Aragón consolida su liderazgo mundial en alfalfa en una campaña marcada por el agua y la incertidumbre internacional

Aragón se reafirma, una campaña más, como el gran motor de la alfalfa para España y uno de los territorios estratégicos del mercado de forrajes a nivel mundial. La comunidad concentra más de la mitad de la superficie nacional dedicada a este cultivo y supera el 60% de la producción de todo el país, en una campaña marcada por el crecimiento las exportaciones, la estabilidad de la demanda internacional y las tensiones geopolíticas que amenazan las rutas comerciales.

La comunidad aragonesa destina más de 50.000 hectáreas al cultivo de alfalfa y produce alrededor de 700.000 toneladas anuales, según datos presentados este año durante la IV Jornada Española del Cultivo de la Alfalfa (JECA 2026), celebrada en Huesca. Además, más de la mitad de las plantas deshidratadoras de España, se encuentran instaladas en Aragón, lo que la consolida como el principal núcleo industrial del sector forrajero europeo.

La provincia de Huesca sigue siendo el epicentro de producción, especialmente en áreas de regadío como Los Monegros y el Bajo Cinca, territorios a los que se suma la ribera del Ebro. Un modelo agrícola altamente especializado y vinculado a la exportación, es según los expertos, la razón por la que, solo la provincia de Huesca, ha concentrado entre el 35% y el 40% de toda la producción nacional entre 2025 y 2026. 

Una campaña marcada por la exportación

Con cerca del 80% de la producción de la comunidad destinada a exportación, la alfalfa aragonesa mantiene una fuerte orientación exterior. Las principales zonas receptoras de la alfalfa aragonesa son Oriente Medio y Asia, donde este producto se utiliza principalmente para elaborar alimentación animal en países con limitada capacidad agrícola, en gran parte por la escasez de agua. 

España se mantiene a día de hoy como el segundo exportador mundial de alfalfa deshidratada, solo por detrás de Estados Unidos, y dentro de este puzle Aragón es la pieza central. Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y, cada vez más, países asiáticos como Japón o Vietnam, figuran entre los principales destinos comerciales de la alfalfa que se cultiva en los campos de Aragón.

Durante JECA 2026, la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA) destacó la capacidad de resiliencia del sector y su apuesta por la diversificación de mercados internacionales, en un contexto de creciente demanda global de proteína vegetal para alimentación animal. En este sentido, OPAs como UAGA-COAG advierten sobre la dependencia exportadora del sector forrajero español respecto a países del Golfo Pérsico. Según declaraciones de esta organización agraria, Arabia Saudí y Emiratos Árabes absorben cientos de miles de toneladas de alfalfa española cada año, lo que hace al “sector vulnerable a conflictos internacionales y costes logísticos”.

La geopolítica entra en el campo aragonés

Precisamente la campaña de este año también está poniendo blanco sobre negro hasta qué punto la agricultura aragonesa depende del contexto internacional. El sector de la alfalfa está viviendo con especial preocupación las tensiones en Oriente Medio y las dificultades logísticas derivadas de los problemas en el estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para las exportaciones hacia los países del Golfo.

Expertos del sector, a los que se suman las organizaciones agrarias, advierten de que cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo puede afectar directamente a deshidratadoras y exportadores, y al campo aragonés, a través del impacto que esta situación tiene en los productores. La alfalfa se ha convertido así en uno de los cultivos más sensibles a la geopolítica internacional dentro del campo aragonés.

Las organizaciones agrarias, además ponen el acento en el fuerte impacto que el incremento de costes energéticos y de fertilizantes está teniendo sobre los profesionales del campo. El aumento del precio del gasóleo y de los insumos agrícolas está reduciendo los márgenes de beneficio para los agricultores en un cultivo que implica “un gasto considerable” ya que está ligado al regadío y al transporte internacional.

Tanto la UPA como ASAJA, vienen reclamando una “PAC con más apoyo a cultivos estratégicos” y menos burocracia, incluyendo los cultivos forrajeros de regadío, por su importancia en la alimentación animal y el mantenimiento del medio rural.

El agua, factor decisivo

La disponibilidad de agua para riego sigue siendo el principal condicionante de la campaña. La alfalfa depende del regadío y necesita estabilidad en el suministro de agua para mantener su calidad y, por lo tanto, su competitividad en el mercado. 

El sector del forraje considera que Aragón cuenta con ventajas estructurales muy importantes: clima seco, tecnificación del riego y experiencia industrial. Sin embargo, la incertidumbre climática y la presión sobre los recursos hídricos están obligando a mejorar la eficiencia y mantener inversiones en modernización de regadíos que suponen un alto coste que recae sobre el agricultor, con los riesgos que ello conlleva para estos profesionales.

Pese a ello, las perspectivas de campaña siguen siendo relativamente positivas. El primer corte llegó con “buen desarrollo vegetativo” gracias a un invierno y a una primavera con más disponibilidad hídrica que en campañas anteriores. Además, la calidad parece estar siendo “de correcta a buena”, especialmente en parcelas de regadío bien manejadas y los precios durante el mes de mayo en la Lonja de Binéfar y Mercolleida, no han registrado cambios relevantes respecto a semanas anteriores.

El sector prevé que tanto la producción como la demanda sigan siendo estables, un hecho que se ve apoyado asimismo por la constante dependencia de este producto por parte de la ganadería y por el crecimiento de mercados asiáticos.

Un cultivo estratégico para Aragón

Más allá de las cifras económicas, la alfalfa se ha convertido en uno de los cultivos estratégicos para Aragón por su capacidad de generar empleo, actividad industrial y exportación. El sector forrajero aragonés emplea a miles de personas entre producción agrícola, transformación y logística.

Además, la alfalfa desempeña un papel relevante para los cultivos dentro de las rotaciones agrícolas, ya que, no solo mejora la fertilidad del suelo, sino que también está demostrado que reduce la necesidad de fertilizantes gracias a su capacidad de fijar nitrógeno en la tierra.

En un contexto en el que la incertidumbre climática y la comercial son una espada de Damocles sobre la agricultura, Aragón mantiene su posición como referencia mundial de la alfalfa deshidratada. La evolución de la campaña de 2026 servirá de termómetro, dado el contexto geopolítico actual, para testar hasta qué punto el sector es capaz de sostener su liderazgo internacional.