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ENTREVISTA

El regreso de Barroso, el comunista que desafió al rey: “Felipe González ha sido el presidente más despreciable de España”

Francisco J. Jiménez

Puerto Real (Cádiz) —
12 de octubre de 2026 22:35 h

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José Antonio Barroso vuelve a la política. El que fuera alcalde de Puerto Real durante 28 años —entre 1979 y 1995 y entre 1999 y 2011— ha confirmado su candidatura para recuperar la Alcaldía en las elecciones municipales de 2027. Fue el primer alcalde democrático de la localidad y uno de los políticos más singulares que ha dado la izquierda gaditana en las últimas décadas.

Su trayectoria política está ligada al movimiento obrero, a los astilleros y al comunismo, pero también a algunas de las posiciones más controvertidas del panorama político español. Su relación con Cuba y con Fidel Castro fue una de sus señas de identidad durante años.

Su enfrentamiento con la monarquía terminó incluso en los tribunales. En 2008 calificó de “corrupto” a Juan Carlos I durante un acto republicano. La Audiencia Nacional lo condenó en 2009 a pagar una multa de 6.840 euros por un delito de injurias graves al rey al considerar que había traspasado los límites de la crítica política. Años después, lejos de retractarse, mantuvo su posición. En 2020, tras la salida de España del rey emérito, afirmó que no tenían que resarcirle a él, sino “al pueblo de España por todo lo que han hecho los Borbones”.

Ahora, con 74 años, regresa con una candidatura que quiere ser local, independiente y transversal. Y eso le permite formular una de las afirmaciones más llamativas de esta entrevista: “Ya aspiro a que me vote la gente de derecha de Puerto Real”. Barroso sostiene que su antigua base electoral no estaba formada únicamente por votantes de izquierda y reivindica una política alejada de las etiquetas ideológicas.

Vuelve a la política después de 15 años. ¿Qué ha cambiado para que haya tomado esta decisión?

A mí me han hecho cambiar de opinión los ciudadanos. Cuando yo terminé mi etapa política en 2011, después de aquel resultado electoral, me aparté. Después me fui a Cuba, tuve una vida diferente y durante mucho tiempo no contemplaba volver. Pero cuando regresé empecé a encontrarme con muchísima gente que me decía que Puerto Real había perdido relevancia, que el pueblo estaba peor, que había dejado de tener aquella capacidad de iniciativa que tuvo durante muchos años. Y yo empecé a preguntarme si realmente había llegado el momento de volver. No por una cuestión personal, sino porque tengo la sensación de que puedo aportar todavía cosas.

Usted fue alcalde durante 28 años. ¿No es difícil volver después de tanto tiempo?

Yo no vuelvo para vivir de la política. Vuelvo porque creo que tengo conocimiento, experiencia y capacidad para hacer determinadas cosas. Además, tengo una ventaja y es que conozco perfectamente los instrumentos administrativos y políticos que existen. Sé cómo funciona un Ayuntamiento, sé cómo funciona la Diputación, sé cómo funciona la Junta de Andalucía y sé cómo hay que relacionarse con el Gobierno central. Eso no se aprende en un curso de formación.

Pero usted procede claramente de la izquierda. ¿Cómo encaja eso con su discurso actual?

A mí me ha votado mucha gente de derecha. A mí empiezan a dejarme de votar tanto la gente de izquierda como la gente de derecha, tanto la gente conservadora como la gente que se considera progresista, cuando sencillamente la sensación que traslado es de que no me estoy preocupando por Puerto Real como lo hacía antiguamente. Ya aspiro a que me vote la gente de derecha de Puerto Real. Y la gente de derecha de Puerto Real son gente de a pie, normales: gente jubilada, trabajadores de astilleros también de un cierto nivel, pequeños empresarios, propietarios de negocios. Gente de a pie.

¿Qué quiere decir cuando habla de gente de derechas “normal”?

Que no tiene una adscripción ideológica resultado de una defensa a ultranza de unos intereses espurios.Hay gente conservadora que quiere que su pueblo funcione. Y esa gente también tiene derecho a votar una opción política que se preocupe por Puerto Real.

Su discurso sobre Podemos es muy crítico. ¿Nunca se sintió cercano a aquel movimiento?

