Los héroes del rescate del AVE incendiado en Ricla: cuatro buses de una firma local excluida del mapa concesional en Aragón

ElDiarioAragón

13 de octubre de 2026 22:57 h

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Los héroes del rescate de los 283 pasajeros del AVE incendiado este lunes en Ricla fueron los responsables y conductores de una empresa familiar de Calatayud que, paradójicamente, había quedado fuera del nuevo mapa concesional del transporte regular de viajeros de Aragón. Autocares Hermasa, de los hermanos Martínez, consiguió reunir de urgencia cuatro autobuses en una jornada especialmente complicada para encontrar vehículos disponibles: el 12 de octubre, día grande de las Fiestas del Pilar, cuando buena parte de las empresas de transporte de la provincia estaban ocupadas con los desplazamientos de los participantes en la Ofrenda de Flores de Zaragoza.

El incendio declarado poco después de las 16.00 horas en uno de los vagones de un tren de alta velocidad que había salido de Madrid obligó a detener el convoy a la altura de Ricla, desalojar a sus 283 ocupantes e interrumpir la circulación ferroviaria entre Madrid y Barcelona en ambos sentidos. Los viajeros quedaron a la espera de una solución para continuar su desplazamiento, en un lugar de difícil acceso por carretera.

La evacuación se convirtió en un auténtico desafío logístico. La disponibilidad de autobuses era muy reducida y, aunque se estudió la posibilidad de habilitar un acceso hasta la estación de Plasencia de Jalón para continuar el viaje en otro tren, finalmente se optó por trasladar a los pasajeros por carretera, una alternativa que el interventor del convoy consideró más segura.

Fue entonces cuando entró en escena Autocares Hermasa. La empresa recibió la primera llamada alrededor de las 18.00 horas y Javier Martínez, uno de sus responsables, se puso en marcha con un autobús de dos pisos y 81 plazas. Llegar hasta el tren no resultó sencillo. Las condiciones del terreno obligaron a realizar una maniobra tan complicada como poco habitual: recorrer aproximadamente un kilómetro y medio marcha atrás para poder situar el vehículo en el punto de evacuación, una operación dirigida por la Guardia Civil.

Cuando llegó, los bomberos ya estaban trabajando en la zona y los viajeros comenzaban a recuperar sus pertenencias. Apenas veinte minutos después aparecieron otros tres autobuses de la misma empresa, con capacidades de 70, 55 y 60 plazas, que acababan de finalizar sus servicios de transporte de oferentes a la plaza del Pilar de Zaragoza. La coincidencia permitió reunir cuatro vehículos en un momento en el que apenas había alternativas disponibles.

Hacia las 19.30 horas, con la decisión de evacuar por carretera ya adoptada y mientras comenzaba a caer la noche, se inició el traslado de equipajes y pasajeros a los autobuses. Según relatan los responsables de Hermasa, los viajeros mantuvieron la calma durante toda la operación y colaboraron para subir de forma ordenada, sin perder la paciencia pese a las horas de espera y las circunstancias del accidente.

También la tripulación del tren fue evacuada en los vehículos de la empresa bilbilitana. Finalmente, a las 20.15 horas, los cuatro autobuses emprendieron el viaje hacia Zaragoza y llegaron a la estación de Delicias alrededor de las 21.00 horas, poniendo fin a una operación que había comenzado más de cuatro horas antes con el incendio del convoy.

Una empresa histórica fuera del nuevo mapa concesional

La intervención de Autocares Hermasa tiene una circunstancia especialmente significativa. La empresa de los hermanos Martínez quedó fuera del transporte regular de viajeros en diciembre de 2025, cuando entraron en funcionamiento las nuevas concesiones de la Comunidad de Calatayud y el Aranda, dentro del mapa concesional impulsado por el Gobierno de Aragón desde septiembre de 2024. La reordenación, que redujo de 118 a 19 los contratos de transporte en toda la comunidad, dejó sin sus líneas habituales a empresas históricas como Hermasa y Automóviles Río Aranda, incapaces de asumir, según explicaron sus responsables, las condiciones exigidas en las nuevas licitaciones, “ni tan siquiera a través de una UTE”.

No se trata de dos empresas cualquiera. Autocares Hermasa acumula 111 años de historia desde que Íñigo Martínez Moros comenzó a transportar viajeros en un coche de caballos entre Aniñón y Calatayud, mientras que Automóviles del Río Aranda remonta sus orígenes, al menos, a 1899. Entre ambas suman más de 230 años de experiencia en el transporte de viajeros y varias generaciones de familias vinculadas a la movilidad de las comarcas aragonesas.

“Nuestro futuro ya no pasaba por el servicio de líneas con las exigencias requeridas. Pero siempre que podemos, estamos al pie del cañón”, explica Javier Martínez.

Lejos de desaparecer, Autocares Hermasa ha diversificado su actividad y mantiene una importante presencia en el transporte de viajeros de la zona. Actualmente, presta servicios discrecionales, gestiona el transporte urbano de Calatayud y realiza rutas escolares en cuatro zonas: Valdejalón, Ateca, Daroca y Calatayud. También se encarga del traslado de trabajadores a distintas fábricas, entre ellas la planta de Stellantis en Figueruelas, hasta donde desplaza diariamente tres autobuses desde Calatayud. A estos servicios se suma su actividad vinculada a las agencias de viajes. Una estructura empresarial y una flota de vehículos que, pese a haber quedado fuera del nuevo mapa de concesiones regulares del Gobierno de Aragón, resultaron decisivas para responder con rapidez a la emergencia ferroviaria de Ricla.

El episodio de Ricla vuelve a poner sobre la mesa el valor de las empresas locales de transporte, no solo por su aportación a la economía y al empleo de las comarcas, sino también por su conocimiento del territorio, la proximidad de sus conductores y su capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas.

Los hermanos Martínez son conscientes del reconocimiento que su trabajo sigue despertando entre los vecinos de la zona. Y este 12 de octubre, mientras Zaragoza celebraba su día grande, volvieron a demostrar que, aunque hayan quedado fuera de las nuevas concesiones del transporte regular, siguen estando ahí cuando más se les necesita.