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El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora

Presidente desenfocado

Fernando Clavijo, en el programa de 'El Foco' de la Televisión Canaria

Carlos Sosa

En la Punta del Hidalgo hay un restaurante que se llama El Abogado. El nombre rinde tributo a un histórico alcalde pedáneo que por lo visto hizo mucho por ese pago lagunero y que, aun careciendo de la formación académica específica, se expresaba con tanta ampulosidad leguleya que se hizo acreedor del nombrete: el abogado. Fernando Clavijo, alcalde-presidente del Gobierno de Canarias, va camino de merecerse el nombre de un restaurante. Y nada más. No tiene ni la más remota idea de lo que habla, lo que indefectiblemente conduce a pensar que tampoco sabe lo que hace.

Su última aportación a su particular galería de disparates la profirió este domingo a través de una entrevista en uno de los periódicos que le cuida y le protege, El Día, con la justa reciprocidad a través de los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma y de las instituciones vinculadas al clavijismo. El disparate fue pronunciado como es norma en el contexto adánico de esa línea divisoria que pretende marcar entre lo ocurrido hasta ahora y lo que puede dar de sí un Gobierno tan audaz como el que preside. Él y solo él, tocado por un don irrepetible, puede quebrar las desdichas a las que hemos estado condenados estas dos últimas décadas, porque hasta ahora nadie sabía hacerlo como él, aunque sus antecesores fueran de su mismo partido. Eso da igual, ha llegado el redentor y tenemos que rendirnos ante la evidencia.

Está tan tocado por la fortuna que lo que para todo el planeta es una tragedia, para los canarios, gracias por supuesto a su intercesión, es una bendición del cielo. Resulta desolador leer que a Fernando Clavijo le parece que la política de migración de Donald Trump, o por ser más concretos, su enfrentamiento directo con México, puede abrir una ventana de oportunidad a Canarias para captar al turista estadounidense que veranea en la Riviera Maya, en Cancún, en Puerto Vallarta o en Punta Cana o Costa Rica.

Es una de esas ocurrencias propias de alcalde pedáneo en una tarde de rones en la tienda de la pedanía. “Estamos trabajando en ello”, llega a sostener en su respuesta al periodista, como El Abogado habría dicho a sus convecinos de la Punta del Hidalgo para rellenar el espacio denso que deja el silencio. ¿Trabajando en qué? ¿Acaso Canarias está haciendo una campaña de captación de turistas en Estados Unidos pretendiendo que los americanos cambien el Caribe por Canarias? ¿El plan de negocio lo ha hecho el presidente del Gobierno creyendo que el muro que Trump pretende levantar en la frontera con México también afecta al espacio aéreo y que, a mayor abundamiento, se prohíbe el turismo hacia Latinoamérica?

Ninguna de las boutades de Fernando Clavijo debería sorprendernos a estas alturas. En los veinte meses que lleva como presidente de Canarias le hemos oído proferir unas cuantas, cada cual más disparatada. Su primera salida de tono fue la propuesta de nueva Ley del Suelo que ni estaba ni se le esperaba. No habitaba ni siquiera en el programa de gobierno que acababa de firmar con el PSOE. Con esa iniciativa legislativa, con la que solo se pretende dar satisfacción a un sector empresarial ávido de la liberalización del suelo, el alcalde-presidente ha dicho que pretende captar muchas inversiones, millonarias inversiones, y por supuesto, proteger todavía más el territorio. Da igual que desaparezcan los controles de legalidad previos al planeamiento, o que este pueda quedar anulado o supeditado a una inversión estratégica que él considere que debe prosperar.

Luego saltó con la majadería del Fondo de Desarrollo de Canarias (Fdecan), dotado con los dineros del extinto IGTE. En total, 160 millones de euros al año con los que ha prometido “cambiar el modelo económico de Canarias”, es decir, ir sustituyendo el turismo, que supone más del 30% del PIB de las Islas, por un plan de inversiones que básicamente contempla marquesinas, rotondas y, por supuesto, inversiones ingentes en publicidad en los medios de comunicación afines al régimen.

Todo ello, si se fijan, constantemente supeditado a los deseos de los más poderosos sectores empresariales de las Islas, representados en su entorno por el presidente de la patronal tinerfeña, José Carlos Francisco, que le asesora (por llamarlo de algún modo) en todo, y por el Círculo de Empresarios de Gran Canaria, que ya le ha colado dos consejeros, el de Economía, Pedro Ortega, y el de Sanidad, José Manuel Baltar.

