Más tiempo para crecer no significa más madera: el Moncayo, escenario de un estudio global sobre el cambio climático

Que los árboles tengan más tiempo para crecer no significa necesariamente que vayan a producir más madera. El calentamiento global está alargando la temporada de crecimiento en los bosques, pero un estudio internacional publicado en Science concluye que lo que realmente marca la diferencia es la velocidad a la que los árboles forman nuevas células de madera. Cuando las temperaturas son demasiado altas y falta agua, ese ritmo puede disminuir hasta compensar el beneficio de contar con más días de crecimiento.

“Es un trabajo conceptualmente sencillo, pero de alcance y escala mundial, que solo ha sido posible gracias a la colaboración desinteresada de grupos de investigación de todo el mundo”, explica Martín de Luis, investigador de la Universidad de Zaragoza y coautor del estudio. El trabajo analiza 27 especies de coníferas en más de 100 bosques de cuatro continentes y reúne datos de ecosistemas muy diferentes, desde zonas boreales y subalpinas hasta bosques templados, mediterráneos y semiáridos.

Entre los lugares estudiados se encuentra el Moncayo, junto a otros bosques españoles situados en Alicante. La investigación cuenta con participación de científicos de instituciones de 18 países y permite comparar cómo responden estos bosques al aumento de las temperaturas. Por parte de la Universidad de Zaragoza han participado, además de De Luis, Edurne Martínez del Castillo, doctora por la institución aragonesa y actualmente investigadora en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania). También ha participado J. Julio Camarero, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC).

Los científicos han seguido la llamada actividad cambial, el proceso por el que los árboles generan las células que acabarán formando la madera. Las observaciones, realizadas semanal o quincenalmente, permiten saber no solo cuándo empieza y termina el crecimiento anual, sino también a qué velocidad se produce. Los resultados muestran que el calendario está cambiando. Con inviernos más cálidos, los árboles pueden comenzar antes a formar madera, mientras que unas temperaturas más elevadas en otoño pueden retrasar el final del periodo de crecimiento. En consecuencia, la temporada se alarga.

En el conjunto de los bosques analizados, la velocidad de crecimiento explica alrededor del 78% de las diferencias observadas en la producción anual de nuevas células, mientras que la duración de la temporada tiene un peso menor. Un árbol puede estar creciendo durante más días y, sin embargo, producir menos madera si durante ese periodo lo hace a un ritmo más lento.

El crecimiento no aumenta de forma indefinida a medida que sube la temperatura. Al principio, el incremento térmico puede acelerar la formación de madera, pero llega un punto a partir del cual el proceso empieza a ralentizarse. En el conjunto de los bosques estudiados, el máximo se sitúa aproximadamente en torno a los 6 ºC de temperatura media anual, aunque depende de la disponibilidad de agua.

También existen diferencias en función del tipo de bosque. En los ambientes más fríos, un aumento de las temperaturas puede adelantar el inicio del crecimiento y aumentar al mismo tiempo el ritmo al que se forma madera. En las zonas más cálidas, sin embargo, el escenario es distinto. Si el aumento de las temperaturas se combina con una menor disponibilidad de agua, los árboles pueden reducir su velocidad de crecimiento y llegar a perder la ventaja que les proporciona una temporada más larga.

Se trata de poder entender cómo responderán los bosques al cambio climático y qué papel podrán desempeñar en la absorción de carbono: una temporada de crecimiento más larga no garantiza por sí misma una mayor producción de madera ni una mayor acumulación de carbono. El estudio es el resultado de una colaboración científica que comenzó hace más de una década. Entre 2012 y 2016, investigadores de 34 países participaron en la red COST STReESS (Studying Tree Responses to extreme Events: a SynthesiS), centrada en analizar cómo responden los árboles a fenómenos extremos como las sequías, las olas de calor, las heladas tardías o las inundaciones.