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Humo y censura de Morales

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El video que acompaña esta reflexión lo pagó el Cabildo de Gran Canaria, lo subió a sus redes sociales y lo autocensuró días después ante los comentarios críticos con la política medioambiental de Antonio Morales. Nadie puede acusarme de estar en las antípodas ideológicas de Morales –de hecho públicamente apoyé su candidatura al Cabildo en 2015-, pero no soporto su sectarismo.

O estás conmigo o contra mí. Esa es su máxima. No hay matices ni admite críticas. Personalmente sufrí presiones cuando le molestaron mis preguntas en una rueda de prensa y por un artículo en el que manifesté mi apoyo a Luis Ibarra en los pasados comicios insulares. Con todo, no es un mal presidente, hace cosas interesantes y estoy convencido de que jamás se verá envuelto en prácticas corruptas. Pero en gestión ecosostenible NO puede dar lecciones.

Él es el único culpable del puerto inútil de Arinaga, proyecto que abanderó cuando fue alcalde de Agüimes, sin importarle el destrozo costero que supuso la obra. Defendió también la construcción del radiotelescopio que el Instituto Nacional de Geografía proyectó en Tamadaba, en el área de influencia de Risco Caído; y defendió ese mismo proyecto incluso después del reconocimiento de la UNESCO como patrimonio de la humanidad. El ING fue más sensato y abandonó la idea ante la resistencia social. Y el último ejemplo de su desconcertante discurso ecológico es su empecinamiento en el megaproyecto de una planta hidroeléctrica en la cabecera del barranco de Arguineguín, en pleno pulmón natural de la isla. El proyecto de Red Eléctrica, conviene recordarlo, lo rescató José Manuel Soria en su época de presidente del Cabildo. ¿Quién nos iba a decir que Morales y Soria irían de la mano en este asunto?

Precisamente, el vídeo adjunto es propaganda, puro humo, ante las críticas crecientes que experimenta su apuesta por llenar de torres eléctricas este reducto natural del suroeste grancanario. Y los comentarios en las redes eran tan severos que decidió ocultarlas censurando el vídeo de las propias redes sociales que controla Morales pero pagamos todos.

Ese proceder, propio de dictadores, no lo soportan algunos colaboradores y políticos de su entorno, pero callan porque está en juego la nómina. Afortunadamente uno es libre para opinar. A otros profesionales, en cambio, la libertad de expresión les ha salido cara, como le ocurrió a uno de los 75 firmantes de una carta, en abril de 2019, en la que se pedía la apertura de un proceso de consultas con los mejores especialistas en renovables y que se encargaran estudios específicos del impacto ambiental de la central de Chira-Soria. Morales se negó.

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