El control de los medios

Para conseguir que su delirante desempeño no le pase factura mediática, Fernando Clavijo aplica desde el principio de su mandato la misma filosofía de compra de voluntades que puso en práctica en cuanto se hizo con la alcaldía de la ciudad de La Laguna. Cualquiera que le pregunte por esa deriva tan descarada se arriesga a recibir una respuesta airada del presidente: hago lo que me da la gana, que por algo esos medios me apoyan.

No se crean, por lo tanto, que El Día llevó a titulares de portada su afirmación sobre Trump para dejarlo en ridículo. En realidad tanto Clavijo como el periódico que alguna vez fue el faro de Nivaria y del independentismo tinerfeño creyeron conveniente y hasta positiva esa reflexión del alcalde-presidente sobre las políticas transfronterizas del nuevo presidente estadounidense. Ya metidos en la hipocresía de aprovecharnos de la desgracia de los países mediterráneos, ¿qué más daba alargar la mala baba hasta el Caribe?

Pero El Día no está solo en esta operación financiada con fondos públicos. Ya le gustaría. Hay unos cuantos más y donde algunos de ellos confluyen es en la Radiotelevisión Canaria, más concretamente en el regreso de la productora de referencia, Socater.

Muerta y enterrada la etapa de Willy García, aupado por Paulino Rivero, y sometido el exdirector general del ente público a un proceso judicial de agárrate y no te menees, ha llegado el turno de los que siempre se creyeron con el derecho de ser los dueños también de la radio y la televisión públicas de Canarias.

Los procedimientos de contratación tan criticados antaño siguen siendo los mismos, lo que prima es forrarse, hacer programas de alto presupuesto con unos costes mínimos y, por encima de todo, llevar a Clavijo y a los suyos permanentemente bajo palio.

El ejemplo más vergonzoso lo estamos viendo en el programa El Foco, colocado en la parrilla de Televisión Canaria cada jueves a partir de las 21:30. Con un coste por programa de más de 38.000 euros, la productora lo propuso como una copia de La Sexta Noche, el único programa de corte político que triunfa ahora mismo en la televisión de España.

Lo que en un principio se iba a llamar El Mentidero llevaba incluso los colores identificativos del programa de Atresmedia, esto es, el verde y el negro. Y con elementos tan propios como las famosas pizarras en las que se explican o se confrontan posiciones.

Es la apuesta principal de la nueva etapa de la Radiotelevisión Canaria de Santiago Negrín, el presidente siempre en el alero del consejo asesor de RTVC. Y sin embargo, no ha alcanzado jamás el 4% en los cuatro programas emitidos hasta el momento, es decir, un punto y pico por debajo de la media de la cadena, que ya es decir.

Lo produce Socater en un plató de Mediareport, la empresa de Enrique Hernándis, la pata tinerfeña de la productora, participada a su vez por Editorial Prensa Canaria y por el Grupo Prisa. Se hace con unos medios propios del siglo XX, tanto en lo que respecta a cámaras como a iluminación y sonido, por no mencionar aspectos como la rotulación, que falla como una escopeta de feria, o una redacción tan poco experimentada que no da un dato al derecho ni equivocándose.

Solo los presentadores, especialmente Roberto González, están a la altura y salvan la cara con nota.

La audiencia no ha terminado de enganchar con el programa a excepción del espacio dedicado a entrevistar a un invitado o invitada, donde se llegan a alcanzar buenos datos. Fernando Clavijo no cautivó precisamente en el estreno, sí lo hicieron sin embargo Miguel Ángel Ramírez y especialmente Román Rodríguez, cuya presencia en el programa fue duda hasta el último momento por un veto impuesto desde Presidencia.

Porque el control de la Radiotelevisión Canaria por el Gobierno sigue siendo el mismo de siempre, solo que ahora a pesar de una supuesta ley que lo iba a impedir. Los invitados, los contenidos y hasta los periodistas que aparecen en el plató no son aspectos que decida la dirección profesional del programa, a cuyo frente figura el periodista Jorge Bethencourt (el primer director general de RTVC), sino una especie de dirección colegiada en la que participa Prensa Canaria, el Grupo Prisa y, por supuesto, el Gobierno de Canarias a través de la Viceconsejería de Comunicación.

Los tentáculos del Gobierno se extienden a los medios de comunicación privados a los que se les impone el veto a periodistas desafectos amenazando, cómo no, con la inversión publicitaria pública, bien a través de órganos directivos o bien a través de empresas públicas.

Estamos, por lo tanto, reviviendo los peores momentos del sorianismo en Canarias, aquellos en los que criticar al que fuera vicepresidente del Gobierno era motivo de persecución y destierro. Muchos de los que ahora se solazan con el presidente lo saben de sobra porque lo sufrieron en sus propias carnes. Solo que Clavijo en esto del caciquismo no le llega a Soria ni a la altura del zapato.

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