Tensión en la Casa de los Coroneles
Paulino Rivero es un crack. Al presidente de la gente nuestra no se le ocurre otra cosa que programar un Consejo de Gobierno en territorio comanche: la Casa de los Coroneles, en La Oliva, acogió este martes a los próceres de la patria chica (o grande, según Zerolo) en plena semana de convulsión al norte de la Maxorata. El viaje fue aprovechado por José Manuel Soria para acercarse al ayuntamiento de La Oliva y hacerle unas carantoñas a Claudina Morales, alcaldesa de CC en el corredor de la censura por no saber cómo se pilota la avioneta de Blas Acosta. Carmen Guerra, la secretaria de Organización (sic) del PP isleño, también se personó con su jefe en La Oliva, pero con un encargo más mundano: entregar en el registro municipal la carta de apercibimiento de expulsión a Domingo González Arroyo y sus mariachis, por el método fidedigno de sello del Ayuntamiento, no vaya a ser que López Aguilar controle la estafeta de Correos. Pero quien también se dejó ver fue un exaltado Domingo González. Hijo de su padre.
Sobre este blog
El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora