¡Te-ne-ri-fe, a la UEFA va!

Los jugadores del CD Tenerife celebrando la clasificación para la UEFA.

ACAN

Santa Cruz de Tenerife —

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“¿Te imaginas qué...?”. Así empezaba cualquier conversación en Tenerife tras conocerse el sorteo del calendario de Primera División para la temporada 92-93. ¿La razón? El bombo, caprichoso, reservaba para la última jornada un Tenerife-Real Madrid, el mismo partido que semanas antes había otorgado protagonismo mundial a los blanquiazules tras dejar sin título al gigante blanco y regalárselo a su eterno rival, el FC Barcelona. En aquel “¿te imaginas qué?” iba implícito un imposible: que el conjunto blanquiazul volviera a ser 'el juez de la Liga', que llegada la última jornada el Madrid fuera otra vez líder pero no campeón y que necesitara ganar en la Isla para evitar que el campeonato se lo llevara el Barça.

Pero si el bombo fue caprichoso, el fútbol lo fue aún más. Porque llegado el 20 de junio de 1993, el Madrid era líder pero no campeón. Y, sí, necesitaba vencer en el Heliodoro para impedir que el título se lo adjudicara el Barça. ¿Algo más? Pues sí. Esta vez el Tenerife no sólo era 'el juez de la Liga', sino que también era el juez de su propio destino: si ganaba, se clasificaba por primera vez en su historia para la Copa de la UEFA. Pero el Madrid era favorito: llevaba 22 jornadas sin perder y cuatro días antes había eliminado al Barça de la Copa del Rey en el Camp Nou. Igual no fue una buena decisión... porque de haber caído en el coliseo azulgrana, no hubiera 'obligado' al Tenerife a ganar su partido de Liga.

Lo explicamos: de clasificarse el Barça para la final de la Copa del Rey, quizás al grupo de Valdano le hubiera venido bien que el Madrid ganara la Liga y que el Barça ganara la Copa… ¿La razón? El equipo azulgrana hubiera jugado la Recopa y habría una plaza más para la Copa de la UEFA, que estaría 'garantizada' para el Tenerife. Con el Madrid en la final de Copa, los blanquiazules no tendrían dudas: estaban obligados a ganar. Eso sí, opciones apenas había, pues, agobiado por el calendario, por la presión de ser 'uefo' y por las bajas (Redondo y Del Solar se fueron a la Copa América, pero Zamorano obtuvo 'bula' de Chile para jugar con el Madrid), el Tenerife había caído en picado. De hecho, sólo había logrado un triunfo en los seis últimos partidos.

Además, los blancos querían venganza. “Vamos con sangre en el ojo”, proclamó Zamorano. Valdano cambió la presión de bando con una frase histórica: “El Tenerife juega para alcanzar el mayor éxito de su historia; el Madrid, para evitar su mayor fracaso”. Luego, salió con lo mejor que tenía: Agustín; Toño, Antonio Mata (Toni, 26’), César Gómez, Berges; Chano, Llorente, Castillo, Felipe; Quique Estebaranz y Dertycia (Pizzi, 66’). El conjunto merengue se derritió bajo el sol y el Tenerife voló. A los once minutos ya ganaba, después de que Dertycia cabeceara un centro de Castillo. Y al filo del descanso, Chano cerraba el partido con otro cabezazo prodigioso... y lo celebró con el 'estilo Chano'.

Así, mientras el Heliodoro enloquecía, Chano levantó tímidamente el brazo para que sus compañeros supieran que había sido gol. Ni una carrera, ni un grito, ni un gesto de euforia... Luego, el Madrid se ahogó en su propia sangre, entre reclamaciones de inexistentes penaltis y muestras de matonismo barriobajero. Y el Tenerife fue a la UEFA.

(*) Capítulo del libro ‘El CD Tenerife en 366 historias. Relatos de un siglo’, del que son autores los periodistas Juan Galarza y Luis Padilla, publicado por AyB Editorial.

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20 de junio de 2020 - 16:30 h

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