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Primera puerta a la izquierda, sin cataclismo

Canarias da la espalda a la derecha, apoya fuertemente a Podemos, pero sin condenar a todos los partidos tradicionales

Sólo el PP, que se pega un talegazo de descomunales proporciones, sufre el desapego del electorado, que lo deja cojeando en su feudo grancanario

CC vive una amarga victoria porque para que Clavijo sea presidente, se verá obligada a dar entrada al PSOE en muchas instituciones

La injusta ley electoral deja a Ciudadanos fuera del Parlamento, lo que amortiguará levemente el sufrimiento del partido de Soria

Casimiro Curbelo y Bravo de Laguna demuestran a los partidos que los despreciaron que la política es mucho más que una marca

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Juan José Cardona, María Australia Navarro y Mercedes Roldós, escuchando la intervención de José Manuel Soria. EFE/Elvira Urquijo A.

Juan José Cardona, María Australia Navarro y Mercedes Roldós, escuchando la intervención de José Manuel Soria. EFE/Elvira Urquijo A.

La apoteósica irrupción de Podemos en las grandes ciudades españolas, su éxito indiscutible en los Ayuntamientos de Barcelona y Madrid, se ha resistido en Canarias, donde sólo uno de los tres partidos que han ocupado tradicionalmente el poder ha sufrido descalabro. En ese sentido dijo verdad Podemos cuando, comentando sus brillantes resultados, su lideresa, Noemí Santana, insistió en el “fin del tripartito”, si como tal entendemos que de los tres, uno de ellos ha sufrido el más duro descalabro de su historia. Los otros dos no sólo han resistido con una leve pérdida de tres diputados, en el caso de Coalición Canaria, sino que han repetido el resultado de 2011 (los 15 diputados del PSOE), aún estando sometidos al natural desgaste de la acción de gobierno. Ese refrendo al pacto CC-PSOE (que suma 33 diputados), la irrupción de Podemos (7 diputados), la interesante subida de Nueva Canarias (5 diputados) y el nada despreciable éxito de Casimiro Curbelo con su Agrupación Socialista Gomera (3) permiten concluir que el electorado canario ha dado un importante giro a la izquierda. Aún excluyendo de esa consideración ideológica a CC, su pretendido pacto de derechas con el PP se quedaría a estas alturas en tan sólo 30 diputados. Por lo tanto, todo induce a pensar que Fernando Clavijo reeditará los acuerdos que hicieron presidente del Gobierno a Paulino Rivero en 2011, con el añadido de seguridad de Nueva Canarias para una mayoría reforzada que esquive los siempre posibles sobresaltos y permita cambiar leyes que exigen mayorías reforzadas, como la del sistema electoral, cuya reforma fue este domingo –de nuevo- un clamor. No hay que descartar a los tres parlamentarios de Casimiro Curbelo, que estaría encantado de sumar sus actas a la fiesta con unas cuantas condiciones que le permitieran vengarse de quienes considera sus verdugos en su defenestración dentro del PSOE.

 

