera explicación que se me ocurre cuando embiste contra Saavedra sentando doctrina, primero sobre su manera de gestionar los problemas que ella y Soria, no lo olvidemos, dejaron y después, en una segunda fase como si los millones de euros en rojo que tienen al Ayuntamiento sin apenas capacidad financiera, los hubiera generado el actual alcalde y no el PP. Poca vergüenza es la figura.

La cuestión es que cuando leo o escucho las cosas que larga la ex alcaldesa me pregunto si nos toma por bobos. Sé, por lo que llevo observado, que la estrategia del PP es estar entre la media verdad, la franca mentira, el ocultamiento y demás, como se ha visto con el caso Gurtel, por ejemplo. Es una consigna, que el propio Rajoy ha formulado en alguna ocasión. Confían los peperos en la desmemoria de la gente, pero olvida Luzardo la conveniencia de dejar pasar algo de tiempo para que les funcione. Lo que no ha hecho pues se lanzó al cuello de Saavedra demasiado pronto, con lo que impidió que nos olvidemos de su desastrosa etapa en la alcaldía. "¡Qué josico para un consejo!", me comentó un taxista que llevaba puesta la radio en la que la ex alcaldesa hablaba sin tino de lo que debía hacerse y no hizo cuando podía. No ha comprendido que la desmemoria es un mecanismo de autodefensa para borrar de nuestras mentes (o al menos no tener tan presente) aquello que preferimos no recordar. Como digo, hay que darle tiempo al olvido.

Puede ocurrir, faltaría más, que la referida falta de hervores de Luzardo le impida, por la misma ansiedad de volver a la alcaldía, apreciar estas sutilezas. Pero también es posible que le engañe la facilidad con que se articulan las protestas contra las ocurrencias de Saavedra, de las que me ha llamado la atención la de una asociación vecinal que protestó contra las anunciadas subidas de impuestos municipales y anunció grandes movilizaciones; cosa que se le agradece porque a mí tampoco me gusta pagar más, pero que mosquea, en este caso, dado el silencio que guardó esa misma asociación cuando el PP decidió varias subidas, entre las que creo recordar, maldita desmemoria, la del IBI. No es difícil adivinar por dónde respira la dicha asociación; con toda la legitimidad del mundo si no se arrogara una representatividad general de la que carece.

Quiero decir que por muchos errores que cometa Saavedra, es difícil que genere nuevas situaciones como las que heredó. Lo que ya es bastante, no crean. En esto, como en tantas otras cosas, cada palo ha de aguantar su vela y las críticas a Saavedra deben tener en cuenta, también, lo que fue la alcaldía de Luzardo para comprender que se equivocan quienes crean que es ella la única alternativa posible cuando en realidad no es ni alternativa. Esa creencia, a mi entender, indica que el verdadero problema estriba en que no acaban de perfilarse líderes de futuro. Aunque los haya que apuntan maneras. Entre los que no incluyo, Dios nos libre, a Australia Navarro, la favorita de Soria para sustituir a Luzardo, según dicen. No sé si será peor el remedio que la enfermedad, pero sí que mejor no es.

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