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Recuperar la tierra, gestionar el agua y hacer comunidad: un proyecto que crece a orillas de un río entre Aragón y Catalunya

Un río puede ser frontera y, al mismo tiempo, camino. El Algars separa Aragón de Catalunya en los mapas, pero la vida alrededor de sus orillas cuenta una historia bastante menos ordenada. En la Vall Rovira, en Arens de Lledó, la asociación Boodaville lleva años experimentando con otra manera de trabajar la tierra y de vivir en sociedad. Con la mayoría de edad cumplida, esta asociación ha decidido dar un paso más en su proyecto Rovira Regenerativa. 

En una segunda fase, ha recaudado 15.200 euros a través de la puesta en marcha de una campaña de micromecenazgo. La cifra supera el objetivo mínimo de 14.000 euros que se había marcado la campaña y, ahora, la asociación tiene la mirada puesta en una nueva parcela que albergará un equipamiento pensado como un lugar abierto al pueblo.

Al otro lado del río, en Caseres, prepara un nuevo espacio donde poder compartir lo aprendido hasta ahora y buscar respuestas a la pregunta que Lou Gurney, responsable del proyecto, planteaba al presentar la campaña de micromecenazgo: “¿Y si cultivar alimentos pudiera sanar la tierra, fortalecer la comunidad y crear medios de vida viables todo al mismo tiempo?”.

El diseño incluye un huerto comunitario con plantas autóctonas que funcione también como banco de semillas y espacio informativo; un vivero de plantas y árboles para futuros sistemas agroforestales; y una pequeña tienda de productos locales. También quieren que sea un punto de encuentro donde realizar talleres, propiciar el intercambio de conocimientos y poner en marcha actividades. En definitiva, se plantea como una manera de abrir el proyecto a más personas ofreciendo un lugar donde la vecindad pueda encontrarse.

Una experiencia que nace en Aragón y borra fronteras

Antes de pensar en el jardín de Caseres hubo una finca. Y antes de Rovira Regenerativa hubo Boodaville. Lou Gurney está al frente de la asociación desde 2008, cuando comenzó a desarrollar en la Vall Rovira una finca demostrativa de unas 1,5 hectáreas basada en los principios de la permacultura. Rovira Regenerativa nació y se desarrolló en la provincia de Teruel, y durante años, el espacio ha acogido cursos, voluntariado, intercambios juveniles y experiencias educativas.

En 2022, dieron un paso más y giraron la mirada hacia el viñedo vecino: dos hectáreas de viñas que llevaban dos años sin actividad, propiedad de Benita y Manuel quienes aseguran que les “dolía verlas abandonadas”. Dos años después, el equipo entró en el terreno, y con la ayuda y la experiencia de Benita, recogió las uvas y consiguió elaborar cientos de botellas de vino. Aquella intervención acabó convirtiéndose en el punto de partida práctico de Rovira Regenerativa. Este año, una vez finalizada la campaña, cuentan que tienen 459 botellas listas. “El vino regenerativo, combinado con la lucha contra la despoblación, es un mensaje muy potente que interesa a la población local”, aseguran desde la asociación. 

La finca se ha ido ampliando y cambiando, y hoy el proyecto trabaja sobre unas ocho hectáreas de viñedo, bosque y almendros y aplica un diseño agroforestal que pretende combinar producción agrícola, recuperación del suelo, biodiversidad y mejor gestión del agua. Aunque la viña sigue siendo el cultivo principal, alrededor se incorporan olivos, frutales, plantas aromáticas, verduras perennes y especies silvestres: “La idea del diseño de agroforestería es que tenemos muchas especies diferentes”, explica Gurney. 

No se trata, por tanto, de sustituir una plantación por otra. Lo que se pretende es construir un sistema en el que diferentes elementos tengan una función propia y en el que la producción agrícola conviva con la regeneración del ecosistema, contando también con la fauna: “los animales son una pieza clave para un sistema de agricultura regenerativa”, aseguran.

El agua: protagonista en un paisaje mediterráneo y seco 

La sequía de los últimos años ha sido uno de los grandes caballos de batalla de la finca: “un aprendizaje”, añaden. Al trabajar a orillas de una río, el Algars, y de tener sus aguas como fuente de riqueza y reconocimiento, el proyecto ha decidido trabajar con especialistas en hidrología para diseñar un sistema que permita captar mejor el agua de lluvia y mantenerla durante más tiempo en el terreno. El objetivo es que “el agua no atraviese la finca rápidamente, sino que pueda alimentar el suelo y favorecer la vida”, explican.

La agricultura regenerativa, se plantea como respuesta a un problema muy concreto: cómo seguir produciendo en un territorio donde cada vez resulta más difícil gestionar el agua y mantener la fertilidad del suelo. En 2023 llegaron 1.500 ejemplares de árboles a través de Life Terra. Principalmente especies productivas y otras destinadas a crear estructura y diversidad dentro del sistema. El propio proyecto reconoce que algunos de esos árboles tuvieron que afrontar su primer año en unas condiciones de sequía especialmente duras.

Las personas en el centro del proyecto

Una de las partes menos visibles de Rovira Regenerativa está fuera de las parcelas. Boodaville ha construido alrededor de la finca una red internacional de voluntarios, estudiantes y participantes. Según los datos facilitados por el proyecto, más de 1.500 personas de 30 países han pasado por sus actividades.

La finca es también un lugar de aprendizaje que, en esta nueva fase del proyecto, se propone dar un salto de escala y también el público. Hasta ahora, la asociación ha contado con la experiencia de los agricultores de la zona, y sus recursos, por ejemplo, utiliza estiércol de caballos procedente de vecinos, sin químicos, para enriquecer el suelo. Ahora, el objetivo es implicar a esos vecinos para que también dispongan de un espacio donde conocerte y compartir experiencias. 

Así, mientras que en la finca de Arens de Lledó se trabaja la tierra, en Caseres se quiere trabajar, además, la relación con el pueblo. El futuro jardín se ha proyectado como un lugar donde alguien pueda acercarse a aprender qué plantas son propias del territorio, llevarse una planta, intercambiar semillas, participar en un taller o comprar un producto elaborado cerca por sus propios vecinos, con la misma calidad y criterios que ellos.

Es una apuesta pequeña en tamaño, pero ambiciosa en lo que pretende provocar, aseguran desde la asociación, que lucha para que “el conocimiento generado en una finca experimental no se quede dentro de ella”. 

La elección de Caseres responde a “la lógica geográfica”. La finca de Boodaville está en Aragón, pero este municipio catalán es la localidad más cercana, un territorio que la propia organización define como “situado entre Catalunya y Aragón”, y que permite al proyecto crecer siguiendo el territorio que el río Algars ya habita. Rovira Regenerativa quiere probar si lo que empezó como una experiencia agrícola puede convertirse también en un lugar de encuentro para las personas que habitan a orillas del río. De momento, han conseguido algo más sencillo: que una semilla tenga dónde plantarse.