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El Tenerife, desabrochado, se gana una derrota en Córdoba

Nacho Gil intenta un regate ante Budesca

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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Va presto al Tenerife en el descubrimiento todo su catálogo de deficiencias mientras suspira por la vuelta de Jesús Álvarez, la completa de Nacho Gil y termina la selección de personal para ver si da con unos pocos suplentes que le mantengan el nivel en ausencia de los mejores. Este primer lunes de los tres que se vienen como penitencia por su falta de caché en la Liga recordó —más ácidamente, porque el Córdoba no es el Castellón sino un rival de su rango—, que su éxito pasa por hacer de la presión virtud y de la intensidad en todas las situaciones una seña de identidad. De lo demás va tan corto que cuando se cambia el traje de faena por el de luces se queda en subalterno.

Y así este 3-2 decepcionante por las formas exhibidas, tan capaz de igualar dos veces la ventaja de su rival como de desabrocharse detrás para conceder media docena de remates limpios y, al fin, una segunda jugada en la que Isma Ruiz el gol de los tres puntos del grupo de Iván Ania, más constante para meter jugadores por delante del balón creando superioridades, para ensuciar el juego cuando se vio con la renta definitiva y para ganar el partido de los duelos, que también de eso va la cosa cuando no te da solo con la pelota al pie.

Cuando Cervera por devolver a la titularidad a Viereck no pensó en la capacidad del holandés para cambiar a solas el guion de un partido que mutó al que odia el técnico en cuanto metió la pata por primera vez para provocar un desaguisado —cumplido el tercer minuto del primer acto— con un despeje suicida que habilitó la caída a la frontal y el remate de violento de Eder García, gol sin discusión una vez intervino el VAR para corregir a un árbitro malo, a tono con el Tenerife.

Con su planta y sus andares, dicen que Viereck es un central moderno: sea eso lo que sea, rehúye el cuerpo a cuerpo, rehúye la división jugándose una conducción, tiene menos velocidad que algún homólogo del Tenerife C y es amable —desesperadamente amable— cuando defiende en carrera al jugador con balón. Sin ser novedosa la enumeración, ya mostrada en la pretemporada, abunda lo apuntado: el Tenerife tiene actores secundarios y otros aún más secundarios.

Lo de Viereck de trajo un partido no anunciado, pero esperado. El Tenerife se entregó de aquella manera a la caza del empate, se alargó sin criterio ni capacidad para volver con orden y perdió el medio juego en lo que sufría con los desdobles del Córdoba por el flanco de César y de este Gerard Valentín otra vez desentendido (delante y detrás) del lateral.

Y aun entregado al rebumbio, sacó provecho de un pase de Chapela al desmarque de Gomis que en otro momento justificaría el precio de la entrada y hasta tres puntos. Chapela la envío entre Montes y Alves sin margen para un corte y con espacio para el que del delantero la controlara y se acomodara una finalización brillante ante la salida del portero.

El empate no serenó a los blanquiazules, incapaces de dar pausa a su propuesta con ataques largos y definitivamente empeñados en un intercambio de golpes con el Córdoba hasta que cayó el segundo cordobesista, otra vez retratado Viereck y sus circunstancias, siguiendo a un metro a Diego Bri en lo que ideaba un pase al palo largo, por donde se apareció para rematar a bocajarro Diego Percan sin que Landázuri opusiera otra cosa que su sombra.

Como cada vez que llegan un descanso con el equipo desnortado y fuera del plan original, Cervera cambió de extremos para dar con un Tenerife más reconocible. Apuntó a Dani Fernández a la diestra y recuperó a babor a Nacho Gil. Subió un punto de color el tono pálido de los suyos, pero no fue hasta que hizo debutar a Ranos —en un día de probaturas a todo o nada que incluyó en el último sexto la alternativa de Jureskin guardándole la espalda al mismo Gil— que el Tenerife volvió a empatar.

Fabricio se animó a una conducción cercana al área —como la de Juanjo, una noche trágica para ambos, mil veces más superados que ganadores—, Ranos se hizo hueco en la frontal y culminó con un tiro con más mérito en la colocación que en la potencia, suficiente para superar a Guilherme.

Con un cuarto de hora larguísimo por jugarse, el Tenerife siguió pecando. De juventud con la mejor acción de Dani en una conducción de fuera adentro que resolvió con un remate que no cogió puerta. De ingenuo entregado al dichoso partido de ida y vuelta para el que no reúne méritos ni oficio.

Y de blando, por fin, con la jugada del 3-2 en el ocaso, la enésima llegada de Córdoba al área en la que el defensor del balón —ahora Jorge Moreno ante Kevin Medina— recula y recula, el recorte y un primer remate permitidos por la ayuda inane de Dani y la pelota muerta para un zurdazo de Isma Ruiz directo a la escuadra, con los medios desentendidos de la escena.

(3) Córdoba CF: Guilherme; Budesca, Nélson Monte, Rubén Alves, Tasende; Isma Ruiz, Eder García (Cáceres, m. 66); Carracedo (Egoitz Muñoz, m. 83), Ghailan (Théo, m. 83), Diego Bri (Kevin Medina, m. 66); y Diego Percan (Enol Rodríguez, m. 75).

(2) CD Tenerife: Dani; César (Jorge Moreno, m. 76), Viereck, Landázuri, David Rodríguez (Jureskin, m. 67); Gerard Valentín (Dani Fernández, m. 46), Juanjo, Fabricio, Chapela (Nacho Gil, m. 46); Gomis y Enric Gallego (Ranos, m. 57).

Goles: 1-0, m. 3: Eder García. 1-1, m. 17: Gomis. 2-0, m. 23: Diego Percan. 2-2, m. 68: Ranos. 3-2, m. 77: Isma Ruiz.

Árbitro: Alejandro Ojaos Varela (Comité Murciano). Expulsó a Juanjo por doble amonestación (m. 36 y m. 87). Amonestó a Rubén Alves (m. 27), Carracedo (m. 28), Budesca (m. 73) y Tasende (m. 86) y a los visitantes Gerard Valentín (m. 15), Enric Gallego (m. 28), Nacho Gil (en el banquillo, m. 37), Landázuri (m.45+3) y Dani Martín (m. 87).

Incidencias: partido de la octava jornada de la Liga de Segunda División 26-27. Estadio Nuevo Arcángel, ante 14.455 espectadores (68% del aforo), de los que unos cuarenta eran seguidores del CD Tenerife.

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