Nunca me vi reflejado ni en la política ni en el pensamiento de Podemos. Entre otras razones porque yo le veo a Podemos más bien un comportamiento que tiene que ver con las poses que con una política realmente transformadora.

¿Se refiere a Pablo Iglesias?

Yo me acuerdo cuando Pablo Iglesias dijo que estaba orgullosísimo de haber nacido y vivido en Vallecas y terminó a los seis meses diciendo que sus hijos tenían derecho a tener un jardín de 2.500 metros y una casa de 300 metros edificados. Entonces, lo que digo es que la gente tiene el valor de la palabra de la gente y la garantía que le dan sus hechos.

¿Qué cree que ha fallado en Podemos?

Que muchas veces se ha sustituido la política transformadora por una determinada puesta en escena. Y yo creo que la izquierda necesita volver a hablar de las estructuras económicas, de la propiedad, de la banca, de la vivienda, de la industria, del empleo. No solamente de determinados discursos que pueden tener una gran repercusión mediática.

Precisamente la vivienda es uno de los grandes problemas actuales. ¿Qué está haciendo mal la izquierda?

Estoy siguiendo con muchísimo interés todo este fenómeno que ha saltado a los medios de comunicación a partir del drama de una señora de 87 años. Lo sigo con muchísimo interés. Pero noto, quizá porque hay un cierto control ideológico de ese movimiento y que se expresa en la voz de quienes se consideran portavoces de ese movimiento, una carencia absoluta de soluciones estructurales. No he oído todavía a nadie decir que el origen de lo que estamos sufriendo tiene que ver también con el proceso de privatización del sector financiero público de este país.

¿A qué se refiere?

No me estoy refiriendo a las cajas de ahorros. Me refiero a Argentaria, al Banco de Crédito Agrícola, al Banco de Crédito Hipotecario, al Banco de Crédito a la Construcción. Todo ese proceso de privatización empieza a mediados de los ochenta de la mano de Felipe González Márquez. Y Felipe González ha sido, para mí, el mayor y más despreciable presidente que ha tenido este país.

Es una acusación muy contundente. ¿Por qué?

Porque fue el iniciador, el gran demiurgo, el gran hacedor en negativo del desmantelamiento progresivo de las industrias españolas más señeras. De la construcción naval, de la industria y de una determinada estructura productiva que tenía España. Y además puso en almoneda, como posteriormente completó Aznar, la estructura pública financiera de este país.

¿Qué consecuencias tiene, a su juicio, aquella privatización?

¿Cómo puede estar un Estado al pairo del mercado? No nos olvidemos de que la Constitución dice que esto es una economía social de mercado. No es un mercado desregulado. Bueno, pues las políticas supuestamente de izquierda del PSOE, y luego el PP lo que hace es completarlas, han ido siempre en la dirección de desregular, no de regular y, por tanto, de condicionar el mercado.

¿Y qué debería hacer el Estado?

Tener instrumentos. No es posible invocar el artículo 47 de la Constitución, que dice que los poderes públicos deben arbitrar las condiciones que permitan que todos los españoles y españolas podamos acceder a una vivienda, si no se invoca también la declaración de principios de esta Constitución, que entre otras cosas establece que España es una economía social de mercado. Si tú no tienes instrumentos que permitan condicionar el mercado, en este caso el mercado financiero, porque los liquidaste, tú no puedes influir en él. No puedes llevar a cabo políticas propias.

¿Está defendiendo recuperar una banca pública?

Naturalmente. Y por eso pregunto: ¿qué ocurre con Podemos cuando se oferta a la opinión pública española que vamos a crear de nuevo la banca pública? ¿Dónde está eso? A ver, Izquierda Unida, ¿dónde está eso que también te comprometiste? A ver, Pablo Iglesias, ¿vas a volver a hablar de la necesidad de la banca pública? Es una necesidad objetiva. En este caso es una necesidad para la supervivencia, para que el Estado pueda al menos condicionar el mercado.

¿Y qué papel juega en todo esto el pequeño propietario?

