La ciudadanía rescata los búnkeres olvidados del Campo de Gibraltar: limpieza voluntaria ante el abandono institucional

La costa del Campo de Gibraltar conserva desde hace décadas un paisaje silencioso que muchos vecinos observan casi sin reparar en él. Entre playas, montes y acantilados sobreviven decenas de búnkeres y fortificaciones semienterradas, castigadas por la erosión y ocultas por la maleza, vestigios de una gigantesca red defensiva levantada durante el franquismo con mano de obra esclava de miles de presos republicanos. Ahora, ante el deterioro progresivo de esas construcciones y la ausencia de actuaciones institucionales, un movimiento ciudadano ha decidido intervenir directamente para evitar que este patrimonio termine desapareciendo.

La chispa que ha provocado esa movilización ha sido el documental “La Muralla de los Prisioneros”, una obra audiovisual que reconstruye la historia de los batallones disciplinarios que levantaron las defensas del Estrecho y que ha ido recorriendo distintos puntos de Andalucía, además de festivales y espacios culturales nacionales e internacionales. Tras varias proyecciones celebradas en Algeciras y San Roque, numerosos asistentes comenzaron a contactar con la asociación Tierra y Olvido para preguntar cómo podían colaborar en la recuperación de los búnkeres.

De aquella inquietud surgió la limpieza voluntaria del Fortín 323, situado en la zona de Getares, una actuación organizada por ciudadanos del Campo de Gibraltar que decidieron retirar basura, maleza y escombros acumulados durante años en el interior de la estructura. La escena sorprendió incluso a algunos vecinos de la zona, poco acostumbrados a ver iniciativas populares vinculadas a unas construcciones que durante décadas han permanecido prácticamente olvidadas.

Luis García, presidente de la asociación Tierra y Olvido y representante en Cádiz de la Federación Andaluza de Memoria Democrática, explica que el origen de todo se encuentra precisamente en la repercusión que ha tenido el documental. “Nosotros ayudamos a un proyecto documental que es ‘La Muralla de los Prisioneros’ y empezamos a moverlo por institutos y todos los sitios donde podíamos”, relata. Según explica, tras las proyecciones celebradas en la sede del PSOE de Algeciras y posteriormente en el Teatro Juan Luis Galiardo de San Roque, comenzaron a recibir llamadas de personas interesadas en actuar directamente sobre el terreno.

“La gente se movilizó. Nos decían: ‘Queremos limpiar los búnkeres’”, recuerda. A partir de ahí, la asociación decidió informarse sobre los límites legales de una actuación de este tipo. “Nos dijeron que mientras limpiáramos y no se hiciera ninguna obra, ni se pusiera una ventana, ni una puerta, ni se tocara nada estructuralmente, no había problema”, sostiene García.

La jornada de limpieza se desarrolló sin incidentes y sin presencia de ninguna administración. “Pensábamos que podía aparecer Guardia Civil o Policía Nacional porque es una zona vigilada, pero no vino nadie”, explica. Los participantes retiraron residuos y vegetación acumulada durante años con la intención de devolver visibilidad a unas estructuras que muchos ciudadanos apenas conocen pese a encontrarse a pocos metros de zonas muy transitadas.

El dirigente memorialista lamenta que el patrimonio defensivo de la comarca continúe atrapado en una especie de vacío administrativo que dificulta cualquier actuación de conservación. “Hay un lío de competencias tremendo. Unos dicen que es de la Junta, otros que de Costas, otros del Ministerio de Defensa, otros del Ejército. Nadie termina de aclararlo y todo queda en silencio”, denuncia.

Ese abandono institucional es precisamente uno de los aspectos que más indignación genera entre quienes participan en estas iniciativas. Luis García insiste en que no se trata únicamente de conservar restos militares, sino de proteger una parte fundamental de la memoria histórica del Campo de Gibraltar. “Todo esto fue realizado con mano esclava de personas que estuvieron presas aquí en la zona”, subraya.

El representante de Tierra y Olvido recuerda que por estos campos de trabajo pasaron represaliados procedentes de numerosos puntos de España. “Había presos de Santander, Madrid, Barcelona, del País Vasco… Los trasladaban de una punta del país a otra para que no se conocieran ni tuvieran vínculos”, explica. Según añade, todavía existen numerosos aspectos sin investigar sobre aquellos campamentos y sobre las personas que murieron en ellos.

