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Canarias, con un 3,73% del total nacional es una de las comunidades autónomas que emiten menos CO2 a la atmósfera

SANTA CRUZ DE TENERIFE

Canarias, con un 3,73 por ciento del total de emisiones de dióxido de carmono, es una de las comunidades autónomas españolas en las que menos gases de efecto invernadero se emiten a la atmósfera, según ha aseverado el Gobierno de Canarias en un comunicado. En ese sentido, con los últimos datos recogidos, correspondientes a la actividad desplegada durante el año 2007, el total de toneladas de dióxido de carbono equivalente por habitante alcanzó la cifra de 8,1.

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SANTA CRUZ DE TENERIFE, 20 (EUROPA PRESS)

Canarias, con un 3,73 por ciento del total de emisiones de dióxido de carmono, es una de las comunidades autónomas españolas en las que menos gases de efecto invernadero se emiten a la atmósfera, según ha aseverado el Gobierno de Canarias en un comunicado. En ese sentido, con los últimos datos recogidos, correspondientes a la actividad desplegada durante el año 2007, el total de toneladas de dióxido de carbono equivalente por habitante alcanzó la cifra de 8,1.

Ello sitúa al archipiélago en el sexto lugar entre las regiones menos contaminantes, una lista que encabezan Madrid y las ciudades de Ceuta y Melilla, con valores inferiores a 5 en los dos primeros casos y un poco superior a esa cifra en el tercero. En todo caso, en el caso canario no se ha tenido en cuenta la relevancia que supone el elevado número de turistas que acuden a las Islas anualmente, lo que incluso reduciría aun más la media por habitante.

Por el contrario, la comunidad con valores más altos de emisiones fue Asturias, que registró 31 toneladas, seguida de Aragón y Castilla y León, que sobrepasaron las 17. La media nacional, por su parte, quedó fijada en 9,8 toneladas. En lo que hace al porcentaje del total emitido de gases de efecto invernadero, Canarias únicamente representa el 3,73, lo que la sitúa en un punto intermedio del conjunto del país. En este aspecto son las ciudades norteafricanas las que ofrecen valores más reducidos y Andalucía y Cataluña las comunidades más contaminantes.

Las estadísticas también recogen otros valores referidos a las emisiones de cada región comparadas con las que se obtuvieron en 1990, considerado internacionalmente como el año base sobre el que establecer las referencias. En este caso, nuestra comunidad ha incrementado sus cifras en 95 puntos, mientras que la media nacional se eleva a 53.

Ello se interpreta como un signo del desarrollo experimentado por las islas durante más de tres lustros y en ningún caso como una tendencia que deberá continuar. Además, es preciso tener en cuenta la condición archipielágica, que conlleva la existencia de centrales eléctricas en cada una de las islas, necesarias para prestar un suministro energético que en otras regiones tienen una densidad mucho menor sobre el territorio.

LA ESTRATEGIA

De esa manera, con el fin de controlar las emisiones y reducirlas se ha puesto en marcha en el archipiélago la Estrategia Canaria de Lucha contra el Cambio Climático, que ha sido elaborada por el Gobierno autónomo. Esta iniciativa está coordinada por la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático y contempla numerosas acciones dirigidas reducir las causas que provocan las alteraciones climáticas anormales y a mitigar sus efectos.

En ese plano, ya se ha acometido la realización de proyectos destinados a la educación y sensibilización de la sociedad isleña sobre ese fenómeno y se emprende la puesta en marcha de un plan de mitigación, que se verá complementado posteriormente con otro específico de adaptación a las nuevas condiciones planteadas por las circunstancias globales.

En ese contexto, el cambio climático en Canarias podría producir una serie de impactos negativos relacionados directamente con sus propias características geográficas y su lejanía. De esa manera, se vería afectada en primer lugar su biodiversidad, debido a la reducida dimensión de los ecosistemas y la alta endemicidad.

Asimismo, también se mermaría la capacidad de obtención de energía por el encarecimiento y la inseguridad de la producción convencional basada en materiales fósiles. Igualmente, se producirían efectos contrarios en ámbitos como el transporte, con incremento de costes, lo que generaría derivaciones en otros campos como la actividad agraria o el turismo.

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