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Agustín Espinosa, surrealista siempre

La trayectoria del escritor realejero Agustín Espinosa parece tener una asombrosa cualidad. A ochenta años de su muerte, todavía puede decirse que su personalidad literaria se mantiene fiel a los principios de una de las corrientes de vanguardia que impactó con más fuerza en su obra: el surrealismo. En cierto sentido, es como si su aura se mantuviera intacta, a pesar del tiempo transcurrido, a un estilo que pretende retratar el comportamiento humano tal como es, al desnudo, sin máscaras.

Por más vueltas que le doy, solo se me ocurre esta explicación fantasiosa para entender la situación de abandono en que se encuentra el legado de este creador en Los Realejos. ¿Cómo explicar, si no, el hecho de que en nuestro municipio no se haya tomado aún ninguna iniciativa para evitar que se venga abajo la casa donde Espinosa residió?

Acostumbrados como nos tiene el grupo de gobierno municipal a la charanga electoral de las inauguraciones y los proyectos irrealizables, ¿cómo puede ser que el patrimonio asociado a la figura de este escritor no haya formado parte aún del programa imposible que cada cuatro años el Partido Popular nos deja en el buzón?

La respuesta a estos interrogantes es bastante sencilla. En el PP de nuestro pueblo, no se maneja otra definición de la cultura que aquella que sirve para amasar votos. Por eso, durante los mandatos que Manuel Domínguez lleva explotando al máximo su imagen como regidor local, lo hemos visto en mil cabalgatas y verbenas repartiendo besos, pero no lo veremos jamás, ni siquiera en campaña, para repartir los versos de Agustín Espinosa.

Y, si esto sucediera, la imagen del alcalde leyendo ‘Diario espectral de un poeta recién casado’, supondría una anomalía de tales dimensiones en su trayectoria política, que no habría pasaje en los textos de nuestro escritor que alcanzara un nivel semejante de surrealismo.

En otro orden de cosas, la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes del Gobierno de Canarias ha decidido que el Día de las Letras Canarias de este año se dedique a la figura de Agustín Espinosa, al mismo tiempo que se anunció la reedición de algunas de sus obras junto a nuevos estudios que insistan en su importancia en el contexto literario hispano.

Una oportunidad estupenda para reorientar la política cultural nefasta que hasta ahora se ha llevado a cabo en Los Realejos, a través de propuestas en positivo para poner en valor el patrimonio material e inmaterial, mediante iniciativas como la recuperación de su vivienda o el desarrollo de un plan cultural dedicado a dar a conocer su obra junto a la de otras personalidades destacadas en la historia del pueblo.

Por las casualidades de la vida, poco después de haber leído esta noticia, pasé por la placita donde hace apenas dos años fue inaugurado, con el patrocinio inusual de una empresa de combustibles, un modesto busto dedicado a este escritor.

Cuando estaba a su altura no pude evitar mirarlo en su soledad habitual y sonreír al comprobar cómo, detrás de la escultura podía contemplarse la balaustrada vencida y los ventanales rotos de la que fuera su casa. Dominado por aquella atmósfera absurda o, quién sabe si por su fantasma surrealista, me sobrevino un pensamiento que acabé pronunciando en voz alta: “¡Ay Agustín! Por tu calle no pasa una cabalgata!”.

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