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Samarcanda, la joya de la Ruta de la Seda

La perla de Uzbekistán, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, es una de las ciudades más bellas del Asia Central y un auténtico catálogo de arte islámico

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Plaza del Registán, una de las imágenes paragigmáticas de la ciudad de Samarcanda.

Plaza del Registán, una de las imágenes paradigmáticas de la ciudad de Samarcanda.

Al igual que sucede en otras ciudades islámicas, la Plaza de la Arena era el lugar sobre el que pivotaba toda la vida pública de la ciudad; aquí se vendía, se desfilaba, se ejecutaba a los condenados a muerte, se concertaban negocios... Ya lo vimos en la mítica Jemaa El Fna de Marrakesh, pero el minimalismo del boquete de la ciudad rosa no tiene nada que ver con lo que el viajero se encuentra cuando llega al Registán. La potencia comercial de la ciudad queda de manifiesto en cada piedra, en cada azulejo, en todos y cada uno de los detalles. Hasta este lugar llegaban las caravanas que iban y venían en el trasiego de la antigua Ruta de la Seda. Desde las lejanas tierras de occidente y en sus antípodas (por aquel entonces) orientales. Comercio de artículos preciosos, de ideas, de intereses… Samarcanda es un mito desde los tiempos en los que los primeros escritores viajeros trajeron hasta esta parte del mundo las historias y exageraciones de sus aventuras. Y cuando uno llega a los pies de las tres madrasas, no le queda más remedio que dar crédito a los embustes. ¡Cómo no van a ser ciertas esas historias de riquezas sin fin ante la visión de la maravillosa Samarcanda!

Cuando el embajador del rey Enrique III de Castilla, Ruy González Clavijo, llegó a la ciudad (1404) para tratar de embarcar al monarca mogol Tamerlán (Emir Timur para los locales) en una pinza contra los turcos que amenazaban Constantinopla se encontró con una ciudad que empezaba a adornarse. La Madrasa de Ulugh Beg ya estaba en sus últimas fases de construcción. En los siglos siguientes, sucesivos gobernantes añadirían a la plaza otras dos escuelas coránicas: la de Shir Dor, justo en frente de la primera y construida casi a imagen y semejanza de su ‘hermana mayor, y la de Tillya Kari, célebre por su fastuoso interior decorado con azulejos dorados. Hoy, estos tres edificios son la imagen más reconocible de una ciudad que evoca al viaje en su estado más puro. En estas escuelas (Horario: LD 8.00 – 19.00) se estudió Filosofía, Teología, Medicina, Teología, Astronomía…

Detalle de la Madrasa de Shir Dor en la Plaza del Registón de Samarcanda.

Detalle de la Madrasa de Shir Dor en la Plaza del Registán de Samarcanda.

Fue este un centro académico de primer orden que atrajo a sabios de todo el orbe: y no sólo a los musulmanes. Hoy atrae al viajero que se maravilla ante la riqueza de sus azulejos, la grandiosidad de sus cúpulas, la espectacularidad de sus adoratorios y la amplitud de sus patios. No importan las tiendas, los recuerdos o los pastiches que algún restaurador efusivo perpetró en bastantes lugares de los edificios. La visita puede durar horas. La sola excusa de ver como los impresionantes azulejos cambian de color a lo largo del día vale para no generar reproches.

Al norte de la gran plaza

Exceso que no cansa. Y por eso uno sigue abriendo la boca con asombro cuando se planta ante la Mezquita de Bibi Khanum (Dirección: Bibikhonim, sn), mandada a construir por la esposa favorita de Tamerlán y que, según la tradición, le costó la vida tras un escarceo amoroso con el arquitecto. Como casi todos los grandes edificios de la ciudad, Bibi Khanum es fastuosa; como carta de presentación valga su impresionante puerta monumental de más de 35 metros de altura cubierta de azulejos vidriados, la enorme cúpula, los minaretes cubiertos de cerámica vidriada, los versículos del Corán que adornan los muros, el espectacular interior del mausoleo que guarda los restos de la, según dicen, ilustre adúltera… Muchos dicen que este edificio sirvió de inspiración para el mismísimo Taj Mahal. Casi nada.

Cúpula dorada de la Mezquita de Bibi Khanum, en Samarcanda.

Cúpula dorada de la Mezquita de Bibi Khanum, en Samarcanda.

A espaldas de esta impresionante mezquita se encuentra el Bazaar de Siob. Ya no queda casi nada de su antigua configuración medieval, pero merece la pena perderse un rato entre los puestos. Siguiendo hacia el norte, el viajero llega a la Necrópolis de Shahrd i Zindar, un precioso conjunto de mausoleos en los que se repite el mismo gusto por la decoración recargada; junto a las tumbas medievales, los habitantes de la ciudad crearon, a lo largo de los siglos, un enorme cementerio que merece la pena visitar.. Muy cerca se encuentra el Arasiyab Museum (Dirección: Toshkent yo'li, sn), un centro con más de 20.000 piezas que sirven para descubrir la riqueza histórica de la ciudad. El museo está construido sobre uno de los lugares más antiguos de Samarcanda. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz restos que se remontan al siglo VII antes de Cristo.

Hacia el sur de la ciudad

Las trazas de la ciudad medieval se hacen patentes al sur del fastuoso Registán. Los espacios abiertos, de golpe, se cierran en la típica red de callejuelas que forman cualquier medina musulmana. Siguiendo por Registon Ko’chasi, el viajero se topa con el sencillo (para los estándares locales) Mausoleo de Rukhobod y el impresionante Complejo de Gur Emir, donde reposan los restos del mismísimo Tamerlán. Y el lugar está en consonancia con la importancia del personaje. Si el exterior asombra, el interior deslumbra. Impresionante el hueco que deja la cúpula y que recuerda a los trabajos en yeso de La Alhambra. Pero aquí el yeso brilla por su ausencia. Donde esté la cerámica vidriada, la noble piedra y el oro que se quite todo lo demás. A espaldas del edificio se encuentran las callejas de la medina; otro mundo.

Mausoleo de Tarmelán, héroe local y artífice de la gloria de Samarcanda.

Mausoleo de Tarmelán, héroe local y artífice de la gloria de Samarcanda.

Comer en Samarcanda

Besh Chinor (Dirección: C/ Tursunova, 121; Tel: (+998) 91 519 6626). Las guías, en esta ocasión, aciertan de pleno. Uno de los hándicaps de Samarcanda es la escasa oferta gastronómica, pero hay locales como el Besh Chinor donde se pueden degustar los platillos más tradicionales de la cocina Uzbeka (muy similar a la turca). Impresionantes las brochetas shashlik, a base de carne especiada y salsa de yogur y el Plov (arroz con verduras y carne.).

Platan (Dirección: C/ Pushkin, 2; Tel: (+998) 66 233 8049). Otro de los imprescindibles de la ciudad. Cocina local a muy buenos precios.

Samarkand (Dirección: Mahmuda Koshgari, 54; Tel: (+998) 95 500 5559). Uno de los preferidos por los viajeros que llegan hasta la ciudad. Ya no sólo por su comida (excelente relación calidad precio) sino también por su decoración. Platillos tradicionales y cocina internacional.

Karimbek (Dirección: C/ Gargarina, 194; Tel: (+998) 66 221 2756). Otra de las mejores opciones de la ciudad para comer cocina tradicional uzbeca. No faltan los shashliks, los platos de arroz plov y las ensaladas (de las mejores que probamos en la ciudad).

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