“Hay que pensar que toda esta costa se levantó con trabajos forzados”, insiste. A su juicio, adecentar los fortines y darles una utilidad cultural o divulgativa sería también una forma de rendir homenaje a quienes construyeron aquellas infraestructuras en contra de su voluntad. “Sería una buena manera de que no quedaran en el olvido”, afirma.

García considera además que el potencial patrimonial y turístico de estos enclaves está completamente desaprovechado. “Muchos están en sitios espectaculares. Podrían ser miradores, rutas históricas o espacios de interpretación”, señala. El activista sostiene que la red de fortificaciones del Campo de Gibraltar posee un valor excepcional. “Estamos hablando de más de 500 o 600 búnkeres. Es un patrimonio enorme”, asegura.

El documentalista José Luis Tirado, director de “La Muralla de los Prisioneros”, observa con satisfacción cómo el trabajo audiovisual ha servido para activar una conciencia colectiva sobre este patrimonio. El documental, explica, continúa ampliando su recorrido internacional. “Ahora se va a proyectar en Gibraltar y también se ha pasado en Francia. Además estuvo en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y en el Festival de Cine por la Memoria de Pamplona”, detalla.

Tirado cree que las actuaciones ciudadanas son necesarias, aunque advierte de que cualquier proceso de recuperación debe realizarse desde la perspectiva de la memoria democrática y no únicamente desde el interés por la arquitectura militar. “No tiene sentido reivindicar solo la arquitectura militar. Lo importante es explicar quién construyó estos búnkeres y en qué condiciones”, sostiene.

El cineasta compara la situación andaluza con la de Navarra, donde sí existen proyectos institucionales consolidados para recuperar y señalizar las fortificaciones del Pirineo levantadas también por presos franquistas. “Allí hacen rutas, restauraciones y señalización desde el punto de vista de la memoria histórica. Aquí, en cambio, el tema está abandonado”, lamenta.

En su opinión, la conservación de estos espacios debería ir acompañada de paneles explicativos, señalización histórica y rutas divulgativas que permitan contextualizar lo sucedido durante aquellos años. “Se sabe incluso qué batallones construyeron cada fortín”, explica. Tirado destaca especialmente el trabajo desarrollado durante años por el historiador José Manuel Algarbani, uno de los mayores especialistas en esta materia.

Precisamente Algarbani considera que las asociaciones memorialistas están cubriendo una labor que correspondería directamente a las administraciones públicas. “Es un patrimonio que habría que poner en valor y llevo muchísimos años peleando con políticos de uno y otro color sin resultados”, lamenta.

El historiador recuerda que alrededor de 30.000 prisioneros pasaron por los campos de trabajo del Campo de Gibraltar. Muchos familiares siguen contactando con él desde distintos lugares de España para intentar reconstruir el recorrido de sus antepasados. “Hay personas que me escriben preguntando por sus abuelos o bisabuelos porque saben que estuvieron aquí destinados”, explica.

Algarbani insiste en que el valor histórico de estas construcciones trasciende el ámbito local. “No hablamos solo de búnkeres. Hablamos de miles de personas sometidas a condiciones de semiesclavitud”, afirma. Según detalla, gran parte de los caminos y carreteras de la comarca fueron abiertos o mejorados por aquellos presos republicanos.

“Cuando haces senderismo por el Campo de Gibraltar, muchas veces estás caminando por caminos construidos por ellos”, señala. A eso se suma una red defensiva que se extiende desde Conil hasta Guadiaro y que tuvo especial concentración en la zona de Tarifa, Algeciras y La Línea por su proximidad estratégica a Gibraltar.

Aunque muchas de estas estructuras están catalogadas como Bien de Interés Cultural, el deterioro continúa avanzando. “Cada vez quedan menos. Algunos ya se han caído por la erosión y el abandono”, advierte el historiador.

Mientras tanto, las asociaciones y los vecinos que han impulsado estas limpiezas anuncian que continuarán organizando nuevas actuaciones sobre otros fortines de la costa gaditana. Consideran que, aunque sea de manera modesta, estas intervenciones sirven para llamar la atención sobre un patrimonio olvidado y para abrir un debate sobre la necesidad de preservar uno de los escenarios más desconocidos de la memoria democrática española.