La inteligencia artificial empieza a revisar plenos municipales para detectar noticias que antes pasaban desapercibidas

La inteligencia artificial empieza a revisar plenos municipales para detectar noticias que antes pasaban desapercibidas

MMIAnalytics / Enrique Farez

Canarias —

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Un pleno municipal puede durar varias horas y contener decenas de intervenciones, acuerdos, preguntas y datos. Para un medio local, seguir de forma sistemática todas las reuniones de ayuntamientos, cabildos, organismos públicos y distritos exige un tiempo del que muchas redacciones ya no disponen.

Esa limitación provoca que parte de la actividad pública quede fuera de la cobertura informativa. No necesariamente porque carezca de interés, sino porque ningún periodista pudo asistir, escuchar la grabación completa o revisar una documentación extensa.

La inteligencia artificial empieza a modificar esa situación. Algunos medios están utilizando sistemas capaces de transcribir reuniones públicas, clasificar los asuntos tratados y señalar aquellos fragmentos que podrían contener una noticia. El objetivo no es sustituir al periodista, sino ayudarle a localizar más rápidamente decisiones, conflictos, contratos, retrasos o cambios que merecen una investigación posterior.

Uno de los casos recientes es Scribe, una herramienta desarrollada por el periódico estadounidense The Philadelphia Inquirer. El sistema revisa reuniones de municipios y distritos escolares, genera resúmenes y ordena los posibles hallazgos mediante criterios de relevancia definidos por los propios periodistas.

La experiencia muestra una aplicación de la inteligencia artificial alejada de la generación automática de artículos. En lugar de escribir la noticia, la tecnología trabaja en una fase anterior: escucha, organiza y ayuda a detectar dónde puede encontrarse una historia.

Una nueva forma de cubrir la administración local

La posibilidad de revisar automáticamente reuniones públicas puede tener especial interés para los medios locales. En territorios con numerosos municipios, organismos autónomos y administraciones insulares, resulta prácticamente imposible mantener presencia periodística en todos los espacios donde se adoptan decisiones.

Un sistema de transcripción y clasificación permitiría rastrear asuntos concretos, comparar lo que distintas instituciones dicen sobre un mismo problema o detectar cuándo una cuestión comienza a repetirse en varios municipios.

También puede ayudar a recuperar información que normalmente queda escondida en vídeos extensos, actas, órdenes del día o intervenciones técnicas. Una modificación presupuestaria, una advertencia de un interventor o el reconocimiento de un retraso administrativo pueden aparecer durante unos minutos en una reunión de varias horas y pasar inadvertidos fuera de ella.

Esta capacidad no beneficia únicamente a los medios. Los gabinetes de comunicación también tendrán que asumir que las declaraciones públicas son cada vez más fáciles de localizar, comparar y recuperar. Una intervención realizada en un pleno puede relacionarse posteriormente con una nota de prensa, una promesa anterior o una decisión adoptada meses después.

La comunicación institucional entra así en un entorno con mayor trazabilidad. La coherencia entre lo anunciado, lo debatido y lo ejecutado será más visible, tanto para los periodistas como para otras organizaciones interesadas en seguir la actividad pública.

La tecnología no decide qué es noticia

El uso de estos sistemas plantea una frontera editorial importante. Una inteligencia artificial puede reconocer nombres, cantidades, temas recurrentes o expresiones asociadas a un conflicto, pero no comprende por sí sola todo el contexto político, social o territorial de una decisión.

Tampoco puede sustituir la comprobación de los hechos, la consulta de documentos originales ni el contraste con las personas afectadas. Un fragmento señalado automáticamente puede ser relevante, estar incompleto o adquirir un significado diferente cuando se escucha la intervención anterior.

Por eso, la utilidad de estas herramientas depende de los criterios con los que sean configuradas y de la revisión posterior. El periodista sigue siendo quien determina si existe interés público, qué preguntas deben formularse y qué información necesita ser verificada.

La oportunidad está en ampliar la capacidad de observación. Una redacción pequeña puede seguir más instituciones, revisar más documentación y dedicar menos tiempo a tareas mecánicas. Eso permite reservar el trabajo humano para interpretar, investigar y explicar.

Para MMI Analytics, esta evolución también amplía el significado del seguimiento de medios y de la inteligencia comunicativa. La conversación pública no comienza únicamente cuando una noticia aparece en un periódico o circula por una red social. Puede empezar antes, durante un pleno, una comparecencia o una reunión institucional.

La inteligencia artificial permite escuchar una parte mayor de ese espacio público. El verdadero valor, sin embargo, seguirá estando en saber qué significa lo detectado, a quién afecta y por qué merece convertirse en noticia.

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