Hay un error enorme en la manera de abordar el llamado rentismo. Porque esto que llaman rentista al pequeño propietario que tiene un piso y lo tiene alquilado. Mi familia tiene un piso de 44 metros cuadrados donde nos criamos todos. Ahora lo tenemos alquilado a una familia latinoamericana por 400 y pico de euros para ayudar a la pensión de mi madre y permitir que esté en una residencia a cuerpo de reina. Entonces, eso que llaman rentismo me parece absolutamente deleznable. Porque no puedes meter en el mismo saco al pobre propietario de una vivienda que alquila para mantenerse o para mejorar su magra, muy magra, muy escuálida renta pasiva, que es su pensión, y a quien tiene grandes patrimonios inmobiliarios.

¿Su crítica es entonces también hacia la izquierda que gobierna actualmente?

Sí. Porque yo creo que la izquierda está perdiendo capacidad para explicar cuáles son las causas estructurales de los problemas. No basta con decir que el mercado está mal. Hay que preguntarse quién tiene capacidad para intervenir en ese mercado. Si el Estado se ha desprendido de instrumentos financieros, ¿cómo pretende intervenir? Eso es lo que hay que explicar.

Su relación con Cuba y Fidel Castro forma parte de su personaje político. ¿Sigue siendo una parte importante de su pensamiento?

Cuba forma parte de mi vida política y personal. Yo tengo una relación histórica con Cuba y con su proceso revolucionario. Pero yo no estoy volviendo a Puerto Real para hablar de Cuba. Estoy volviendo para hablar de Puerto Real. Tuve con Fidel muchos encuentros, todos ellos cargados de emociones, todos ellos cargados de intercambio de opiniones, todos ellos afectados por ese influjo que tenía, esa capacidad de seducción, ese carisma que tenía.

¿Y cree que esa relación le perjudicó electoralmente?

Sin ninguna duda. Hubo momentos en los que parecía que yo estaba más preocupado por Fidel Castro que por Puerto Real. Y eso fue utilizado políticamente. Pero yo creo que la gente ha terminado entendiendo que una cosa es mi relación personal y política con Cuba y otra cosa es mi trabajo como alcalde.

Y llegamos al otro elemento más polémico de su trayectoria: el enfrentamiento con Juan Carlos I. Fue condenado por llamar “corrupto” al entonces rey. ¿Se arrepiente?

No. Aquello se produjo en un contexto en el que defendíamos un referéndum sobre el modelo de Estado, republicano o monárquico. Además, coincidió con la crisis económica, el cierre de Delphi, la crisis naval y la crisis inmobiliaria. La gente estaba sufriendo las consecuencias de la crisis y percibió que yo estaba más preocupado por meterme con el rey y pasearme con Fidel Castro que por solucionar los problemas que tenía Puerto Real.

Acabó condenado por la Audiencia Nacional.

Sí. Me senté en el banquillo por llamar “corrupto” al jefe del Estado. Lo único que le tengo que agradecer a Grande-Marlaska fue que, cuando me solicitó una fianza de 12.000 euros antes del juicio para cubrir cualquier responsabilidad, yo no tenía 12.000 euros ni de loco, ni tenía patrimonio. Vivía en ese momento con mi mujer en una casa de su familia. Tuvo la deferencia de emitir un informe diciendo que yo era absolutamente insolvente, que ni tenía patrimonio ni tenía dinero.

Tiene 74 años. ¿Es una mala señal que políticos de su edad o mayores sigan en activo?

En este país se jubila demasiado pronto a la gente. ¿Por qué yo con 74 años no puedo demostrar que tengo la cabeza en la ciudad y que conozco los instrumentos? ¿Dónde está el inconveniente? ¿En el carnet de identidad, en el número de años? El conocimiento, la experiencia y el sentido político práctico deberían convertirse en un valor.

¿Qué le diría a quienes consideran que su regreso supone volver al pasado?

Yo lo único que les digo es que no entiendo por qué no podemos volver a aquello que funcionaba. La gente me está pidiendo volver al pasado, al Puerto Real que existió desde 1979 hasta 2011. Tengo 74 años, voy a cumplir 75 en abril, y estoy decidido a dar los mejores años, que en mi caso son los que vienen.

¿Por qué partido se va a presentar?

Por un partido independiente, propio de Puerto Real. Será una candidatura absolutamente local, porque lo que me preocupa es Puerto Real y recuperar el protagonismo que ha perdido.