La amarga victoria de CC

La debacle del Partido Popular ha sido superior a la que se esperaba. Sus dirigentes no escondieron nunca su esperanza de que las encuestas se equivocaran y que la aritmética parlamentaria les permitiera cerrar la misma noche del domingo un pacto con Coalición Canaria. Pero los nacionalistas hace semanas que dieron por perdidas esas opciones y comenzaron a girar su discurso hacia los predios del PSOE, es decir, hacia una reedición del pacto que particularmente desde Tenerife había sido fuertemente contestado por los sectores más irreductibles de ATI. Sin embargo, estos resultados obligan al equipo médico habitual de Clavijo a centrarse exclusivamente en el PSOE porque es la única opción posible de conservar la presidencia. Salvo extravagancias tales como un pacto con el PP reforzado por Casimiro Curbelo y Nueva Canarias, o un pacto con el PP y Podemos, lo que sería para tararí y no echar gota. La dependencia de CC al PSOE le va a obligar a ceder mucho poder local allí donde la suma de ambas formaciones sumen lo suficiente para gobernar, solos o en compañía de un tercer compañero de viaje. En el lote entrarán, seguramente, los ayuntamientos de Santa Cruz de Tenerife y de La Laguna, o los cabildos de Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y de La Palma, por poner los casos de las instituciones más destacadas. CC tendrá que tragarse los desplantes locales del PSOE que puedan producirse y, al contrario de lo ocurrido esta legislatura, no podrá amenazar con irse con el PP. La ruptura con todo lo anterior, el distanciamiento en ocasiones demencial respecto al periodo de Paulino Rivero, tendrá su primera gran contradicción la próxima semana, cuando comiencen las negociaciones con los socialistas. Como ha dicho estos días el de El Sauzal, para diseñar el futuro es conveniente mirar de vez en cuando por el retrovisor para saber de dónde se viene. Veremos que ocurre "de aquí en adelante".

 

Soria no ha dimitido aún

Al menos que nosotros sepamos, José Manuel Soria no ha presentado aún su irrevocable dimisión como presidente del PP en Canarias. El batacazo cosechado ha sido sensacional, de los que hacen época. Pasar de primera fuerza política a tercera, con la pérdida de un inmenso caudal de votos y el poder en instituciones tan importantes como el Cabildo de Gran Canaria, y probablemente el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, dibujan el peor panorama desde que el PP existe. En 1999 José Miguel Bravo de Laguna dimitió tras haber alcanzado 15 parlamentarios, cediendo entonces el relevo a José Manuel Soria. No es solamente Australia Navarro la responsable de este revolcón electoral; ni todo es consecuencia en exclusiva de la pérdida de predicamento nacional del partido. Han sido las decisiones unipersonales e intransferibles de José Manuel Soria las que en gran medida han precipitado todo al abismo. No sólo fue quien eligió a una candidata muy floja al Parlamento, sino el que descabalgó de la lista al Cabildo de Gran Canaria a José Miguel Bravo de Laguna cuando gozaba de un alto grado de conocimiento y de valoración, lo que seguramente habría amortiguado la caída. También fue Soria quien sostuvo en Telde a la multi-imputada María del Carmen Castellano, o a Águeda Montelongo en Fuerteventura, ambas con resultados catastróficos. La esperanza de que Juan José Cardona aguantara el tirón y salvara parte de su mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se disipó de un golpe la noche del domingo provocando la decepción en la sede electoral del edificio Miller y el desconsuelo más dramático de la esposa del alcalde, que de rodillas ante todos lloraba por la insuficiente victoria. El pacto para sostenerse en la alcaldía se presenta muy complicado para Cardona, salvo milagros, que existir existen. No lo tienen más fácil sus adversarios, sobre todo por la incógnita que presenta la postura que adopte LPGC Puede (marca municipal de Podemos) algunos de cuyos miembros serían capaces de dejar que gobernara el PP antes de que lo hiciera el PSOE. Jurado.

 

La injusta ley electoral

Al Partido Popular solo le cabe el consuelo de que la ley electoral canaria haya dejado fuera del Parlamento al que se perfila como su auténtica bestia parda, Ciudadanos. A centésimas de alcanzar los topes regionales, el partido de Albert Rivera se ha quedado a las puertas del Parlamento de Canarias aún habiendo obtenido más votos que algunas de las fuerzas que sí lo han conseguido, incluso con holgura. El ejemplo más significativo es el de la Agrupación Socialista Gomera, de Casimiro Curbelo, que con poco más de 5.000 votos alcanzó tres diputados. Con casi 54.000 votos, Ciudadanos no ha podido entrar en el Parlamento, a pesar de haber estado durante gran parte del recuento con dos representantes que se daban por inamovibles. La regeneración política de Canarias debe empezar por una reforma del sistema electoral si los nuevos integrantes del Parlamento quieren realmente que los ciudadanos se crean que van en serio.

 

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