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Pablo Gargallo, el genio del vacío

LA OBRA DEL ESCULTOR ARAGONÉS SE EXPONE EN BARCELONA

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Más de un centenar de obras vanguardistas de Pablo Gargallo (Maella, Zaragoza, 1881-Barcelona, 1934), de los años veinte y treinta, se exhiben en el palacio de la Pedrera, de Barcelona, ofreciendo una visión del escultor aragonés que lo consagra como uno de los grandes renovadores de esta disciplina artística en el siglo XX, y una figura clave en la evolución de la escultura contemporánea. La muestra, fruto de la colaboración de múltiples museos y colecciones de todo el mundo, busca destacar la convivencia de las dos tendencias fundamentales del universo del escultor: la clasicista y la vanguardista.

La exposición ha sido comisariada por Rafael Ordóñez Fernández, máximo especialista español en la obra de Gargallo, y reúne 78 esculturas, 16 dibujos y 11 cartones en los que se evidencia la dualidad de planteamientos que caracterizó de la trayectoria del esucltor, por una parte, una línea de estilo clasicista e influencia modernista, y por otra, obras de carácter innovador y de raíz vanguardista.

Ordóñez sostiene que "los trabajos de repujado de metales llevaron a Gargallo a valorar el grado de proximidad de estos oficios con la escultura y a sopesar las posibilidades que le ofrecían diversos materiales poco valorados hasta entonces, como el hierro, el cobre o el plomo".

El itinerario expositivo comienza con algunos de sus primeros dibujos, como Desnudo recostado (1900) y de sus esculturas clasicistas, entre ellas Leda (1903), así como su primera obra en chapa de cobre, Pequeña máscara con mechón (1907), o una serie con Greta Garbo de protagonista, y de sus esculturas clasicistas, entre ellas Leda (1903), así como su primera obra en chapa de cobre, Pequeña máscara con mechón (1907).

Joven de pelo rizado (1911) ilustra su primera época del cobre (1910-11) en la que realiza algunas máscaras esenciales, vigorosas y a un tiempo muy delicadas, en cuyo volumen convexo ya suprime la materia correspondiente a los globos oculares y vacía levemente los labios.

Después de un breve intermedio centrado en el plomo, Gargallo cultivó una segunda etapa del cobre, en la que comienzan a ser habituales las figuras de cuerpo entero, cuya estructura básica visible se basa en planos axiales y líneas de tensión y movimiento, con unas masas de volumen que ya no son convexas sino cóncavas y que se han vaciado de todo lo que no recoja la luz.

Pequeña bailarina española (1927) marca el inicio de la invasión completa de la luz, al incorporar por vez primera el vacío total perpendicular al punto de vista frontal y al estar exquisitamente construida sin el brazo izquierdo.

Sin dejar de cultivar su clasicismo fundacional, Gargallo entra a partir de 1929 en la época del hierro, período en el que destaca en la exposición su Gran profeta (1933), obra considerada por la crítica como el momento culminante de la escultura española del siglo XX.

La realización de esta muestra ha contado con el asesoramiento de Pierrette Gargallo, hija del artista, a quien se entrevista en un audiovisual que forma parte de la exposición.

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