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El poder de la desafección (2)

EXCEPCIONAL RECEPCIÓN DEL REY A PAULINO RIVERO

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El Rey Juan Carlos recibe al presidente de Canarias, Paulino Rivero (i), tras la carta que este le remitió para exponerle la situación de la comunidad autónoma, hoy en el Palacio de la Zarzuela. EFE/J.J. Guillén ***POOL***

El Rey Juan Carlos recibe al presidente de Canarias, Paulino Rivero (i), tras la carta que este le remitió para exponerle la situación de la comunidad autónoma, hoy en el Palacio de la Zarzuela. EFE/J.J. Guillén ***POOL***

Las estrictas reglas del protocolo y las normas no escritas de la Casa Real impiden a las personalidades relatar con detalle las conversaciones que celebran con el Rey de España. Son reuniones oficiales, pero discretas, de las que se pueden contar generalidades preservando siempre el papel de moderador y de jefe de Estado de don Juan Carlos. De ahí que los gestos que los periodistas puedan ver son de inmediato interpretados para traducirlos y colocarlos en las diferentes escalas aplicables según sea el personaje invitado a La Zarzuela. Este martes ese personaje era el presidente de Canarias, que acudía a una recepción con el Rey a petición de éste y en relación directa con la carta que en noviembre pasado Paulino Rivero le envió para que conociera de primera mano cómo han sido (y siguen siendo) las tensas relaciones del Archipiélago con el Estado por culpa de un Gobierno del Partido Popular insensible y negligente hasta el límite de avivar el sentimiento de desafección hacia España. La carta enviada al Rey era idéntica a la que recibió Rajoy y que, a su vez, provocó la reunión de Rivero con aquel la pasada semana. De aquel encuentro y del que este martes tuvo lugar en La Zarzuela, saldrán efectos benéficos para Canarias porque, desde luego, motivos para un cambio de rumbo había y hay de sobra. Pero volvamos a los gestos y a los síntomas. Los periodistas presentes resaltaron del encuentro con el Rey, en primer lugar, la excepcionalidad: don Juan Carlos está todavía en fase de recuperación (aunque bastante mejorado, todavía no se parece al de la portada del ¡Hola!) y no está recibiendo a casi nadie, menos aún a presidentes autonómicos dentro de una ronda amplia y habitual de encuentros, como pretende hacer creer el PP. Excepcional también fue el saludo: "¡Hombre, don Paulino!", y los abrazos, apretones de manos y carantoñas, a las que ambos dos son bastante dados, todo hay que decirlo. Pero más excepcional resultó que la Casa Real cediera un espacio al presidente canario para su comparecencia ante los medios informativos, donde Rivero explicó lo que protocolariamente pudo explicar. Los conocedores de la reunión han destacado el gran número de preguntas que formuló el Rey y la confirmación de que muchos de los temas los maneja con mucha soltura. Quedamos a la espera de la interpretación de vía estrecha que produzca el PP para minimizar los incontestables efectos de dos reuniones seguidas que tienen mucho que ver con la mala baba que destila su señorito.

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