Pilar y Verónica, el reflejo de que la presencia femenina gana terreno dentro del Carnaval de Cádiz: “Esto es un honor”
Hay responsabilidades que se reciben con ilusión y otras que, además, obligan a tomar conciencia de lo que representan. Pilar Alcina y Verónica Sánchez afrontan este año la presidencia de los jurados del COAC de adultos y cantera, respectivamente, dos puestos que llevan aparejada una enorme responsabilidad y que también son el reflejo de una realidad que ha cambiado dentro del Carnaval de Cádiz: las mujeres ocupan cada vez más espacios de decisión en una fiesta que durante mucho tiempo tuvo una presencia masculina mucho más evidente en sus estructuras.
Para ellas, sin embargo, el cargo no se resume en lo que pueda representar que dos mujeres estén al frente de los jurados. Lo primero es el trabajo que tienen por delante. Conocer las reglas, coordinar a los vocales, garantizar que el sistema de puntuación se aplique correctamente y asumir unas decisiones que, en un concurso tan seguido como el del Falla, estarán siempre bajo la mirada de las agrupaciones y de la afición.
Es una tarea que no empieza cuando se encienden las luces del teatro. La preparación es una parte fundamental de su cometido, especialmente porque el sistema de puntuación tiene una complejidad que obliga a conocer perfectamente cómo debe trasladarse cada valoración a la clasificación final. “El sistema de puntuación es muy particular porque se puntúan muchas cosas. Hay que conocerlo muy bien y el trabajo previo en estos meses es fundamental para que todo salga bien”, dice Pilar.
La presencia de Pilar Alcina y Verónica Sánchez no pretende convertir el concurso en una cuestión de hombres y mujeres. Su función es la de cualquier presidencia de un jurado: garantizar que el concurso se desarrolle conforme a las normas y que las agrupaciones sean valoradas de acuerdo con los criterios establecidos.
El papel de la mujer en la fiesta
Pero su presencia sí permite detenerse en cómo ha evolucionado el papel de la mujer dentro del Carnaval. Y ahí la cantera ofrece uno de los ejemplos más claros. “En la cantera, por ejemplo, sí salen muchas más niñas que mujeres en adultos. Sobre todo, que es de lo que se trata, sin ningún tipo de distinción”, explica Verónica.
La normalidad de esa imagen es precisamente uno de los cambios que destacan. Las niñas llegan al Carnaval con menos condicionantes y con una visión más abierta sobre los espacios que pueden ocupar.
Ese cambio, sin embargo, no significa que todas las barreras hayan desaparecido. Cuando se llega al Carnaval adulto todavía existen ámbitos donde la presencia femenina es menor, especialmente en la autoría. “No ha habido por el momento una chirigota en la que haya mayoritariamente mujeres y una autora de chirigotas para el concurso, sí para el Carnaval de la calle”, dice Pilar.
Pero detrás del cargo hay también una historia personal con el Carnaval. Pilar ha llegado a ser presidenta desde el estudio de su historia y su patrimonio. Su vinculación con la Biblioteca de Temas Gaditanos la llevó durante años a investigar el paso de las antiguas fiestas típicas gaditanas al Carnaval y a colaborar en trabajos y publicaciones sobre la fiesta. Verónica ha vivido el Carnaval desde dentro, desde su infancia en La Viña, pasando por la cantera y los coros hasta la radio y la divulgación.
Por eso, cuando llegó la propuesta, la reacción fue más emocional que protocolaria. “Cuando me lo ofrecieron pedí tres días para pensarlo. No me lo esperaba, pero esto es una oportunidad que no se me va a presentar más. Es un honor, es una responsabilidad muy grande, pero en Cádiz esto es un honor”.
Y es precisamente ese vínculo con la ciudad y con el Carnaval el que hace que el nombramiento tenga una dimensión especial. No se trata únicamente de sentarse en una mesa y poner notas. Detrás está la historia de una fiesta que ambas conocen desde perspectivas diferentes y que ahora tendrán que observar desde uno de sus puestos de mayor responsabilidad.
