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Un ungido en prisión

SUÁREZ GIL, A UN TRIS DE DESPEDIR A SU ABOGADO

A Suárez Gil le falta ya muy poco para despedir a su abogado, Eduardo Mendoza, al que tanto la magistrada Yolanda Alcázar como la fiscal Beatriz Sánchez acaban de propinar jurídicos correctivos por la manera que tiene d

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A Suárez Gil le falta ya muy poco para despedir a su abogado, Eduardo Mendoza, al que tanto la magistrada Yolanda Alcázar como la fiscal Beatriz Sánchez acaban de propinar jurídicos correctivos por la manera que tiene de enfocar la defensa de su patrocinado. Debe ser que trabajar para un personaje tan ampuloso, de maneras caballerescas en realidad impostadas, imprime carácter y conduce irremediablemente a tratar a jueces y fiscales como si estuvieran arrollando los derechos de un ungido para la gloria. Aunque sea un verdadero delincuente, cual es el caso. Este mismo miércoles, mientras estaba en los juzgados declarando por otras causas pendientes, Suárez Gil creía que de inmediato iba a abandonar la cárcel. Es muy probable que a estas alturas todavía no haya recibido oficialmente la notificación de que tendrá que pasar a la sombra unos cuantos meses. Luego volverá a sus particulares andadas, a lanzar sus amenazas contra los que él dice que le han hecho daño (incluye a determinados periodistas), y a comparecer en los juzgados para responder por la presunta tenencia ilícita de armas, por el quebrantamiento de su condena a vivir alejado de Josefina Navarrete, la víctima de su machista violencia armada. La sociedad que lo aupó, que lo colocó de diputado regional, de presidente de la Cámara de Comercio? los que lo sentaban a presidir almuerzos de influyentes lobbys empresariales le ha dado la espalda por completo. A algunos los visitará para recordarles todo lo que ganaron gracias a su esfuerzo.

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