Verónica ha tenido una vinculación más directa con el Carnaval. “Soy muy carnavalera, he salido en muchas chirigotas ilegales, escribo las letras y he salido en el Falla”. Su infancia transcurrió en La Viña, “de la calle de la Palma”, en una familia donde el Carnaval estaba presente desde pequeña. “Recuerdo que de pequeñita en el balcón de mi casa yo escuchaba a mis hermanas, que son mucho más mayores que yo, decir: esto es un pasodoble, esto es un cuplé. Y yo decía: ojalá yo sepa eso algún día”.
Después llegó su propia trayectoria: la cantera, la Semana Cultural de La Viña, los coros y, posteriormente, la radio. “Me estrené con el coro de La Viña y ya después pasé a formar parte del coro de Luis Rivero y he estado allí hasta el año 2017”. Su vinculación continúa desde distintos ámbitos, entre ellos Canal Sur Radio, donde ejerce como comentarista, además de su trabajo relacionado con la pedagogía del Carnaval.
Presidir el jurado de cantera tiene además una dificultad añadida. No se trata solamente de valorar letra, música, afinación o puesta en escena. También hay que tener presente que quienes están sobre el escenario son niños.
“Nosotros, la gente de la cantera, tenemos una gran responsabilidad que yo creo que además de valorar lo mismo que vamos a valorar en adultos, que es letra, música, afinación, puesta en escena, creo además hay que preservar los valores de la cantera”, explica Verónica. “Es más complicado porque hay temas que son impensables y hacer humor con un humor blanco es mucho más complejo que en adultos”.
Pilar recuerda cómo eran las cosas hace años. “En el primer Carnaval había muchísimas normas. Yo recuerdo que además con los coros tuve un problema con el Quini porque decía que más de dos mujeres no podía haber”.
La responsabilidad de Alcina y Sánchez no termina en aplicar un reglamento y poner una puntuación. También entienden que el jurado tiene una función pedagógica respecto al propio Carnaval. Esa idea adquiere especial importancia ante la creciente apertura del concurso. “Al final quien viene a concursar tiene muy claro que la tendencia es lo que se premia. Entonces creo que al final una manera de cuidar nuestro patrimonio y nuestra cultura es premiar lo que verdaderamente sí va acorde con el Carnaval de Cádiz”, señalan.
No significa cerrar las puertas a quienes llegan desde fuera. De hecho, reconocen que “las puertas se han abierto al teatro de Cádiz para que vengan”. El debate está en cómo preservar una identidad propia sin limitar la libertad de participar. “Eso es el Carnaval de Cádiz, la libertad”, resume Verónica.
Máximo rigor en el jurado
Cuando llegue el concurso, el trabajo será también emocional. Las sesiones serán largas y habrá momentos en los que el cansancio o el ambiente del teatro podrían condicionar la percepción. “Cuando tú estás en esa posición tienes que ser muy intuitivo y quitarte mucho de los condicionantes externos, del tipo que sean. Por ejemplo, patio de butacas vacío, eso no va contigo. Tú tienes que juzgar lo que se esté cantando”, dice Pilar.
Y añade Verónica: “Ni aplauso, ni gente que esté allí, ni la hora. Ahí tú tienes que abstraerte y juzgar lo más objetivamente posible, que creo que es de lo que se trata”. Para prepararse han decidido incluso modificar algunos hábitos durante las largas jornadas. “Este año he quitado el alcohol”, explica Pilar. “Mientras se come o algo, allí no hay alcohol. Nosotros en la cena no tenemos ya alcohol para nada”. Todo forma parte de una misma idea: llegar al final de cada sesión con la cabeza despejada para tomar decisiones que consideran de enorme responsabilidad.
Pilar Alcina y Verónica Sánchez llegan al Falla desde dos historias diferentes, pero con una misma sensación ante el cargo: la de haber recibido una oportunidad que no se presenta todos los días. Para una, fue una llamada inesperada que necesitó varios días de reflexión. Para la otra, una responsabilidad ligada a una fiesta que forma parte de su vida desde que era niña.
Y ambas saben que su presencia también cuenta una historia sobre el propio Carnaval. Una fiesta en la que las mujeres han ido ganando espacio, en la que la cantera crece con una mirada diferente y en la que todavía queda camino por recorrer.